martes, 6 de agosto de 2019

LA BOMBA ATÓMICA en la psique colectiva.

Hoy se cumplen 74 años del uso "eficiente" de la bomba atómica.

En una serie de historias titulada "Las aventuras del Barón Munchhausen", adaptadas varias veces al cine, hay una escena en la que el protagonista desciende al fondo del monte Etna y allí dialoga con Hefestos (Vulcano), dios de la fragua, artesano por excelencia, el dios cojo y despreciado por los demás incluida su madre y su padre (Hera y Zeus). En la película de 1988 vemos al Barón pidiéndole al dios que le venda armas para su causa, Hefestos le muestra su lugar de trabajo y todos los esclavos que tiene a su disposición, luego de esto pasa a mostrarle su gran invento, ¡la maravilla de las maravillas que revolucionará el arte de la guerra!: "Con esta arma usted destruye al enemigo junto con sus casas, sus caminos, sus perros y sus gallinas ¡y lo mejor! NO TIENE QUE VERLO, todo sucede a distancia". Al escuchar esto el Barón, con su acostumbrado sarcasmo contesta "¡y así qué gracia tiene!".
Hefestos no es, por supuesto, el dios de la guerra, pero sí tiene la habilidad de construir cualquier cosa de cualquier material, siendo hábil sobretodo en la metalurgia; lo que si mantiene a flote es el rencor inflamable surgido de un enconado complejo de abandono que en algunas versiones del mito llega a sanar y en otras no. A quien consideramos el dios de la guerra en la mitología griega es a Ares (Marte), quien aparece en la película de 2017 "La mujer maravilla", declarando que él no ha obligado a ningún ser humano a llevar a cabo guerras o genocidio, ni siquiera a usar terribles armas letales, que tan sólo les ha "sugerido" al oído alguna pequeña idea y ellos mismos, con su ingenio y su odio, han desatado el infierno de la guerra y la matanza.
Involucrada en la guerra también encontramos a una diosa, Atenea, la nacida de la cabeza del padre, la que al nacer ya viene completamente armada y lanzando un grito de guerra, pero cuya inteligencia la sitúa como diosa de la estrategia (además de todas las artes que requieren de un gran cálculo racional). En el campo de batalla de Troya encontramos a ambos dioses guerreros, tanto Atenea como Ares protagonizan la batalla ¿cuál es la diferencia entre ellos?. Es posible descubrir en Ares la ira ciega, el dejarse llevar por impulsos muy primitivos, un enojo que envuelve todo lo que toca y que no se sacia con nada, el guerrero desatado que destroza, que masacra y al final se encuentra anhelando otra oportunidad para continuar en la destrucción. Atenea, por otra parte, ha heredado de la cabeza de su padre la inteligencia y el buen consejo, susurra en el oído de sus protegidos y les alienta más que al odio, a la estrategia y el buen juicio. A Atenea no se le ve reaccionar con la impulsividad de Ares, en Troya vemos por ello cómo su protegido Ulises, es siempre buscado por los jefes para dirimir conflictos pues él tiene siempre ese buen consejo ateneico.
Estas imágenes, emergentes en la psique colectiva, parecen decirnos algo muy importante sobre el uso indiscriminado de la fuerza en la guerra, por supuesto lo primero que pensaríamos como humanidad sería que lo mejor es que la guerra no existiera, pero ya que existe, debemos seguirlas para comprender algo de este fenómeno del que no hemos podido deshacernos en todos estos milenios. Las imágenes nos dicen que el genocidio y las demás tácticas que violan los mínimos derechos en situaciones de conflicto, no son más que un producto de una peligrosa cercanía con instintos muy básicos y que denotan un bajo desarrollo de la racionalidad por más que las armas, la llamada bomba atómica por ejemplo, se basen en las más brillantes conclusiones del cerebro humano. Profundizando en estas mitologías, descubrimos que esta instintividad suele tomar las riendas cuando ha sido apartada por una sobrevaloración de los mismos valores racionales, por lo que el polo inferior, nuestra animalidad, está presta a saltar ante la menor provocación. También debemos tener en cuenta que las justificaciones y explicaciones que nos dan los grandes líderes de la guerra, explotan esos miedos y resentimientos que no han sido convenientemente traídos a la consciencia y que, por lo tanto, no han podido entrar en relación con una racionalidad útil a la vida. Aunque podríamos pensar que Estados Unidos llevó a cabo todo un cálculo político y económico para el lanzamiento de la bomba, no debemos desestimar lo que debajo de esta nación, y también del Japón, se movía: instintos primitivos de territorialidad, celos y supervivencia, que impiden la negociación y el ver en qué medida el opositor puede tener razón.
El desastre de Hiroshima y Nagasaky parece haber tocado las consciencias de muchas personas pero, dados los fenómenos actuales (locales e internacionales), no ha sido suficiente.
Lisímaco Henao Henao.
Analista Junguiano SCAJ - IAAP
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viernes, 26 de julio de 2019

EL PRIMER SUEÑO DE JUNG

Imagen relacionada
(En el aniversario del nacimiento de Carl Gustav Jung)

Jung afirmaba que el sueño que se tiene antes de la primera sesión de terapia o análisis, suele anticipar el desarrollo del proceso e incluso el tratamiento a seguir. Al parecer también el primer sueño que uno recuerda puede anticipar mucho del desarrollo de la propia vida. Así fue para el niño de la fotografía, que nació un 26 de julio de 1875, un sueño del que afirmara en su autobiografía habría de ocuparse durante toda su vida.

 Como antecedentes del sueño (ocurrido entre los cinco y seis años) tenemos que había desarrollado un temor especial frente a esos hombres disfrazados de mujeres con grandes sombreros y vestidos negros (más tarde descubriría que se trataba de sacerdotes católicos), y también un conflicto con la figura de Jesús pues le parecía ambiguo que este protegiera a los niños, según le había dicho su madre, y al mismo tiempo se los llevara o "se los tragara" a través de un hoyo en la tierra (había presenciado el entierro de un muerto que bajó por el río cercano, el Rhin). También había padecido algunos accidentes, uno que le dejó una cicatriz en la cabeza y un resbalón que casi le hace caer de un puente sobre el río (ya adulto interpretaría todo esto como un impulso suicida inconsciente debido a una incomodidad con la vida en este mundo). Ya por ese entonces sus padres se habían separado por un tiempo y él había percibido lo precario de aquel matrimonio, a consecuencia de ello la madre fue internada en el hospital y entonces él fue cuidado por varias mujeres, entre ellas una chica de la que dijo, se transformó en la primera imagen positiva de su femenino, a pesar de que también surgió por esa época de ausencia materna una desconfianza hacia las mujeres y hacia el amor con la que tuvo que luchar en su crisis de la mediana edad (El Libro Rojo atestigua esta elaboración del “anima” y del Amor). Estos antecedentes, como sucede con todos nuestros sueños, influyen en la construcción del sueño tanto como lo que anuncian.

Jung lo interpreta en su autobiografía llegando a la conclusión de que un sueño como este era una iniciación “en el imperio de las tinieblas”. Por mi parte me impresiona la manera como el sueño parece anunciar esa espiritualidad conectada con la naturaleza que Jung resaltó a través de su trabajo con las antiguas mitologías, como si el sueño le dijera que lo sagrado está bajo tierra, tras la verde cortina de la naturaleza y no arriba en el cielo de las instituciones (nótese que unos años más tarde soñaría que el mismísimo Dios defecaba sobre su iglesia, sobre la torre del templo de su pueblo). Por otra parte este descenso a las profundidades anticipa no sólo su posterior trabajo teórico sobre lo inconsciente, sino también el descenso relatado en el libro rojo, su propia Nekya, durante la cual tendría que enfrentar lo más sublime y lo más terrible de su psiquismo en conexión con los horrores del colectivo. Me parece importante anotar que Jung tuvo con el cristianismo una actitud crítica durante toda su vida, probablemente originada también en su temprana decepción frente al lamentable estado de la espiritualidad de su padre (pastor protestante), lo que no le impidió defender y validar la importancia de los símbolos e imágenes católicas y lamentar la pérdida de estas en el protestantismo.

