lunes, 29 de junio de 2020

Curso: ARQUETIPOS en la obra de C. G. Jung (2020-2)

PRESENTACIÓN:
Una vez popularizado un concepto comienzan las definiciones a hacerse difusas. Actualmente el término "Arquetipo" comienza a confundirse con otros como "imagen arquetípica", "rol" o "complejo colectivo" e incluso con "estereotipo", lo cual puede llegar a ser útil para fines muy precisos pero dificulta enormemente la comprensión de lo psíquico que Jung facilitó mediante este, uno de sus principales descubrimientos. Invitamos entonces a volver al hecho psíquico fundamental que nos permite acercarnos a lo invididual en términos evolutivos, arquetipales y clínicos, al tiempo que amplía nuestra comprensión de los fenómenos colectivos. Estaremos constantemente aludiendo a las diferenciaciones que han surgido dentro de la misma corriente junguiana, sobre las que, en ocasiones, se basan muchos de los señalados mal entendidos.


PROGRAMA DEL CURSO. Semestre 2 de 2020

Madre y Padre: Julio 21
Niño y Anciano: Julio 28
Héroe y Trickster: Agosto 4
Persona y Sombra: Agosto 11
Ánima y Animus: Agosto 18
Sanador herido y Self (Sí Mismo): Agosto 25

GENERALIDADES:
  • Lecturas disponibles acerca de cada arquetipo
  • Curso virtual
  • Semanal. Martes 7 a 9 p.m.
  • 400.000 pesos ó 120 USD
  • Transferencia bancaria o Paypal
  • Inscripciones y más información en eventos@jungcolombia.com

DOCENTE:
Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo Ude A. Master en Psicología Analítica U.R.L.
Analista Junguiano IAAP-SCAJ

jueves, 18 de junio de 2020

CINE: Acerca de "El abrazo de la serpiente" de Ciro Guerra

Los abrazos de la memoria.

A propósito de “El Abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra (Colombia, 2015).



El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra – Caméra-StyloCiro Guerra nos ha llevado de excursión a la selva amazónica, pero al contrario de lo que hacen los documentalistas de tantos canales sobre naturaleza, él no va a mostrarnos la selva que podríamos ver comprando un paquete turístico al amazonas, sino una selva a la que no podemos acceder más que por la memoria y he aquí el primer problema: nosotros no tenemos memoria de la selva, la hemos olvidado con todo lo que significa el ser de esa selva. Entiendo que estas palabras confundan a muchos pues muchos no han tocado nunca esos territorios agrestes y apenas si tienen algunas imágenes prestadas de la televisión. Así que voy a reorganizar la frase, voy a cambiar eso de que “nosotros no tenemos memoria de la selva” por “nosotros no tenemos memoria de la tierra en la que crecimos”. Aún hay confusión, es posible, pero seguiré desarrollando la idea. ¿Cuántos de nosotros sabíamos que la explotación del caucho en latinoamérica se debió a la necesidad europea de llantas para los tanques de las guerras mundiales? ¿Que eso tuvo como consecuencia la esclavitud y la tortura de miles de indígenas o que, desde entonces y aún hoy en día, los indígenas son vistos como ladrones que se quieren quedar con la selva y sus riquezas?. Son cosas que muchos no sabíamos porque hemos aprendido a considerar a la selva y a sus habitantes como algo muy lejano, por más que sigamos repitiendo que ella es el pulmón que nos permite respirar. Si, por ejemplo, los colombianos no sabemos de la guerra que comenzó en 1949 y que continúa en nuestros días, menos sabremos de una tan antigua que, al ver esta película, tuvimos que ir a buscar referencias para entender por qué el indígena mutilado le pedía al otro que lo matara. Así que esta película es, de cierta manera, una película sobre la memoria, sí, sobre la memoria histórica, esa que tanto nos molesta cuando queremos “simplemente seguir viviendo”, como suele decirse; pero no estoy diciendo que es una película sobre historia, eso sería diferente pues se ocuparía de nombres y fechas con mayor precisión, no, es una película sobre la memoria y nuestra facultad de olvidar. Nosotros hemos crecido en un mundo en el que hemos aprendido a pretender que todo es nuevo, que, como afirmaba Jung, el alma nació ayer; el florecer de la tecnología que nos ha tocado vivir, ha llevado nuestra mente muy lejos de la tierra y de manera abusiva hacia el mundo del presente y del futuro. Es eso lo que nos ha transformado en Chullachaquis, cáscaras vacías que han perdido su conexión con la ancestralidad, con su propia historia. Es por ello que tan fácilmente nos cambian la historia y aceptamos esos cambios pasivamente (“postverdad”), en un proceso en el que peligrosamente, como advertía Malcolm X, podemos terminar amando al opresor y odiando al oprimido, todo ello debido a que crecimos admirando u odiando a un montón de personajes vacíos y planos, sólo buenos o sólo malos, sin la memoria compleja que Ciro Guerra parece rescatar acá, esa memoria que querían rescatar nuestros abuelos cuando leían “La vorágine”, de José Eustacio Rivera, ese libro que, en 1924, ya denunciaba los horrores de la explotación del caucho.

