jueves, 18 de junio de 2020

CINE: Acerca de "El abrazo de la serpiente" de Ciro Guerra

Los abrazos de la memoria.

A propósito de “El Abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra (Colombia, 2015).



El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra – Caméra-StyloCiro Guerra nos ha llevado de excursión a la selva amazónica, pero al contrario de lo que hacen los documentalistas de tantos canales sobre naturaleza, él no va a mostrarnos la selva que podríamos ver comprando un paquete turístico al amazonas, sino una selva a la que no podemos acceder más que por la memoria y he aquí el primer problema: nosotros no tenemos memoria de la selva, la hemos olvidado con todo lo que significa el ser de esa selva. Entiendo que estas palabras confundan a muchos pues muchos no han tocado nunca esos territorios agrestes y apenas si tienen algunas imágenes prestadas de la televisión. Así que voy a reorganizar la frase, voy a cambiar eso de que “nosotros no tenemos memoria de la selva” por “nosotros no tenemos memoria de la tierra en la que crecimos”. Aún hay confusión, es posible, pero seguiré desarrollando la idea. ¿Cuántos de nosotros sabíamos que la explotación del caucho en latinoamérica se debió a la necesidad europea de llantas para los tanques de las guerras mundiales? ¿Que eso tuvo como consecuencia la esclavitud y la tortura de miles de indígenas o que, desde entonces y aún hoy en día, los indígenas son vistos como ladrones que se quieren quedar con la selva y sus riquezas?. Son cosas que muchos no sabíamos porque hemos aprendido a considerar a la selva y a sus habitantes como algo muy lejano, por más que sigamos repitiendo que ella es el pulmón que nos permite respirar. Si, por ejemplo, los colombianos no sabemos de la guerra que comenzó en 1949 y que continúa en nuestros días, menos sabremos de una tan antigua que, al ver esta película, tuvimos que ir a buscar referencias para entender por qué el indígena mutilado le pedía al otro que lo matara. Así que esta película es, de cierta manera, una película sobre la memoria, sí, sobre la memoria histórica, esa que tanto nos molesta cuando queremos “simplemente seguir viviendo”, como suele decirse; pero no estoy diciendo que es una película sobre historia, eso sería diferente pues se ocuparía de nombres y fechas con mayor precisión, no, es una película sobre la memoria y nuestra facultad de olvidar. Nosotros hemos crecido en un mundo en el que hemos aprendido a pretender que todo es nuevo, que, como afirmaba Jung, el alma nació ayer; el florecer de la tecnología que nos ha tocado vivir, ha llevado nuestra mente muy lejos de la tierra y de manera abusiva hacia el mundo del presente y del futuro. Es eso lo que nos ha transformado en Chullachaquis, cáscaras vacías que han perdido su conexión con la ancestralidad, con su propia historia. Es por ello que tan fácilmente nos cambian la historia y aceptamos esos cambios pasivamente (“postverdad”), en un proceso en el que peligrosamente, como advertía Malcolm X, podemos terminar amando al opresor y odiando al oprimido, todo ello debido a que crecimos admirando u odiando a un montón de personajes vacíos y planos, sólo buenos o sólo malos, sin la memoria compleja que Ciro Guerra parece rescatar acá, esa memoria que querían rescatar nuestros abuelos cuando leían “La vorágine”, de José Eustacio Rivera, ese libro que, en 1924, ya denunciaba los horrores de la explotación del caucho.

EL ABRAZO DE LA SERPIENTE | CinetecaPero esta película tampoco es una diatriba sobre víctimas y victimarios, lo cual es uno de los mayores logros de los realizadores. Los que podríamos considerar representantes de dos bandos, los exploradores blancos y los nativos, resultan tan complejos que el maniqueísmo cinematográfico al que nos ha acostumbrado Hollywood no los acoje. No son buenos o malos. En una de las más bellas conversaciones de la película, el indígena Karamakate le pregunta al botánico alemán (Evan) “¿Ustedes los blancos porqué están tan apegados a las cosas?”, con esta pregunta uno podría engancharse en la idealización del desapego indígena, de su libertad con respecto a las cosas, si no fuera por la respuesta del alemán “Estos objetos son lo único que me mantiene unido a mi pueblo, a mi padre y a mi madre”, una respuesta con la que nuestra idealización es cuestionada y entramos en esa hermosa complejidad de los opuestos, en esa paradoja donde ambos pueden tener y no tener la razón. Ciro Guerra ha conseguido situarse en un lugar liminar, en la metaxis entre dos perspectivas, una situación sobre la que nuestra mentalidad políticamente polarizada difícilmente puede reflexionar. Pero para eso está ahí la obra de arte, para mostrar un territorio inexplorado por la mente consciente. La película nos muestra la perspectiva indígena, el despojo de su mundo y la desconfianza que esto ha generado en ellos, pero también la de los exploradores blancos que vinieron con un interés realmente científico y que se dan cuenta de la barbarie de sus antecesores. Así que, en esto, la película es también un objeto de memoria para esos pueblos ajenos a nuestra tierra que siguen llegando a estas tierras con todo tipo de intereses.