Este es el sueño y su interpretación por parte de Jung:

“La casa parroquial se erguía solitaria cerca del castillo de Laufen, y detrás de la finca de Messmer se  extendía un amplio prado. Allí descubrí de pronto, en el suelo, un oscuro hoyo tapiado, rectangular, nunca lo había visto anteriormente. Por curiosidad me acerqué y miré en su interior. Entonces vi una escalera de piedra que conducía a las profundidades, titubeante y asustado descendí por ella. Abajo se veía una puerta con arcada románica cerrada por un cortina verde. La cortina era alta y pesada, como de tejido de malla o de brocado, y me llamó la atención su muy lujoso aspecto. Curioso por saber lo que detrás de ella se ocultaba, la aparté a un lado y vi una habitación rectangular de unos diez metros de largo débilmente iluminada. El techo, abovedado, era de piedra y también el suelo estaba enlosado. En el centro había una alfombra roja que iba desde la entrada hasta un estrado bajo. Sobre éste había un dorado sitial extraordinariamente lujoso. No estoy seguro, pero quizás había encima un rojo almohadón. El sillón era suntuoso, ¡como en los cuentos, un auténtico trono real! Más arriba había algo. Era una gigantesca figura que casi llegaba al techo. En un principio creí que se trataba de un elevado tronco de árbol. El diámetro medía unos cincuenta o sesenta centímetros y la altura era de cuatro o cinco metros. La figura era de extraños rasgos: de piel y carne llena de vida y como remate había una especie de cabeza, de forma cónica, sin rostro y sin cabellos; únicamente en la cúspide había un solo ojo que miraba fijamente hacia arriba.

La habitación estaba relativamente bien iluminada, pese a que no había luz ni ventanas. Sin embargo, allí, en lo alto, reinaba bastante claridad. La figura no se movía, no obstante, yo tenía la sensación de que a cada instante podía descender de su tronco en forma de gusano y venir hacia mí arrastrándose. Quedé como paralizado por el miedo. En tan apurado momento oí la voz de mi madre como si viniera de fuera y de lo alto, que gritaba: «Sí, mírale. ¡Es el ogro!» Sentí un miedo enorme y me desperté bañado en sudor. A partir de entonces muchas noches tenía miedo a dormirme, pues temía que se repitiera un sueño semejante.

Este sueño me preocupó durante años. Sólo, mucho más tarde, descubrí que la extraña figura era un falo y, sólo décadas después, que se trataba de un falo ritual. No podía discernir si mi madre me había dicho «Ése es el ogro» o «Es el ogro», en el primer caso se referiría ella a que el devorador de niños no es «Jesús» o el «jesuita», sino el falo; en el segundo, que el devorador de hombres se representa en general por el falo, por lo tanto, el sombrío «hêr Jesus», el jesuita y el falo serían idénticos. El significado abstracto del falo señala que el miembro es entronizado de un modo en sí itifálico (en griego = erguído). El foso en el prado representaba ciertamente una tumba. La tumba misma es un templo subterráneo cuya cortina verde recordaba el prado; aquí, pues, representa el secreto de la tierra cubierta de verde vegetación. La alfombra era de color rojo sangre. ¿Por qué el techo abovedado? ¿Es que había yo estado ya en el Munot, en el torreón de Schafhausen? Posiblemente no, no se llevaría allí a un niño de tres años. Así, pues, no podía tratarse de un recuerdo. Igualmente el origen del itífalo anatómicamente correcto se desconocía. La significación del orificium urethrae como ojo, y encima de él un foco luminoso alude a la etimología de falo en griego = luminoso, brillante).

El falo de este sueño parece ser en todo caso un dios infernal y no un Dios digno de mención. Como tal le recordé durante toda mi juventud y lo evocaba siempre que se hablaba de Jesucristo Nuestro Señor. Para mí, el «hêr» Jesús nunca fue algo completamente real, ni del todo aceptable o digno de estima, pues siempre volvía a pensar en su rival infernal como en una aparición espantosa, no buscada por mí.

El «disfraz» del jesuita proyectaba sus sombras sobre la instrucción cristiana que había recibido. Me parecía a menudo una máscara festiva, como una especie de pompas fúnebres. Allí la gente podía adoptar ciertamente una expresión seria o triste, pero en el fondo parecían reír en secreto y no estar tristes en absoluto. El «hêr» Jesús se me presentaba como una especie de Dios de los muertos, ciertamente dispuesto a prestar ayuda, y a la vez a dispersar los espectros nocturnos, pero también inquietante y lúgubre por haber sido crucificado y ser un sangriento cadáver. Sus amores y bondades, constantemente ensalzadas, me parecieron siempre dudosas, especialmente también porque gente con levita negra y relucientes zapatos, que me recordaban siempre los sepelios, hablaban del «querido Hêr Jesús». Eran los colegas de mi padre y ocho tíos míos —todos ellos sacerdotes. Me infundieron miedo durante muchos años. Y no digamos de los eventuales sacerdotes católicos que me recordaban al terrible «jesuita», y los jesuitas habían causado temor y disgustos incluso a mi padre. En los años siguientes hasta la primera comunión me esforcé todo lo posible por lograr la exigida actitud positiva respecto a Cristo. Pero no pude nunca superar mi secreta desconfianza. Al fin y al cabo, el miedo al «hombre enlutado» lo experimenta todo niño, y no constituyó en absoluto lo esencial de aquella experiencia, sino la inquietante conclusión a que llegó mi cerebro de niño: «Ése es un jesuita.» Así también en el sueño lo esencial es la curiosa interpretación simbólica y la inaudita justificación del «ogro». No es el infantil aspecto del «devorador de hombres», sino el que estuviera sentado en un áureo trono infernal. Para mi conciencia infantil de entonces el rey se sentaba en primer lugar en un trono áureo pero después, en uno dorado mucho más alto y mucho más bello se sentaban el buen Dios y el Her Jesús en lo más alto del cielo con una corona dorada y vestido blanco. Sin embargo, de este Her Jesús bajó del bosque el «jesuita», con falda negra, con amplio sombrero negro. Tuve que mirar todavía muchas veces hacia allí por si algún peligro me amenazaba.

 En sueños descendí a la caverna y encontré otro ser en el áureo trono, inhumano e inmundo, que miraba fijamente hacia arriba y se alimentaba de carne humana. Sólo cincuenta años después me sorprendió un párrafo de un comentario sobre ritos religiosos en que se hablaba de los motivos fundamentalmente antropológicos en el simbolismo de la eucaristía. Entonces vi claro lo poco infantil, lo maduro, incluso la excesiva madurez del pensamiento que en estos dos acontecimientos comenzaba a hacerse consciente. ¿Quién hablaba entonces en mí? ¿Qué espíritu ha imaginado este suceso? ¿Qué meditada razón se encontraba en este hecho? Ya sé que todo débil mental siente tentación de delirar por «hombres negros» y «devoradores de hombres» y por «casualidades» e «interpretaciones» ulteriores para borrar rápidamente algo incómodo que espanta y con ello no perturbar la tranquilidad familiar. Ah, estos bravos hombres virtuosos y sanos me hacen el efecto de aquellos renacuajos optimistas que en un charco de lluvia se agitan alegremente al sol, apretados unos con otros, en el más mísero de los arroyos, sin sospechar que mañana el charco estará seco.

¿Qué hablaba entonces en mí? ¿Quién pronunciaba frases de profunda problemática? ¿Quién asociaba lo superior y lo inferior y asentaba de este modo el fundamento de todo cuanto sembró toda la segunda mitad de mi vida de tempestades del más apasionado carácter?

¿Quién perturbaba la serena e inocente infancia con graves presentimientos de la vida en su plena madurez? ¿Quién sino el huésped extraño que venía de arriba y de abajo?

Con este sueño infantil fui iniciado en los secretos de la tierra. Tuvo lugar entonces, por así decirlo, una sepultura en la tierra y transcurrieron años hasta que reaparecí. Hoy sé que sucedió para introducir en la oscuridad la mayor cantidad posible de luz. Fue un tipo de iniciación en el imperio de las tinieblas. Entonces mi vida espiritual dio comienzo inconscientemente"

Bibliografía:

C. G. Jung. Recuerdos, Sueños, Pensamientos. Editorial Seix Barral.

Lisímaco Henao Henao.
Analista Junguiano.
26 de Julio de 2019

jueves, 20 de junio de 2019

Padres, hijos e hijas

La idea occidental de que somos lo que hizo o dejó de hacer, lo que dijo o dejó de decir el padre (y la madre) y que por ello no somos más que un producto de la infancia, nos deja a merced de un mar de culpabilizaciones y autoculpabilizaciones sin fin.