EL ABRAZO DE LA SERPIENTE | CinetecaPero esta película tampoco es una diatriba sobre víctimas y victimarios, lo cual es uno de los mayores logros de los realizadores. Los que podríamos considerar representantes de dos bandos, los exploradores blancos y los nativos, resultan tan complejos que el maniqueísmo cinematográfico al que nos ha acostumbrado Hollywood no los acoje. No son buenos o malos. En una de las más bellas conversaciones de la película, el indígena Karamakate le pregunta al botánico alemán (Evan) “¿Ustedes los blancos porqué están tan apegados a las cosas?”, con esta pregunta uno podría engancharse en la idealización del desapego indígena, de su libertad con respecto a las cosas, si no fuera por la respuesta del alemán “Estos objetos son lo único que me mantiene unido a mi pueblo, a mi padre y a mi madre”, una respuesta con la que nuestra idealización es cuestionada y entramos en esa hermosa complejidad de los opuestos, en esa paradoja donde ambos pueden tener y no tener la razón. Ciro Guerra ha conseguido situarse en un lugar liminar, en la metaxis entre dos perspectivas, una situación sobre la que nuestra mentalidad políticamente polarizada difícilmente puede reflexionar. Pero para eso está ahí la obra de arte, para mostrar un territorio inexplorado por la mente consciente. La película nos muestra la perspectiva indígena, el despojo de su mundo y la desconfianza que esto ha generado en ellos, pero también la de los exploradores blancos que vinieron con un interés realmente científico y que se dan cuenta de la barbarie de sus antecesores. Así que, en esto, la película es también un objeto de memoria para esos pueblos ajenos a nuestra tierra que siguen llegando a estas tierras con todo tipo de intereses.

¿Es esta película un relato romántico sobre la necesidad de volver a la naturaleza? “No podemos volver a la naturaleza”, nos decía en clase nuestro profesor de psicoanálisis Julián Aguilar en la U. de A., “y no podemos –continuaba- porque ya vivimos en la cultura y uno de aquí ya no sale”. El buen profesor nos hablaba de la traición fundamental que consiste en separarnos para construir civilización. De ese retorno utópico a la naturaleza con el que muchos sueñan ya nos ocupamos en nuestro primer cineforo de esta temporada, cuando vimos la película “Capitán Fantástico”, entonces recordábamos a Jung cuando afirmó que construir consciencia es un privilegio y un castigo, ya que la consciencia es un acto contra naturam, una acción que nos arranca de esa naturaleza animal que en ocasiones quisiéramos recuperar pero que hemos aprendido a regular afortunada y desafortunadamente. Pero todo esto no quiere decir que uno no salga de la sala de cine con algunas preguntas sobre la forma en que hicimos esta operación diferenciadora y con la forma como lo seguimos haciendo diariamente, ¿era y es necesaria tanta violencia? ¿Había que destruir a sus guardianes? ¿No nos volvimos peores que la amenaza imaginadaen ellos?.