¿Es esta película un relato romántico sobre la necesidad de volver a la naturaleza? “No podemos volver a la naturaleza”, nos decía en clase nuestro profesor de psicoanálisis Julián Aguilar en la U. de A., “y no podemos –continuaba- porque ya vivimos en la cultura y uno de aquí ya no sale”. El buen profesor nos hablaba de la traición fundamental que consiste en separarnos para construir civilización. De ese retorno utópico a la naturaleza con el que muchos sueñan ya nos ocupamos en nuestro primer cineforo de esta temporada, cuando vimos la película “Capitán Fantástico”, entonces recordábamos a Jung cuando afirmó que construir consciencia es un privilegio y un castigo, ya que la consciencia es un acto contra naturam, una acción que nos arranca de esa naturaleza animal que en ocasiones quisiéramos recuperar pero que hemos aprendido a regular afortunada y desafortunadamente. Pero todo esto no quiere decir que uno no salga de la sala de cine con algunas preguntas sobre la forma en que hicimos esta operación diferenciadora y con la forma como lo seguimos haciendo diariamente, ¿era y es necesaria tanta violencia? ¿Había que destruir a sus guardianes? ¿No nos volvimos peores que la amenaza imaginadaen ellos?.

Frases y Diálogos del Cine: El Abrazo de la Serpiente (Ciro Guerra)También quisiera decir algo sobre la salud y los sueños como temas centrales aquí. La selva siempre ha sido el lugar imaginario de la curación de todos los males y del ensueño extático, el sueño sanador, esa selva imaginada como la cura total para el cuerpo físico y para el cuerpo psíquico. En “El abrazo de la serpiente” ambas cosas se han perdido. Un explorador ha perdido la salud física y, 40 años después, otro ha perdido la facultad de soñar; un indígena ha perdido los lazos con su tierra y su gente (lo cual en el mundo indígena es causa de muchas enfermedades) y 40 años después ha perdido la memoria de los ancestros, los rituales y las formas de tratar con la naturaleza, es decir, ha perdido las imágenes de quién es. Al parecer despunta aquí un concepto de salud que fue propio de esos pueblos ancestrales pero que ha revivido en las perspectivas psicológicas más avanzadas, a saber, que los sueños restauran nuestro equilibrio, tanto físico como mental; hemos comprobado que ellos cumplen una función reguladora en la biología, pero que también ayudan a la fijación de nuevos aprendizajes y a la reorganización de las imágenes que harán más llevadero el proceso del vivir concreto, lo cual conduce a un desarrollo cada vez más complejo del individuo y, al mismo tiempo, de su entorno cultural.

Foto de El abrazo de la serpiente - Foto 7 sobre 18 - SensaCine.comAl final de la película los protagonistas realmente hallan la Yakruna, planta inventada por los realizadores que es metáfora de esa magia que hoy en día, en nuestras ciudades, es buscada cada fin de semana en fincas y apartamentos a través de las plantas sagradas, un movimiento que ha llevado a que los chamanes salgan de sus lugares originarios y se asienten en las ciudades o simplemente las visiten, en un intercambio no siempre justo y no siempre conveniente para ellos. Esta búsqueda ha llevado a excesos y, como la película, este texto no pretende idealizar ni a los chamanes, ni a sus seguidores. Aunque he sido testigo directo e indirecto de excesos por parte de unos y otros, me he interesado en comprender cómo a través de la búsqueda de visión se expresa este deseo profundo y arquetípico por parte de los mestizos y de los europeos y sus desendientes, de dejar de ser chullanchaquis, de movilizar realmente el alma, de integrarse en una memoria, unas raíces y una posición con respecto a nuestra doble naturaleza material y espiritual, algo que anteriormente encontrábamos en las religiones occidentales pero que, muchos de estos buscadores, han perdido definitivamente debido a múltiples factores. 

El abrazo de la serpiente: análisis e interpretación de la ...A propósito, la película dedica largas secuencias al papel de los occidentales en la cristianización de los pueblos indígenas y lo hace en las dos épocas que describe. En la primera aparece la apropiación de niños por parte de la iglesia, en ocasiones niños perdidos debido al asesinato de sus padres por parte de los caucheros, en otras verdaderos raptos que se dieron en la historia de la colonia. En esa primera parte podemos asistir a los castigos y excesos infringidos a los niños, los cuales Karamakate intenta paliar recordándoles las tradiciones y finalmente asesinando al monje y liberándolos. Cuarenta años después volvemos a ese lugar donde, al parecer, se encuentran los que fueran esos niños, ahora coptados por una neoreligión de las plantas sagradas, un neocristianismo a través del cual ha continuado la locura que sólo puede ser causada por la pérdida de la memoria, las raíces y los sueños verdaderos. 

Esta película, basada en la vida del etnólogo alemán Theodor Koch-Grünberg y del biólogo estadounidense Richard Evans Schultes*, va más mucho más allá de lo que pudiera ser una típica película basada en la vida real, nos lleva a nuestra historia y a la observación honesta de nuestros más profundos conflictos, y aunque no niega ese ser que no hemos conseguido domesticar – vaya si conmueve el grito aterrorizado de los indígenas de “¡vienen los colombianos!”-, da un paso hacia un cine en el que podamos hacer algo más que explotar o lamentarnos de nuestra sombra, como si lo que hiciera el cineasta fuera lo que tendríamos qué hacer con nosotros mismos como pueblo (en el caso de los colombianos) o como especie, es decir: hacer con las partes más densas de la realidad un verdadero estudio acerca de nuestra complejidad, para buscar esos enlaces intermedios, esos puntos de contacto, esa metaxis entre la consciencia de la vida y de la muerte, del pasado y del futuro, del progreso y de la conservación, para que volvamos a encontrarnos con nuestros sueños y con la memoria de la raíz que nos sustenta, con el abrazo de la memoria. 

Lisímaco Henao Henao.
Mayo de 2020

*Davis W. (2004) El Río. Editorial Pre-Textos. Madrid

Un sueño Amazónico – "Vivir con Arte"

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