Pero esta idea olvida lo fundamental, que todos somos algo independiente de los padres, "algo" que suele manifiesarse en las tensiones e incompatilbilidades entre padres e hijos. Aunque algunos hijos e hijas muestran una compatibilidad auténtica con los ideales del padre, con los que comparten incluso el estilo neurótico, muchos otros resultan opuestos y deben luchar con ellos antes de poderse desplegar en la vida (la neurosis en muchos de estos casos resulta "nueva", en otros una imitación de la neurosis paterna como único modo de vincularse). Si aceptáramos estas incompatibilidades como manifestaciones de "lo distinto" o de lo novísimo de un alma, en vez de patologizarlo inmediatamente, como padres podríamos ser compañeros menos ansiosos y con más espacio psíquico para enfrentar las dificultades. Y como terapeutas y analistas eliminaríamos esta compulsión a "sanar el padre", "analizar el edipo" y cosas por el estilo, realmente acompañaríamos el camino y nos moveríamos hacia adelante, en vez de aliarnos con la culpa.

Pero ya que estamos embarcados en esas teorías, las de que todo lo que nos ocurre fue preparado en la infancia, ya que nuestros pacientes estan estructurados sobre esa idea, no podemos ingénuamemte eludir el trabajo de viajar hacia los padres. La idea junguiana de la individuación como el despliegue durante la vida de aquel ser humano lo más completo posible que podemos ser, incluye entonces esta idea occidental pero le da la vuelta y concibe ese "determinismo de los ancestros" como una herramienta más al servicio del alma, así, nuestras luchas con la madre y el padre, con sus recuerdos y aus imágenes, se conciben como algo que ha estado ahí como un motivo más para despertar a eso en que nos vamos convirtiendo.

Lisímaco Henao H. 
Fragmento de "Ego y Alma. En torno a una relación compleja" Libro en preparación

El regalo de mi hija incluye un espejo, y creo que además de la invitación al juego juntos de todo el regalo, incluye una invitación al juego con mi propia imagen y mis ideales, ese espacio de respeto por ella.

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viernes, 17 de mayo de 2019

Cursos. Semestre 2019-2. Con opción On Line


Una nueva consciencia surge del encuentro con nuevas formas de ver el mundo y a nosotros mismos (que somos mundo). 

8 Sesiones quincenales de 2 horas cada una. Inversión por curso 380.000 pesos. 118 USD

Todos los cursos con opción virtual en la plataforma wiziq.com

Detalles en el correo eventos@jungcolombia.com


INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA.

Son muchos los libros introductorios a la psicología analítica y nosotros siempre hemos preferido los directamente escritos por Jung; esta vez nos guiaremos por uno de reciente aparición titulado "Introducción a la psicología Analítica", de editorial Trotta. Se trata de un seminario dictado por Jung en 1925, año en que aún trabajaba puliendo las imágenes y textos del Libro Rojo y en el que ya había publicado Tipos Psicológicos, la obra que le hiciera famoso en todo el mundo.

Este curso se presenta como introductorio para cualquier persona que quiera acercarse a lo junguiano, pero también puede ser tomado como de profundización debido a dos motivos, aunque recorre los conceptos clásicos (imagen, arquetipo, complejo, sueños, psicoterapia, sincronicidad y alquimia), aprovecha el material del libro citado en lo referente a los tipos psicológicos, una mirada en detalle a la personalidad como conjunción de elementos conscientes e inconscientes y las visiones de lo inconsciente colectivo experimentadas por Jung durante su crisis personal en la época en que se separaba de Freud (Libro Rojo), pues en estos seminarios Jung habla ampliamente de sus propias experiencias.

Bienvenidas y bienvenidos al mapa de la psique que Jung trazara para nosotros, seguramente encontraremos emociones e imágenes para nada ajenas a nuestra naturaleza.

FECHAS: MARTES 7 A 9 P.M.

Agosto 6 y 20

Septiembre 10 y 24

Octubre 8 y 22

Noviembre 12 y 26

La imagen puede contener: Diogo Silva, sentado y texto


ARQUETIPOS Y MITOS LATINOAMERICANOS.

¿Quienes somos? ¿En cuales aspectos nos diferenciamos y en cuales somos el eterno retorno de lo humano más básico?. Jung estableció que ciertas estructuras no dejan de repetirse, para ello comparó material proveniente de India, Africa, el mundo celta, Grecia y Roma antiguas, Egipto y Nuevo México, y de los sueños de sus pacientes europeos, los de pacientes negros de un hospital mental en Washington y sus propios sueños. Si bien habla de un mito mexicano en "Símbolos de Transformación", son pocas sus menciones al material latinoamericano en extenso, ese trabajo, al parecer, ha quedado en nuestras manos. Recientemente he tomado algunos mitos colombianos y peruanos para ilustrar algunos símbolos como el sol y la luna y su papel como representantes de dos estilos diversos de consciencia.

En este curso, tomaremos varios mitos de origen y otros referidos a las diversas modalidades arquetípicas, de nuestros pueblos originarios. Nos preguntaremos por la pervivencia en nuestras formas de relación y en nuestros sueños, en nuestro psiquismo en general, de estos antiguos estilos imaginales. Si la hipótesis del inconsciente colectivo es sostenible, esta será una nueva oportunidad de verificarlo.

Bienvenidas y bienvenidos, quizás nos encontremos con uno que otro ancestro real, es decir, psíquico, yendo más allá de las historias y prácticas para turistas.

FECHAS: SÁBADOS 10 a.m. a 12 m.

Agosto 10 y 24

Septiembre 7 y 21

Octubre 5 y 26

Noviembre 9 y 30

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IMAGINACIÓN ACTIVA.

Tras su ruptura con Freud y en medio de otras crisis personales, Jung experimentó vívidamente lo inconsciente, primero corriendo el riesgo de ser inundado por este, luego propiciando la experiencia mediante una técnica que más tarde denominaría Imaginación Activa. Esta se ha transformado en una herramienta práctica para la exploración de lo inconsciente y la captación de sus contenidos y movimientos, Jung se refería a ella como una técnica muy superior a la interpretación de los sueños pues, mientras estos están afectados por los complejos (los cuales son su materia prima) y por la manera como el Yo los recuerda y registra, en la Imaginación Activa se logra tener un contacto directo con el material arquetípico.

Revisaremos el libro de Barbara Hannah "Encuentros con el alma.La Imaginación Activa como C. G. Jung la desarrolló" y otros textos en los que Jung habla de sus experiencias y explica su proceso (Recuerdos, Sueños y Pensamientos, La Función trascendente, El Libro Rojo). Se incluye el estudio de cinco casos y la realización de algunas experiencias prácticas, si bien estas siempre están incluidas dentro de un proceso terapéutico podremos hacernos una idea muy cercana de las condiciones, exigencias y logros de la Imaginación Activa.

Bienvenidas y bienvenidos a este descenso necesario hasta los fundamentos de la psicología y de la psique, seguramente algo inesperado nos saldrá al paso y seremos interrogados.

FECHAS: LUNES 7 A 9 P.M.

Agosto 12 y 26

Septiembre 9 y 23

Octubre 7 y 28

Noviembre 18 y 25

La imagen puede contener: texto


CUENTOS DE HADAS. Arquetipos y Complejos.

El material arquetípico se refleja mejor en los mitos, mientras que el material de los complejos lo hace mejor en los cuentos populares; esta es una premisa que podemos inferir de los trabajos de Jung y la brillante Marie-Louise Von Franz, sin embargo también de ellos dos aprendimos que ambos productos de la imaginación se espejean y se amplifican, de tal modo que podemos rastrear los orígenes arquetipales de los cuentos mismos y hallar complejos culturales en los mitos.

En este curso nos centraremos en los cuentos populares, llamados genéricamente "de Hadas" aunque en ocasiones falten las Hadas en ellos, aprenderemos a ingresar en su corazón mismo llevando nuestro corazón, nuestra propia psique, hasta sus imágenes. Tomaremos cuentos poco trabajados por la literatura junguiana, si bien revisaremos uno o dos de los más paradigmáticos como forma de inspirarnos y reflejar nuestro propio interés por comprender la sabiduría vertida en ellos.

Bienvenidas y bienvenidos a cruzar los bosques, vadear los ríos y subir a las montañas de la psique, seguramente nos encontraremos con uno o dos personajes familiares, pasados y presentes.

FECHAS: JUEVES 7 A 9 P.M.