Frases y Diálogos del Cine: El Abrazo de la Serpiente (Ciro Guerra)También quisiera decir algo sobre la salud y los sueños como temas centrales aquí. La selva siempre ha sido el lugar imaginario de la curación de todos los males y del ensueño extático, el sueño sanador, esa selva imaginada como la cura total para el cuerpo físico y para el cuerpo psíquico. En “El abrazo de la serpiente” ambas cosas se han perdido. Un explorador ha perdido la salud física y, 40 años después, otro ha perdido la facultad de soñar; un indígena ha perdido los lazos con su tierra y su gente (lo cual en el mundo indígena es causa de muchas enfermedades) y 40 años después ha perdido la memoria de los ancestros, los rituales y las formas de tratar con la naturaleza, es decir, ha perdido las imágenes de quién es. Al parecer despunta aquí un concepto de salud que fue propio de esos pueblos ancestrales pero que ha revivido en las perspectivas psicológicas más avanzadas, a saber, que los sueños restauran nuestro equilibrio, tanto físico como mental; hemos comprobado que ellos cumplen una función reguladora en la biología, pero que también ayudan a la fijación de nuevos aprendizajes y a la reorganización de las imágenes que harán más llevadero el proceso del vivir concreto, lo cual conduce a un desarrollo cada vez más complejo del individuo y, al mismo tiempo, de su entorno cultural.

Foto de El abrazo de la serpiente - Foto 7 sobre 18 - SensaCine.comAl final de la película los protagonistas realmente hallan la Yakruna, planta inventada por los realizadores que es metáfora de esa magia que hoy en día, en nuestras ciudades, es buscada cada fin de semana en fincas y apartamentos a través de las plantas sagradas, un movimiento que ha llevado a que los chamanes salgan de sus lugares originarios y se asienten en las ciudades o simplemente las visiten, en un intercambio no siempre justo y no siempre conveniente para ellos. Esta búsqueda ha llevado a excesos y, como la película, este texto no pretende idealizar ni a los chamanes, ni a sus seguidores. Aunque he sido testigo directo e indirecto de excesos por parte de unos y otros, me he interesado en comprender cómo a través de la búsqueda de visión se expresa este deseo profundo y arquetípico por parte de los mestizos y de los europeos y sus desendientes, de dejar de ser chullanchaquis, de movilizar realmente el alma, de integrarse en una memoria, unas raíces y una posición con respecto a nuestra doble naturaleza material y espiritual, algo que anteriormente encontrábamos en las religiones occidentales pero que, muchos de estos buscadores, han perdido definitivamente debido a múltiples factores. 

El abrazo de la serpiente: análisis e interpretación de la ...A propósito, la película dedica largas secuencias al papel de los occidentales en la cristianización de los pueblos indígenas y lo hace en las dos épocas que describe. En la primera aparece la apropiación de niños por parte de la iglesia, en ocasiones niños perdidos debido al asesinato de sus padres por parte de los caucheros, en otras verdaderos raptos que se dieron en la historia de la colonia. En esa primera parte podemos asistir a los castigos y excesos infringidos a los niños, los cuales Karamakate intenta paliar recordándoles las tradiciones y finalmente asesinando al monje y liberándolos. Cuarenta años después volvemos a ese lugar donde, al parecer, se encuentran los que fueran esos niños, ahora coptados por una neoreligión de las plantas sagradas, un neocristianismo a través del cual ha continuado la locura que sólo puede ser causada por la pérdida de la memoria, las raíces y los sueños verdaderos. 

Esta película, basada en la vida del etnólogo alemán Theodor Koch-Grünberg y del biólogo estadounidense Richard Evans Schultes*, va más mucho más allá de lo que pudiera ser una típica película basada en la vida real, nos lleva a nuestra historia y a la observación honesta de nuestros más profundos conflictos, y aunque no niega ese ser que no hemos conseguido domesticar – vaya si conmueve el grito aterrorizado de los indígenas de “¡vienen los colombianos!”-, da un paso hacia un cine en el que podamos hacer algo más que explotar o lamentarnos de nuestra sombra, como si lo que hiciera el cineasta fuera lo que tendríamos qué hacer con nosotros mismos como pueblo (en el caso de los colombianos) o como especie, es decir: hacer con las partes más densas de la realidad un verdadero estudio acerca de nuestra complejidad, para buscar esos enlaces intermedios, esos puntos de contacto, esa metaxis entre la consciencia de la vida y de la muerte, del pasado y del futuro, del progreso y de la conservación, para que volvamos a encontrarnos con nuestros sueños y con la memoria de la raíz que nos sustenta, con el abrazo de la memoria. 

