martes, 6 de agosto de 2019

LA BOMBA ATÓMICA en la psique colectiva.

Hoy se cumplen 74 años del uso "eficiente" de la bomba atómica.

En una serie de historias titulada "Las aventuras del Barón Munchhausen", adaptadas varias veces al cine, hay una escena en la que el protagonista desciende al fondo del monte Etna y allí dialoga con Hefestos (Vulcano), dios de la fragua, artesano por excelencia, el dios cojo y despreciado por los demás incluida su madre y su padre (Hera y Zeus). En la película de 1988 vemos al Barón pidiéndole al dios que le venda armas para su causa, Hefestos le muestra su lugar de trabajo y todos los esclavos que tiene a su disposición, luego de esto pasa a mostrarle su gran invento, ¡la maravilla de las maravillas que revolucionará el arte de la guerra!: "Con esta arma usted destruye al enemigo junto con sus casas, sus caminos, sus perros y sus gallinas ¡y lo mejor! NO TIENE QUE VERLO, todo sucede a distancia". Al escuchar esto el Barón, con su acostumbrado sarcasmo contesta "¡y así qué gracia tiene!".
Hefestos no es, por supuesto, el dios de la guerra, pero sí tiene la habilidad de construir cualquier cosa de cualquier material, siendo hábil sobretodo en la metalurgia; lo que si mantiene a flote es el rencor inflamable surgido de un enconado complejo de abandono que en algunas versiones del mito llega a sanar y en otras no. A quien consideramos el dios de la guerra en la mitología griega es a Ares (Marte), quien aparece en la película de 2017 "La mujer maravilla", declarando que él no ha obligado a ningún ser humano a llevar a cabo guerras o genocidio, ni siquiera a usar terribles armas letales, que tan sólo les ha "sugerido" al oído alguna pequeña idea y ellos mismos, con su ingenio y su odio, han desatado el infierno de la guerra y la matanza.
Involucrada en la guerra también encontramos a una diosa, Atenea, la nacida de la cabeza del padre, la que al nacer ya viene completamente armada y lanzando un grito de guerra, pero cuya inteligencia la sitúa como diosa de la estrategia (además de todas las artes que requieren de un gran cálculo racional). En el campo de batalla de Troya encontramos a ambos dioses guerreros, tanto Atenea como Ares protagonizan la batalla ¿cuál es la diferencia entre ellos?. Es posible descubrir en Ares la ira ciega, el dejarse llevar por impulsos muy primitivos, un enojo que envuelve todo lo que toca y que no se sacia con nada, el guerrero desatado que destroza, que masacra y al final se encuentra anhelando otra oportunidad para continuar en la destrucción. Atenea, por otra parte, ha heredado de la cabeza de su padre la inteligencia y el buen consejo, susurra en el oído de sus protegidos y les alienta más que al odio, a la estrategia y el buen juicio. A Atenea no se le ve reaccionar con la impulsividad de Ares, en Troya vemos por ello cómo su protegido Ulises, es siempre buscado por los jefes para dirimir conflictos pues él tiene siempre ese buen consejo ateneico.
Estas imágenes, emergentes en la psique colectiva, parecen decirnos algo muy importante sobre el uso indiscriminado de la fuerza en la guerra, por supuesto lo primero que pensaríamos como humanidad sería que lo mejor es que la guerra no existiera, pero ya que existe, debemos seguirlas para comprender algo de este fenómeno del que no hemos podido deshacernos en todos estos milenios. Las imágenes nos dicen que el genocidio y las demás tácticas que violan los mínimos derechos en situaciones de conflicto, no son más que un producto de una peligrosa cercanía con instintos muy básicos y que denotan un bajo desarrollo de la racionalidad por más que las armas, la llamada bomba atómica por ejemplo, se basen en las más brillantes conclusiones del cerebro humano. Profundizando en estas mitologías, descubrimos que esta instintividad suele tomar las riendas cuando ha sido apartada por una sobrevaloración de los mismos valores racionales, por lo que el polo inferior, nuestra animalidad, está presta a saltar ante la menor provocación. También debemos tener en cuenta que las justificaciones y explicaciones que nos dan los grandes líderes de la guerra, explotan esos miedos y resentimientos que no han sido convenientemente traídos a la consciencia y que, por lo tanto, no han podido entrar en relación con una racionalidad útil a la vida. Aunque podríamos pensar que Estados Unidos llevó a cabo todo un cálculo político y económico para el lanzamiento de la bomba, no debemos desestimar lo que debajo de esta nación, y también del Japón, se movía: instintos primitivos de territorialidad, celos y supervivencia, que impiden la negociación y el ver en qué medida el opositor puede tener razón.
El desastre de Hiroshima y Nagasaky parece haber tocado las consciencias de muchas personas pero, dados los fenómenos actuales (locales e internacionales), no ha sido suficiente.
Lisímaco Henao Henao.
Analista Junguiano SCAJ - IAAP
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