Agosto 8 y 22

Septiembre 12 y 26

Octubre 3 y 24

Noviembre 14 y 28

La imagen puede contener: una o varias personas y texto

TODOS LOS CURSOS:
a. Ocho sesiones de dos horas cada una. Dos sesiones al mes.
b. Agosto, septiembre, octubre y noviembre.
c. Todos con opción virtual.
d. Pago: 380.000 pesos o 118 USD cada curso.
e. Cuenta de ahorros bancolombia ó Paypal
f. Cierre de inscripciones: Julio 17 o cierre de cupos (15 presenciales y 15 virtuales por curso)
g. Virtualidad: usamos la plataforma wiziq.com por la que se transmite video y audio, pizarra, presentaciones e imágenes. Los alumnos interactúan mediante chat en vivo.
Gracias por tu interés. Informes e inscripciones eventos@jungcolombia.com

DOCENTE:
Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo U. de A. (Medellín, 2000)
Master en Psicología Analítica SEPA (Barcelona, 2003)
Analista Junguiano IAAP-SCAJ (Copenhaguen, 2013)
Supervisor junguiano IAAP (Bogotá, 2018)
Autor.


#cursosjunguianos

martes, 12 de marzo de 2019

Marta Vélez. Un homenaje a la maestra.


ENCUENTROS CON MARTA. Un homenaje a la maestra.

Tras la muerte de Marta sentimos la necesidad de acompañarnos al pasar por el corazón tanto el impacto de su muerte como la gratitud para con su vida. Un momento íntimo en el que compartimos algunos recuerdos de los encuentros con una mujer cuya personalidad y saber no dejaban indemne a nadie que la conociera. Seguramente faltaron muchas personas ese día, fueron muchísimas las personas e instituciones que Marta tocó y movilizó, pero las redes con el tiempo se van debilitando o van cambiando, se pierden contactos y la memoria se renueva para bien o para mal. Por ello, pensando en quienes no estuvieron, compartimos este video, una manera de contactar con las imágenes de tanta vida, de la vida de quien nos inició en la psicología junguiana o en el feminismo o en la filosofía o en la consciencia social y política o en el análisis de las culturas, en tantas cosas que pudo cubrir la maestra Marta Cecilia Vélez Saldarriaga, quien además fue Filósofa (U.P.B Medellín), Magister en Letras Modernas (Aix Provence) y Doctora Cum-Laudem en Nuevos Desarrollos del Psicoanálisis (U.C.Madrid), Profesora del departamento de psicología de la U. de A.

Agradecimientos especiales para el Ateneo Porfirio Barba Jacob por la amable sesión de sus instalaciones y equipos, a nuestro maestro Julián Aguilar, psicoanalista y a Lisímaco Henao, analista junguiano, por su iniciativa y red de contactos, a Pablo Villegas por su gaita y cariño, y a cada una y cada uno de las asistentes.




lunes, 11 de febrero de 2019

Masculinidades: Arquétipos e Estereótipos (Portugués)

 Para ver la versión en castellano haz click aquí

Esta es la versión en portugués de la conferencia. La traducción fue realizada amablemente por el psiquiatra y terapeuta junguiano de Florianópolis (Brasil) Fabio C C E Villar. A él muchas gracias.


"Masculinidades: Arquétipos e Estereótipos.

Por Lisímaco Henao H.
Psicologo U. de A. (Medellìn)
Mg. Psicología Analítica (Barcelona)
Analista Junguiano (SCAJ-IAAP)

O paciente se senta frente a mim e começa a me falar de sua dor: durante três meses tem estado sonhando que seu pai lhe pergunta por que não regressou por ali. No sonho não há precisão sobre o lugar ao que o pai se refere, mas é sempre a mesma queixa: “por que não regressou?”. O sonhador intui que seu pai se refere à terra onde nasceram ele e seus irmãos, essa terra que seu pai trabalhou com tanto afinco quase até a sua morte. Me conta que aquela terra foi dividida entre os irmãos após a morte de seu pai e ele, como quase todos, vendeu o que lhe correspondia devido a não ter tempo nem vocação para manter-la.

Acudiu à terapia levado por este sonho recorrente, porque desperta com tristeza e pensa que seu pai, desde o além, está fazendo uma queixa à qual ele já não pode responder. Começamos a falar de sua relação com seu pai, a quem ele recorda como uma espécie de herói, um ser que lutou contra tudo para sobreviver junto com uma numerosa família. Logo, remontando à sua infância, revive recordações nas quais o pai trata de “torna-lo homem”, incitando-lhe à força física e ao distanciamento afetivo. Esta aprendizagem se tornou dolorosa, pois é castigado o choro e em troca estimulado o auto-maltrato, o levar a si mesmo até o limite, o ser frio frente à tristeza ou converter-se em um ocultador da mesma.

É evidente que meu paciente cumpriu com a expectativa do pai. Se converteu em um militar de carreira exitoso e disciplinado, que começou nos níveis mais baixos e foi subindo por seus próprios méritos, motivos pelos quais exige exatamente o mesmo caráter de seus subalternos. No entanto, algo vem incomodando há muito tempo: um ciúmes excessivo que tem por sua namorada que é acompanhado de fantasias terríveis nas quais ela seduz outros homens no trabalho e na universidade. Em sua fantasia essa mulher não é capaz de manter-se firme frente à sedução de outros homens. Ele a deprecia pois da fantasia passa à realidade, na qual a considera efetivamente uma mulher fraca e sem perspectivas de sucesso.

Em outro momento, discorre sobre suas tarefas profissionais, fala de como sua disciplina se transforma as vezes em rigidez, das dores nas costas e das acusações que asa vezes lhe fazem no trabalho, onde o tratam como a um tirano.

Imagen relacionadaEsta breve lembrança me serve como metáfora para passar a vocês algumas imagens de masculinidade e as emoções que podem acompanhar-las. O termo “arquétipo”, cunhado na psicologia por C. G. Jung (2003) aparece hoje tanto na linguagem popular como na especializada, tanto que alguém poderia afirmar que meu paciente se converteu no arquétipo do Herói: forte, disciplinado, frio e lutador, características que tem sido coroadas com o sucesso profissional. E é certo que esta é a imagem heróica que temos atualmente: “o homem que faz a si mesmo”. Continuamente somos bombardeados com ofertas de seminários e cursos que oferecem as chaves para o sucesso. Se publicam livros com as leis, os segredos e os modelos para alcançar esse sucesso que consiste, basicamente e me desculpo pelo resumo do conceito, em estar no mais alto da pirâmide, ou, pelo menos, mais alto que outros (isso inclui, obviamente, os complexos econômicos tao importantes no ocidente).

Esse modelo, vamos aclarar de uma vez, se oferece a homens e mulheres e seduz a homens e a mulheres por igual, pois estamos falando realmente de algo arquetípico. Um arquétipo é um órgão psíquico universal que permite a qualquer ser humano perceber o mundo, ou seja, é igual para todas as pessoas em todas as épocas e localizações geográficas. O que esse órgão faz é ordenar nossas percepções com base em imagens. Para explicar melhor, tomemos como exemplo o arquétipo do qual me ocupo hoje: O Herói. O mundo que percebemos se nos apresenta, em princípio, caótico, como para qualquer criança, de tal maneira que a sobrevivência depende em grande soma da atenção dos outros que o rodeiam. Mas pouco a pouco vai emergindo um ego que paulatinamente separa e ordena a experiência, evitando os estímulos desagradáveis e acolhendo aqueles que servem ao processo consciente. Pouco a pouco esse ego vai sentindo-se livre e autônomo e busca imagens em seu exterior que ratifiquem a possibilidade de ser cada vez mais livre e mais autônomo. de fato para Jung o ego não é mais que outro complexo entre tantos, cujas imagens básicas se referem sempre a ideias de autonomia, liberdade e racionalidade (Jung, 1994).

O que fez com que em você e em mim se ativasse essa busca de imagens de autonomia e eficácia, foi o arquétipo do herói; o que faz que teu ego e o meu sigam buscando cada dia alguém a quem seguir ou convertermos a nós mesmos em alguém a ser seguido por outros, é ele o arquétipo do herói. Agora, voltemos ao meu paciente. Seu ego nascente encontrou no pai uma primeira imagem heróica, uma imagem acompanhada de duas grandes emoções: o amor e o desejo de honrar a esse pai. Porque toda imagem que nós acolhemos, devo aclarar desde já, cobra força e poder em nós devido a que vem carregada ou a carregamos emocionalmente. Assim funcionam o amor, o ódio, o desprezo e a admiração, por meio de emoções unidas a imagens que nos resultam relevantes devido a que um arquétipo se encontra por baixo organizando essa experiência.