Lisímaco Henao Henao.
Mayo de 2020

*Davis W. (2004) El Río. Editorial Pre-Textos. Madrid

Un sueño Amazónico – "Vivir con Arte"

lunes, 15 de junio de 2020

Somos todo y somos nada. Contemplando el universo.


Las reflexiones que surgen de observar nuestro lugar en el universo pueden llevarnos a las conclusiones más opuestas. Puesto que somos un grano de arena en el inmenso mar del cosmos y, nuestro tiempo, apenas una fracción de segundo en comparación con la vida de las estrellas, algunos dirán que no es necesario preocuparse por la trascendencia de esta minúscula especie, ni intentar dar sentido a la existencia de una mota de polvo tan insignificante. Para este grupo de observadores, el "sentido" es un invento del ser humano para no deprimirse ante tanta pequeñez, una ilusión apenas, mientras que la verdad es que nuestra única ocupación realmente valiosa debe consistir en investigar nuestro funcionamiento físico y mental y nada más, así, cualesquier deseo de trascendencia no es más que una forma neurótica de negar la realidad. Otros, por el contrario, dirán a partir de la misma observación que esa evidencia es la prueba de que tenemos qué hacer algo importante con este milagro que somos ¿cómo es posible que, como afirmara Carl Sagan, surgiera consciencia de un simple trozo de carbono?, proseguirán los segundos,  entonces, con que es toda una aventura y un gran empeño hacer progresar esta especie perdida en el universo. Yo pienso que las dos conclusiones, combinadas, pueden enriquecernos infinitamente. Si puedo aceptar que soy apenas un accidente aleatorio entre infinitas combinaciones posibles, podré mantener regulada esta ansia de importancia personal y esta necesidad de ponerme por encima de otros seres humanos, o de animales, plantas y demás acompañantes, y si, al mismo tiempo, puedo aceptar el hecho fundamental de que la existencia consciente es un suceso que otorga importancia a la especie que la está descubriendo (la especie humana), eso me llevará a desear hacer algo valioso, por pequeño que sea, con este fenómeno llamado consciencia durante el segundo que estaré aquí, entonces el supuesto por algunos "caracter azaroso" de la vida humana no lo será tanto, por lo cual el mito se  habría expresado correctamente al decir que somos una creación inteligente que inteligentemente puede cuidarse y crecer. La conclusión de estos dos puntos de vista, integrados, será la misma de los antiguos alquimistas: que tenemos el deber de colaborar en terminar la obra de la creación mediante el desarrollo de la consciencia ("hacer alma", como le dicen algunos), a lo que podemos sumarle el saber (igualmente antiguo) de los pueblos indígenas alrededor del mundo: que ese deber solo puede llevarse a cabo en comunidad, cuidándonos los unos a los otros y al resto de creaturas vivientes en este punto minúsculo del universo.

Como lo muestra el sorprendente video que acompaña estas palabras, un video que nos lleva hasta el punto más lejano y nos devuelve al más íntimo, nuestra área de acción cubre muy poco (nuestros semejantes más cercanos y nuestro propio ser), pero si nos concentráramos tan sólo en ese "pequeño campo de acción", sería suficiente para una vida... de hecho así lo ha sido ya para muchas vidas en el planeta. Siguiendo ese camino quizás podríamos seguir trabajando en hacer consciencia del mal omnipresente en nuestra historia y construir cada vez mejores herramientas para trabajar con él, para comprender su lugar en nuestro mundo externo e interno, paliar sus efectos y, quién sabe hasta dónde llegaríamos en ese trabajo, hasta ahora sólo hay algunas puntadas, muy importantes pero aún incipientes (la forma en que nos tratamos y tratamos al planeta, parece dar cuenta de que es muy poco lo que sabemos de nuestra sombra). 

Así cambiará nuestro lugar en el universo en los próximos 50 añosFinalmente, al leer lo que he escrito aquí, también pienso que es demasiada racionalización de algo que sucede por naturaleza, es decir, parece haber un instinto natural a hacer algo con la vida, un movimiento hacia un propósito; lo extraño es que esto, a veces, no suceda y, de hecho, es un aspecto en el campo de estudio de las ciencias del alma.

Lisímaco Henao Henao.
150620

miércoles, 3 de junio de 2020

¿Nuevos síntomas de idiocracia?

Acerca de la quema de libros en Venezuela, Berlín, Alejandría... y un acuchillamiento.

"Leemos para sentir que no estamos solos" C. S. Lewis

Se subvaloran libros, se prohiben, se queman... algunos dirían que es una tendencia humana, que ha sucedido ya muchas veces: la biblioteca de Alejandría destruida por el naciente cristianismo en 391, Códices Mayas quemados por la inquisición en 1.562, libros quemados por los nazis en 1933 (entre ellos los de Freud), y un montón de etcéteras. Cualquiera diría que se trata de una tendencia humana, en cuyo caso estaríamos frente a una tendencia regresiva contra la que nada hemos podido hacer, regresiva en tanto concebimos que el texto escrito es testimonio de un saber acumulado, un objeto que da cuenta de nuestra continuidad y de los aprendizajes emprendidos en todas las direcciones.
No hay ninguna descripción de la foto disponible.Mientras en Colombia muchos se escandalizaban por la invitación de una presentadora de televisión a transformar los libros en portacuchillos (seguro se exagera la intención de la diva que sólo quería "crear contenido", pero actualmente la psique colectiva anda a la caza de símbolos, eso es indudable), en Venezuela se incendiaba una biblioteca completa. Según parece no es la primera vez que sucede en el país hermano, "vándalos" habrían estado atracando impunemente a la Universidad de Oriente (estado Sucre) e incluso viviendo dentro de ella. No soy ni pretendo ser un especialista en política venezolana por lo que no se trata acá de los motivos y complejidades de lo que sucedió, me atengo sólamente a la imagen de una biblioteca en llamas que, para mí, es un símbolo impactante y aún más si se asocia con otras imágenes análogas, por ejemplo, la de líderes políticos que, en todo el mundo, se precian de no leer, o cuyas intervenciones públicas están plagadas de falta de lógica y de saber sobre la humanidad, su historia, e incluso su biología.
La imagen puede contener: 1 persona, sentadoEsto es triste y la tristeza no se reduce a la queja de un grupo de fetichistas de los libros, a los cuales se les podría decir que ya casi todo está en digital (lo cual no es del todo cierto, lo quemado hoy en la Universidad de Oriente incluía gran cantidad de productos de investigación sin digitalizar), se trata de que una biblioteca quemada, tanto como un libro utilizado como portacuchillos, puede simbolizar un tipo de decadencia muy peligroso o un movimiento regresivo de la psique que puede llegar a la pérdida de la palabra escrita como medio de comunicación y de registro de la memoria, y si eso sucede, por supuesto nos iremos a vivir a un eterno presente en el cual la resolución de los conflictos quedará en manos del instinto más primario, ese mismo que tan bien se sirve de los cuchillos. El ataque a los libros o su subvaloración puede simbolizar un ataque a las palabras, a la imginación y al desarrollo del diálogo de las ideas y los sentimientos.
La imagen puede contener: 1 persona, gafas, texto que dice "FRASES DELA VIDA .COM la humanidad progresa. Hoy solamente quema mis libros; siglos atrás me hubieran quemado a mí. Sigmund Freud"Pongo aquí las dos imágenes, y sumo una de Freud con una frase que, en su estilo sarcástico, resume muchas cosas. Tristemente, el sarcasmo del gran psicoanalista se transformaría en una premonición de lo que pasaría con millones de sus congéneres, lo cual nos invita a llevar su frase más lejos y decir: "y después de quemar libros, generalmente se comienza a quemar gente", algo que ya sucedió en demasiadas ocasiones.
Lisímaco Henao Henao.
020620