Continuando, meu paciente acolhe em seu ser essa imagem heróica, lhe dói por momentos porque sente que algo seu é castigado e reprimido no processo, mas a imagem é tão poderosa que se transforma em “a imagem” do herói na sua psique. Logo vai começar a ver que em seu entorno essa imagem se repete inúmeras vezes, a vê nos filmes de faroeste, logo nas dos romanos, depois nos companheiros de colégio e, mais tarde quando começa a se ver atraído pelas garotas, descobre que elas buscam mais ou menos uma imagem parecida para namorar. É evidente para ele que essa é a formam típica e mais adaptativa de  se comportar.

Mas esta é a única imagem de herói possível? Por acaso ser mais publicitada pela economia, pelos meios de comunicação e pela politica contemporânea a faz a mais acertada? Não é assim. Se estamos dizendo que as imagens heróicas são as que inspiram o ego em sua necessária busca de autonomia, devemos reconhecer que muitos egos realizaram um caminho válido na história sem necessidade de recalcar na frieza e no distanciamento afetivo. Poetas, literatos, filósofos e artistas, gente comum que conhecemos mansos e tranquilos e ao mesmo tempo construídos como adultos responsáveis e com seus bons momentos de felicidade. Então onde está o equívoco de uma sociedade que massifica em torno de valores tão limitados de heroísmo e masculinidade?

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Atlas, Rockefeller Center, New York
Aqui já nos é necessário recorrer ao outro conceito que acompanha o título desta conferência: “O estereótipo”. Se dizemos que o arquétipo é universal no tempo e espaço, agora temos que afirmar que seu oposto radical é o estereótipo. Este não é um órgão psíquico como o arquétipo nem muito menos algo coletivo como ele, é apenas uma imagem localizada em um tempo e um entorno geográfico muito definidos. Ao tratar-se de uma imagem acolhida pela consciência coletiva, ela está, como dizemos da imagem do pai para nosso paciente, carregada afetivamente. Uma emoção a acompanha, uma emoção que todos sentimos quando estamos frente a ela, próximos a ela.

O caso individual nos ajuda a compreender o caso coletivo e vice-versa. Por razoes de seu amor por seu pai, meu paciente começa a aceitar todas as imagens análogas de seu entorno e seu ego se convence de que essas são as melhores e as únicas válidas. Em termos coletivos é assim também, os alemães não só entendiam “cognitivamente” o que dizia Hitler, também o amavam como a um pai e projetavam nele uma grande quantidade de emoções, sobretudo uma: a necessidade de proteção (necessidade que se projeta em todo herói). No meu paciente, como em todos nós, o arquétipo do herói necessitava uma imagem e ele a encontrou no seu pai e em todos os do entorno que se parecessem. Assim também o povo alemão tinha ativado o arquétipo do herói protetor e salvador, encontrando efetivamente uma imagem do lado de fora.

Estas imagens não emergem, entretanto, da noite para o dia. Assim como no meu paciente a imagem heróica foi se construindo com os gestos, as palavras, o tom de voz e a forma de se relacionar do pai com outros e com a natureza, assim mesmo no coletivo a imagem vai emergindo paulatinamente e é aqui onde podemos encontrar os profissionais da imagem, os quais se especializam em transformar a possibilidade simbólica e plurissignificativa do arquétipo em um signo, em uma única via, em um estereótipo. Se trata de assessores da imagem, publicitários e inclusive psiquiatras e psicólogos, que costumam acompanhar a essas pessoas que ao longo do tempo acabam encarnando tal estereótipo. Quanto a isso vale lembrar que Hitler, por exemplo, tinha uma equipe encarregada de assessorar inclusive na forma que deviam ter os desfiles e sonoplastia que os deveriam acompanhar, tudo para conectar a Hitler com os medos e as necessidades mais profundas do povo alemão, mas ainda mais, para conectar a esse coletivo com o trono, o fogo e a ira do antigo deus nórdico Wotan, com o qual se fecha o círculo sobre a psique, invocando inclusive uma imagem mítica coletiva (Jung, 2001).

É muito interessante observar que em meu paciente, muita afetividade foi deslocada da psique para poder imitar o modelo, até o ponto em que a única maneira como sua alma pode fazer que se detenha, que consulte um terapeuta e se pergunte se de verdade a vida é só o que construiu até agora, o único obstáculo ao qual ele se vê obrigado a atender, é a presença do feminino em sua vida, do amor. Isso é assim em muitos mitos e na literatura.

O herói avança sem nenhum tropeço até que aparece a princesa, o fenômeno natural ou a serpente, imagens todas elas do feminino, feriando assim sua aceleração titânica por meio de provas e acertos. Até agora o mecanismo que meu paciente tem utilizado é evitar as relações realmente profundas, mas dessa vez parece ter se apaixonado, é a fatalidade do amor, ainda que eu prefira dizer assim: o amor é como a única força capaz de mobilizar a casca petrificada que o ego constrói, com base nos repetitivos estereótipos.

No coletivo um pode observar como, com grande inteligência, os líderes estereotipados do mundo, esses heróis coletivos, conseguem, com base no conselho de seus assessores o em sua própria inteligência, incluir algumas frases e gestos amorosos em sua vida pública, salvando desta maneira um sentimento tão básico e do qual seus seguidores também necessitam. É dizer, captam não só o medo e a insegurança do povo oferecendo a ele a imagem de um homem forte, um herói protetor contra as ameaças externas e internas (ameaças das quais, diga-se de passagem, também se faz muita publicidade para poder ter um perigo presente e portanto o medo), mas também a de um homem amoroso que carrega crianças, que chora, que ora frente a imagens religiosas, ou seja, um ser terno e bondoso; com isso parecem acalmar-se as necessidades de conexão afetiva reprimidas pelo povo e pelo líder, em vias de conseguir a proteção e segurança desejadas.

Quando o povo alemão despertou do encanamento desta imagem estereotipada, descobriu com terror tudo o que havia apoiado. Alemanha está cheia de monumentos e museus que mostram o horror do holocausto nazista, como querendo manter presente a recordação de tudo aquilo para evitar que voltem a cair naquilo. Segundo afirma Jung, quando um alemão, por amor ao líder, apontou a um vizinho judeu, estava respondendo à ativação em si de um componente psicopático que todos levamos dentro, algo também arquetípico que está disposto em nós ao pior e frente ao qual deveríamos andar com cuidado. Todos podemos afirmar que jamais faríamos algo tão terrível como enviar a nosso vizinho a um campo de concentração, mas quando temos nossos afetos envolvidos em um estereótipo, tudo é possível. Para colocar um exemplo de outro tópico, há uns anos em Bogotá uma adolescente se suicidou porque seus pais não compraram para ela o bilhete para ver seu ídolo Justin Bieber. Assim que vale a pena nos perguntarmos pela quantidade de energia psíquica, de afeto, que nós investimos em algumas figuras coletivas, vale a pena questionar, refletir para não cais presas da força inconsciente das emoções. Já sabemos que a guerra funciona não tanto pelos soldados envolvidos nela, mais ainda, por civis apontando com o dedo a quem uns dias antes eram simplesmente conhecidos.

Mas não sou ingênuo e não pretendo que vocês sejam. Não é fácil se livrar de um estereótipo. A maioria dos alemães custou mais de quinze anos e alguns nunca conseguiram, o neonazimo existe não só em países germânicos e alguns seguem adorando a Adolf Hitler. E não é fácil porque, repito, nossos mais profundos afetos se vem envolvidos e porque a imagem que se oferece tem seu próprio poder devido ao arquétipo por trás dela. Em outras palavras: todos e todas, sem exceção, necessitamos de heróis, os necessitamos desde o íntimo, desde o mais autêntico que somos, inclusive desde a nossa biologia, de nossos instintos, pois todos aprendemos por imitação. Coerentemente com isso, se a cultura, se a consciência coletiva nos oferece só uma imagem que se repete inúmeras vezes, um estereótipo, será essa a imagem que seguiremos irracionalmente, disfarçando-a, isso sim, de racionalidade, pareceria que somos capazes de explicar racionalmente porque gostamos de tal personagem, mas jamais poderemos explicar porque chegamos a tais emoções por ele, ou a atos dos quais poderíamos inclusive nos arrependermos um dia. 

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Monumento al poeta Pepe Ledezma, Salamanca
España
Quem sabe romper com um estereótipo necessite muito tempo. Assim como meu paciente terá que passar-se umas quantas horas movendo sua alma por muitas imagens e emoções, para encontrar aquelas que lhe permitam amar sem medo e com fé a essa mulher que escolheu, voltando-se amorosamente ao feminino que também pede um espaço em sua psique, quem sabe também a cultura ocidental ou cada país latino-americano ou cada família terá que aceitar paulatinamente outras formas de heroísmo, menos destrutivas com a natureza do planeta e com a natureza da alma, que é múltipla, variada e diversa. Quem sabe algum dia possamos ter nas grandes praças de nossas cidades a estátua de um poeta ou escritor e não necessariamente a de um militar (ou quem sabe ter outro tipo de militares, mais enfocados na paz do que na guerra). Para isso teremos que mover nossa almas pelas imagens do medo e da insegurança, pondo imagens de confiança e fé em que o destino não é negativo por si mesmo, aceitando a diversidade de imagens dentro e fora de nós.

Gostaria de terminar aludindo a uma imagem em particular, uma que em minha opinião condensa o que temos construído em termos heróicos e, em geral, da masculinidade hegemônica na Colombia e quem sabe em toda América latina. Essas reflexões se encontram desenvolvidas em um livro de minha autoria que, como resultado de um processo de pesquisa, foi publicado pela editora da Instituição Universitária de Envigado (2009). O personagem a quem me refiro não é outro mais que Coronel Aureliano Buendía, pois me parece que Gabriel García Marquez captou, como todo verdadeiro artista, uma imagem realmente coletiva. O Coronel não só responde as características básicas do arquétipo do herói, mas que condena todo o que se converteu em conduta estereotipada, para aqueles que aspiram ser reconhecidos como homens ou como heróis dentro da massa latino-americana. Simplesmente vou enunciar a descrição que faz Gabo do personagem e a desmembrar a seguir as características fundamentais ali vertidas, para deixar a vocês a tarefa de aplicar a reflexão que proponho sobre o estereótipo e deixar abertas as perguntas sobre como nos abrirmos a outras imagens aproveitando os meios individuais e coletivos dos quais dispomos.

“O coronel Aureliano Buendía promoveu trinta e dois levantes armados e os perdeu todos. Teve dezessete filhos varões de dezessete mulheres diferentes, que foram exterminados um após o outro em uma só noite, antes de que o maior completasse trinta e cinco anos. Escapou a quatorze atentados, a setenta e três emboscadas e a um pelotão de fuzilamento. Sobreviveu a uma carga de estricnina que teria bastado para matar a um cavalo. Recusou a Ordem do Mérito que lhe outorgou o presidente da república. Chegou a ser o comandante general das forças revolucionárias, com jurisdição e mando de uma fronteira à outra, e o homem mais temido pelo governo, mas nunca permitiu que lhe tirasse uma fotografia. Declinou à pensão vitalícia que lhe ofereceram depois da guerra e viveu até a velhice dos peixinhos de outro que fabricava em sua oficina em Macondo. Ainda que tenha batalhado sempre à frente de seus homens, a única ferida que recebeu foi feita por ele mesmo depois de assinar a capitulação de Neerlandia que colocou fim a quase vinte anos de guerras civis. Se disparou um tiro de pistola no peito e o projétil sai pelas costas sem ferir a nenhum centro vital. O único que ficou de tudo isso foi uma rua com seu nome em Macondo.” (García Márquez G. 1975 p. 92)

Características básicas do estereótipo:

1.      A impossibilidade de aceitar o fracasso, ou seja, a insistência titânica e destrutiva na conduta aprendida, também a impossibilidade de conter o instinto (nesse caso um instinto territorial) ou o desejo de poder.

“O coronel Aureliano Buendía promoveu trinta e dois levantes armados e os perdeu todos."
2. A reprodução cega que suplanta à criatividade nesse tipo de modelos simbolizada no número de filhos, e no fato de que todos levavam o mesmo nome. Aqui também poderíamos observar a impossibilidade de conter o instinto e uma grande dificuldade para levar em conta o feminino e seus limites, uma imagem que se converte em dolorosa literalidade quando as mulheres se convertem em espólio de guerra ou em simples objeto para demonstrar poder e triunfo sobre o inimigo.

"Teve dezessete filhos varões de dezessete mulheres diferentes, que foram exterminados um após o outro em uma só noite, antes de que o maior completasse trinta e cinco anos."

3. A busca de experiencias de risco que confirmem à própria imagem de poder e descuido do corpo, ambos símbolos de um grande desprezo pelo feminino, ou seja, pela vida e pela natureza das coisas em geral.

"Escapou a quatorze atentados, a setenta e três emboscadas e a um pelotão de fuzilamento. Sobreviveu a uma carga de estricnina que teria bastado para matar a um cavalo."

4. O poder como hegemonia, como auto-satisfação e como forma de impor-se sobre os outros e outras no entorno.

"Chegou a ser o comandante general das forças revolucionárias, com jurisdição e mando de uma fronteira à outra, e o homem mais temido pelo governo"

5. O repúdio a qualquer imagem que o lembre do fracasso, o qual é parte da experiencia normal de viver, mas que para esse estereótipo é uma afronta à identidade assim construída.

"Declinou à pensão vitalícia que lhe ofereceram depois da guerra e viveu até a velhice dos peixinhos de outro que fabricava em sua oficina em Macondo. Ainda que tenha batalhado sempre à frente de seus homens, a única ferida que recebeu foi feita por ele mesmo depois de assinar a capitulação de Neerlandia que colocou fim a quase vinte anos de guerras civis."

6. O desejo de imortalidade que vem desde os heróis gregos e que, em certa medida é positivo pois necessitamos modelos, mas que como tenho sustentado nesta conferência, se torna destrutivo quando se constrói tal imortalidade em detrimento da vida de outros e não do serviço à vida em geral.

"O único que ficou de tudo isso foi uma rua com seu nome em Macondo.”

OBRAS CITADAS:

García Márquez G. (1975). Cien años de soledad. Barcelona: Círculo de lectores.
Henao L. (2007). Ser Hombre: Imágenes arquetípicas de masculinidad en Cien años de soledad. Envigado: Institución Universitaria de Envigado.
Jung C. G. (1994). Los complejos y el inconsciente. Barcelona: Altaya
Jung C. G. (2001). Civilización en transición (O.C. Vol 10) Madrid: Trotta

Jung C. G. (2003). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (O.C. Vol 9/I) Madrid: Trotta


Tradução para o português por Fabio C C E Villar.

jueves, 7 de febrero de 2019

Masculinidades: Arquetipos y Estereotipos


"Masculinidades: Arquetipos y Estereotipos

(Para la traducción en portugués haz click aquí)


Por Lisímaco Henao H.
Psicólogo U. de A. (Medellìn)
Mg. Psicología Analítica (Barcelona)
Analista Junguiano (SCAJ-IAAP)

El paciente se sienta frente a mí y comienza a hablarme de su dolor: durante tres meses ha estado soñando que su padre le pregunta porqué no ha regresado por allí. En el sueño no hay precisión sobre el lugar al que se refiere el padre pero es siempre el mismo reclamo “¿porqué no has regresado?”. El soñante intuye que su padre se refiere a la tierra donde nacieron él y sus hermanos, esa tierra que su padre trabajara con tanto ahínco casi hasta su muerte. Me cuenta que aquella tierra fue dividida entre sus hermanos a la muerte de su padre y él, como casi todos, vendió lo que le correspondió debido a que no tenía tiempo ni vocación para sostenerla.

Ha acudido a terapia llevado por este sueño recurrente, porque despierta con tristeza y piensa que su padre, desde el más allá, le está haciendo un reclamo al que él no puede responder ya. Comenzamos a hablar de su relación con su padre a quien él recuerda como una especie de héroe, un ser que luchó contra todo para sobrevivir junto con una numerosa familia. Luego, remontándose a su infancia, revive recuerdos en los que el padre trata de “volverlo hombre”, incitándole a la fuerza física y al distanciamiento afectivo. Este aprendizaje se torna doloroso pues es castigado el llanto y en cambio estimulado el automaltrato, el llevarse a si mismo hasta el límite, el ser frío frente a la tristeza o convertirse en un ocultador de la misma.

Es evidente que mi paciente ha cumplido con la expectativa del padre. Se ha convertido en un militar de carrera exitoso y disciplinado que comenzó en los niveles más bajos del rango y fue ascendiendo por sus propios méritos, motivos por los cuales exige exactamente el mismo carácter a sus subalternos. Sin embargo algo viene molestándole desde hace mucho: unos celos excesivos hacia su novia que se acompañan de fantasías terribles en las que ella seduce a otros hombres en el trabajo y la universidad. En su fantasía esta mujer no es capaz de mantenerse firme frente a la seducción de otros hombres. Él la desprecia pues de la fantasía pasa a la realidad en que la considera, efectivamente, una mujer débil y sin perspectivas de éxito.

En otro momento discurre sobre su quehacer profesional, habla de cómo su disciplina se transforma a ratos en rigidez, de los dolores de espalda y de la acusación que se le hace a veces en el trabajo, en donde se le trata como a un tirano.
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Este breve recuento me sirve como metáfora para pasar a ustedes algunas imágenes de masculinidad y las emociones que pueden acompañarlas. El término “arquetipo” acuñado en la psicología por C. G. Jung (2003) aparece hoy tanto en el lenguaje corriente como en el especializado, hasta el punto de que alguno podría afirmar que mi paciente se ha convertido en el arquetipo del Héroe: fuerte, disciplinado, frío y luchador, características que han sido coronadas con el éxito profesional. Y es cierto que esta es la imagen heroica que tenemos actualmente: “el hombre que se hace a sí mismo”. Continuamente somos bombardeados con ofertas de seminarios y cursos que ofrecen las claves del éxito. Se publican libros con las leyes, los secretos o los modelos para alcanzar dicho éxito que consiste, básicamente y me disculpo por lo resumido del concepto, en estar en lo más alto de la pirámide o, por lo menos, más alto que otros (esto incluye, por supuesto, los complejos económicos tan importantes en occidente).

Este modelo, aclarémoslo de una vez, se ofrece a hombres y mujeres y seduce a hombres y mujeres por igual, por lo que tal vez estamos hablando realmente de algo arquetípico. Un arquetipo es un órgano psíquico universal que permite a cualquier ser humano percibir el mundo, es decir, es igual en para todas las personas y en todas las épocas y ubicaciones geográficas. Lo que hace este órgano es ordenar nuestras percepciones con base en imágenes. Para explicarlo mejor tomemos como ejemplo el arquetipo del que me ocupo hoy: El Héroe. El mundo que percibimos se nos presenta, en principio, caótico, lo es para cualquier niño o niña, de tal manera que la sobrevivencia depende en grado sumo de la atención de los otros y las otras que están allí cerca. Pero poco a poco va emergiendo un ego que paulatinamente separa y ordena la experiencia, evitando los estímulos desagradables y acogiendo aquellos que sirven al proceso consciente. Poco a poco este ego va sintiéndose libre y autónomo y busca imágenes en su exterior que le ratifiquen la posibilidad de ser cada vez más libre y más autónomo, de hecho para Jung el ego no es más que otro complejo entre muchos, cuyas imágenes básicas se refieren siempre a ideales de autonomías, libertad y racionalidad (Jung, 1994).

Lo que hizo que en ti y en mi, se activara esta búsqueda de imágenes de autonomía y eficacia, fue el arquetipo del héroe; lo que hace que tu ego y el mío sigan buscando cada día alguien a quién seguir o convertirnos nosotros mismos en seres a quienes otros sigan, es el arquetipo del héroe. Ahora bien, volvamos a mi paciente. Su ego naciente encontró en el padre una primera imagen heroica, una imagen acompañada de dos grandes emociones: el amor y el deseo de honrar a ese padre. Porque toda imagen que nosotros acogemos, debo aclararlo desde ya, cobra fuerza y poder en nosotros debido a que viene cargada o la cargamos emocionalmente. Así funcionan el amor, el odio, el desprecio y la admiración, por medio de emociones unidas a imágenes que nos resultan relevantes debido a que un arquetipo les subyace organizando esa experiencia.

Continuando, mi paciente acoge en su ser esta imagen heroica, le duele por momentos porque siente que algo suyo es castigado y reprimido en el proceso, pero la imagen es tan poderosa que se transforma en “la imagen” del héroe en su psique. Luego va a comenzar a ver que en su entorno esta imagen se repite innumerables veces, la ve en las películas de vaqueros, luego en las de romanos, después en los compañeros del colegio y más tarde, cuando comienza a verse atraído por las chicas, descubre que estas buscan más o menos una imagen parecida para emparejarse. Es evidente para él que esta es la forma típica y más adaptativa de comportarse.

¿Pero es esta la única imagen de héroe posible? ¿Acaso el ser la más publicitada por la economía, los medios y la política contemporáneos la hace la más acertada? No es así. Si estamos diciendo que las imágenes heroicas son las que inspiran al ego en su necesaria búsqueda de autonomía, debemos reconocer que muchos egos han realizado un camino válido en la historia sin necesidad de recalcar en la frialdad o el distanciamiento afectivo. Poetas, literatos, filósofos y artistas, gentes del común que conocemos mansos y tranquilos y al mismo tiempo construidos como adultos responsables y con sus buenos momentos de felicidad. Entonces ¿dónde está el equívoco de una sociedad que masifica en torno a valores tan limitados de heroísmo y masculinidad?

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Atlas, Rockefeller Center, New York
Aquí ya nos es necesario recurrir al otro concepto que acompaña el título de esta conferencia: “El estereotipo”. Si dijimos que el arquetipo es universal en tiempo y espacio, ahora tenemos que precisar que su opuesto radical es el estereotipo. Este no es un órgano psíquico como el arquetipo ni mucho menos algo colectivo como él, es apenas una imagen localizada en un tiempo y un entorno geográfico muy definidos. Al tratarse de una imagen acogida por la consciencia colectiva, ella está, como dijimos de la imagen del padre para nuestro paciente, cargada afectivamente. Una emoción la acompaña, una emoción que todos sentimos cuando estamos frente a ella, cerca de ella.

El caso individual nos ayuda a comprender el caso colectivo y viceversa. Por razones amorosas hacia el padre mi paciente comienza a aceptar todas las imágenes análogas de su entorno y su ego se convence de que estas son las mejores y las únicas válidas. En términos colectivos es así también, los alemanes no sólo entendían "cognitivamente" lo que decía Hitler, también le amaban como a un padre y proyectaban en él una gran cantidad de emociones, sobre todo una: la necesidad de protección (necesidad que se proyecta en todo héroe). En mi paciente como en todos nosotros, el arquetipo del héroe necesitaba una imagen y él la encontró en este padre y en todos los del entorno que se le parecían. Así mismo el pueblo alemán, tenía activado el arquetipo del héroe protector y salvador, encontrando efectivamente una imagen afuera.

Estas imágenes no emergen, empero, de la noche a la mañana. Así como en mi paciente la imagen heroica se fue construyendo con los gestos, las palabras, el tono de voz y la forma de relacionarse del padre con otros y con la naturaleza, así mismo en el colectivo la imagen va emergiendo paulatinamente y es aquí donde podemos encontrar a los profesionales de la imagen, los cuales se especializan en transformar la posibilidad simbólica y plurisignificativa del arquetipo en un signo, en una única vía, en un estereotipo. Se trata de asesores de imagen, publicistas e incluso psiquiatras y psicólogos, que suelen acompañar a estas personas que al cabo de un tiempo terminan encarnando dicho estereotipo. En cuanto a esto es útil recordar que Hitler, por ejemplo, tenía un equipo encargado de asesorarlo incluso en la forma que debían tener los desfiles y los sonidos que los debían acompañar, todo ello para conectar a Hitler con los miedos y las necesidades más profundas del pueblo alemán, pero aún más, para conectar a ese colectivo con el trueno, el fuego y la ira del antiguo dios nórdico Wotan, con lo cual se cierra el círculo sobre la psique, invocando incluso una imagen mítica colectiva (Jung, 2001).

Es muy interesante observar que en mi paciente mucha afectividad fue desalojada de la psique para poder imitar el modelo, hasta el punto en que la única manera como su alma puede hacer que se detenga, que consulte a un terapeuta y se pregunte si de verdad la vida es sólo lo que ha construido hasta ahora, el único obstáculo al que él se ve obligado a atender, sea la presencia en su vida de lo femenino, del amor. Esto es así en muchos mitos y en la literatura. El héroe avanza sin ningún tropiezo hasta que aparece la princesa, el fenómeno natural o la serpiente, imágenes todas ellas de lo femenino, frenando así su aceleración titánica por medio de pruebas y acertijos. Hasta ahora el mecanismo que ha utilizado mi paciente es el de evitar las relaciones realmente profundas pero esta vez parece haberse enamorado, es la fatalidad del amor, aunque yo prefiero decirlo así: es el amor como la única fuerza capaz de movilizar el pétreo cascarón que el ego construye, con base en los repetitivos y empecinados estereotipos.

En lo colectivo puede uno observar cómo, con gran inteligencia, los líderes estereotipados del mundo, estos héroes colectivos, logran, con base en los consejos de sus asesores o en su propia inteligencia, incluir algunas frases y gestos amorosos en su vida pública, salvando de esta manera un sentimiento tan básico y del cual sus seguidores también necesitan. Es decir, captan no sólo el miedo y la inseguridad de su pueblo ofreciéndoles la imagen de un hombre fuerte, un héroe protector contra las amenazas externas e internas (amenazas a las que, dicho sea de paso, también se les hace mucha publicidad para poder tener al peligro presente y por lo tanto al miedo), sino también la de un hombre amoroso que carga a los niños, que llora, que ora frente a imágenes religiosas, es decir, un ser tierno y bondadoso; con ello parecen calmarse las necesidades de conexión afectiva reprimidas por el pueblo y por el líder, en aras de conseguir la protección y seguridad anheladas.

Cuando el pueblo alemán despertó del encantamiento de esta imagen estereotipada, descubrió con terror todo lo que había apoyado. Alemania está llena de monumentos y museos que muestran el horror del holocausto nazi, como queriendo mantener presente el recuerdo de todo ello para evitar volver a caer en él. Según afirma Jung, cuando un alemán por amor al líder señaló a su vecino judío, estaba respondiendo a la activación en él de un componente psicopático que todos llevamos dentro, algo también arquetípico que está dispuesto en nosotros a lo peor y frente a lo cual debiéramos andarnos con cuidado. Todos podríamos afirmar que jamás haríamos algo tan terrible como enviar a nuestro vecino a un campo de concentración, pero cuando tenemos nuestros afectos involucrados en un estereotipo todo es posible. Para poner un ejemplo de otro tópico, hace unos años en Bogotá una adolescente se suicidó porque sus padres no le compraron la boleta para ver a su ídolo Justin Bieber. Así que vale la pena preguntarnos por la cantidad de energía psíquica, de afecto, que nosotros invertimos en algunas figuras colectivas, vale la pena cuestionar, reflexionar para no caer presas de la fuerza inconsciente de las emociones. Ya sabemos que la guerra funciona no tanto por los soldados involucrados en ellas, sino aún más, por los civiles señalando con el dedo a quienes unos días antes, eran simplemente conocidos.

Pero no soy ingenuo y no pretendo que ustedes lo sean. No es fácil liberarse de un estereotipo. A la mayoría de los alemanes les costó más de quince años hacerlo y algunos nunca lo lograron, el neonazismo existe no solo en países germánicos y algunos siguen adorando a Adolfo Hitler. Y no es fácil porque, repito, nuestros más profundos afectos se ven involucrados y porque la imagen que se ofrece, tiene su propio poder debido al arquetipo que le subyace. En otras palabras: todos y todas, sin excepción, necesitamos héroes, los necesitamos desde dentro, desde lo más auténtico que somos, incluso desde nuestra biología, desde nuestros instintos, pues todos aprendemos por imitación. Coherentemente con esto, si la cultura, si la consciencia colectiva nos ofrece sólo una imagen que se repite innumerables veces, un estereotipo, será esta la que sigamos irracionalmente, disfrazándola, eso sí, de racionalidad, pareciera que somos capaces de explicar racionalmente porqué nos gusta tal o cual personaje, pero jamás podremos explicar porqué llegamos a tales emociones por él, o a actos de los cuales podríamos incluso arrepentirnos un día.

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Monumento al poeta Pepe Ledezma, Salamanca
España
Quizás romper con un estereotipo necesite mucho tiempo. Así como mi paciente tendrá que pasarse unas cuantas horas moviendo su alma por muchas imágenes y emociones, para encontrar aquellas que le permitan amar sin miedo y con fe a esa mujer que ha elegido, volviéndose amorosamente hacia lo femenino que también pide un espacio en su psique, quizás también la cultura occidental o cada país latinoamericano o cada familia, tendrá que aceptar paulatinamente otras formas de heroísmo, menos destructivas con la naturaleza del planeta y con la naturaleza del alma que es múltiple, variada y diversa. Quizás algún día podamos tener en las grandes plazas de nuestras ciudades, la estatua de un poeta o de un literato y no necesariamente la de un militar (o quizás podamos tener otro tipo de militares más enfocados en la paz que en la guerra). Para ello tendremos que mover nuestras almas por las imágenes del miedo y la inseguridad, poniendo imágenes de confianza y fe en que lo distinto no es negativo por si mismo, aceptando la diversidad de imágenes dentro y fuera de nosotros, de nosotras.

Quisiera terminar aludiendo a una imagen en particular, una que en mi opinión condensa lo que hemos construido en términos heroicos y, en general, de la masculinidad hegemónica en Colombia y quizás en todo Latinoamérica. Estas reflexiones se encuentran desarrolladas en un libro de mi autoría que, como resultado de un proceso de investigación, fuera publicado por la editorial de la Institución Universitaria de Envigado (2009). El personaje al que me refiero no es otro que el Coronel Aureliano Buendía, pues me parece que Gabriel García Márquez ha captado, como todo verdadero artista, una imagen realmente colectiva. El Coronel no sólo responde a las características básicas del arquetipo del héroe, sino que condensa todo lo que se ha convertido en conducta estereotipada, para aquellos que aspiran a ser reconocidos como hombres o como héroes dentro de la masa latinoamericana. Simplemente voy a enunciar la descripción que hace Gabo del personaje y a desglosar a continuación las características fundamentales en él vertidas, para dejar a ustedes la tarea de aplicar la reflexión que propongo sobre el estereotipo y dejar abiertas las preguntas sobre cómo abrirnos a otras imágenes aprovechando los medios individuales y colectivos de los que disponemos.

"El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a una carga de estrecticina que habría bastado para matar a un caballo. Rechazó la Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la república. Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre más temido por el gobierno, pero nunca permitió que le tomaran una fotografía. Declinó la pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller en Macondo. Aunque peleó siempre al frente de sus hombres, la única herida que recibió se la produjo él mismo después de firmar la capitulación de Neerlandia que puso fin a casi veinte años de guerras civiles. Se disparó un tiro de pistola en el pecho y el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital. Lo único que quedó de todo eso fue una calle con su nombre en Macondo." (García Márquez G. 1975 p. 92)



Características básicas del estereotipo:

1.    La imposibilidad de aceptar el fracaso, es decir, la insistencia titánica y destructiva en la conducta aprendida, también la imposibilidad de contener el instinto (en este caso un instinto territorial) o el deseo de poder.

“El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos”

2.    La reproducción ciega que suplanta a la creatividad en este tipo de modelos simbolizada en el número de hijos, y en el hecho de que todos llevaban el mismo nombre. Aquí también podríamos observar la la imposibilidad de contener el instinto y una gran dificultad para tomar en cuenta a lo femenino y sus límites, una imagen que se convierte en dolorosa literalidad cuando las mujeres se convierten en botín de guerra o en simple objeto para demostrar poder y triunfo sobre el enemigo.

“Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años.”

3.    La búsqueda de experiencias de riesgo que confirmen la propia imagen de poder y el descuido del cuerpo, ambos símbolos de un gran desprecio por lo femenino, es decir, por la vida y la naturaleza de las cosas en general.

“Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a una carga de estrecticina que habría bastado para matar a un caballo.”

4.    El poder como hegemonía, como autosatisfacción y como forma de imponerse sobre los otros y las otras del medio.

“Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre más temido por el gobierno.”

5.    El rechazo a cualquier imagen que le recuerde el fracaso, el cual es subyacente a la experiencia normal de vivir, pero que para este estereotipo es una afrenta a la identidad así construida.

“Declinó la pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller en Macondo. Aunque peleó siempre al frente de sus hombres, la única herida que recibió se la produjo él mismo después de firmar la capitulación de Neerlandia que puso fin a casi veinte años de guerras civiles.”

6.    El deseo de inmortalidad que nos llega desde los héroes griegos y que, en cierta medida es positivo pues necesitamos modelos, pero que como he sostenido en esta conferencia, se vuelve destructivo cuando se construye dicha inmortalidad en detrimento de la vida de otros y no en el servicio a la vida en general.

“Lo único que quedó de todo eso fue una calle con su nombre en Macondo.”



OBRAS CITADAS:

García Márquez G. (1975). Cien años de soledad. Barcelona: Círculo de lectores.
Henao L. (2007). Ser Hombre: Imágenes arquetípicas de masculinidad en Cien años de soledad. Envigado: Institución Universitaria de Envigado.
Jung C. G. (1994). Los complejos y el inconsciente. Barcelona: Altaya
Jung C. G. (2001). Civilización en transición (O.C. Vol 10) Madrid: Trotta
Jung C. G. (2003). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (O.C. Vol 9/I) Madrid: Trotta