jueves, 22 de marzo de 2018

LA BRUJA, Leyenda y arquetipo (fragmento)


Carácter universal del tema de la bruja.

Por Lisímaco Henao Henao
Extracto de la tesis "El retorno del Eros, el tema de la bruja como imagen de lo femenino inconsciente" (Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia, año 2000), próxima a publicarse como libro.

Existe en diversos lugares del mundo, especialmente en las áreas rurales, un conjunto de leyendas cuyo personaje principal recibe convencionalmente el nombre de “bruja”. La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana habla de antiguas tradiciones persas acerca de reuniones y asambleas de mujeres que se realizaban especialmente en montañas o bosques. Pero en general se considera que, en la tradición occidental, las brujas están emparentadas con las lamias griegas:

“Las brujas tienen sus precedentes en las lamias de la antigua Grecia, mujeres fabulosas que devoraban a los niños, o que chupaban su sangre, como las striges o sagas (arpías) latinas, transformadas en aves, perros, ratones y moscas.” [1]

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Carl Spitzweg, Vuelo de brujas, 1875 c.
Encontramos una referencia antigua a las brujas y a la creencia de que pueden volar en un documento que data del año 315 D.C. , expedido por el Concilio Ancirano o Romano, que imponía penas a aquellas mujeres que “creyesen o profesasen que por la noche son llevadas en volandas cabalgando en bestias y corriendo largos espacios de tierra con Diana, diosa de los paganos o con Herodías y muchedumbre de mujeres, y que en ciertas noches son llamadas a servirla.”[2]. En este documento podemos observar cómo la leyenda de las brujas, se mezcla con el interés de la iglesia romana de defender sus intereses contra los rezagos de antiguas religiones. Sin embargo, al parecer estas viejas imágenes se negaban a desaparecer:

“En el siglo X era vulgar la conseja de las mujeres que, seducidas por ilusiones diabólicas, viajaban con Diana, cabalgando en brezos yéndose a juntar en apartadas tierras para honrar a la diosa, fábula contra la que se indignó el abad Regino y contra cuya profesión el obispo Burcardo imponía la excomunión en el siglo XI.”[3]

A partir del siglo XIV, la iglesia católica empieza a considerar la brujería como una secta satánica, aplicando contra sus seguidores la pena de muerte. Las torturas, confesiones forzadas y ejecuciones, especialmente por medio de la hoguera, hacen parte de la historia europea hasta 1793, año en que se registra (oficialmente), la última ejecución en Suiza. (La terrible costumbre llegó a Norteamerica a fines del siglo XVII, ejecutandose con especial rigor en el estado de Massachusetts[4]). Alemania, España e Inglaterra, se disputan el primer puesto en número de mujeres quemadas por esta acusación. Aberlé, un autor citado por la Enciclopedia, relaciona la brujería con la antigua mitología germana y escribe:

“Mas brujas fueron quemadas en Alemania que herejes en España, durante siglo y medio.”[5]
.
Pero, ¿quiénes eran las brujas?. La Encilopedia recoge, de la historia, dos grupos de características. Del primer grupo sobresalen las siguientes:

“...bruja era la mujer que hacía mal a otra, la que mostraba intento dañino, la que miraba de reojo, la que salía de noche, la que cabeceaba de día, la que andaba triste, la que reía con exceso, la disipada, la devota, la espantadiza, la valerosa y grave, la que confesaba, la que se defendía.”[6]

Otras características se agrupan así:

“Las brujas gozan del poder de causar mal de ojo y de curar ciertas enfermedades; poseían el conocimiento de sucesos lejanos, los secretos de las ciencias y artes, hablaban diversidad de lenguas y hacían otras maravillas semejantes a las del espiritismo moderno.”[7]

Imagen relacionada
"Diana y sus ninfas después de la caza" por Jan Brueghel El  Jóven.
¿Qué podemos inferir de estas caracterizaciones?. Que bruja podía ser cualquier mujer, especialmente aquella que daba muestras de poseer características no aceptadas culturalmente tales como el contacto con lo mistérico y la sabiduría que confiere el conocimiento de la naturaleza. Hay que destacar que el conocimiento de plantas y raíces curativas que hoy son base de la farmacología, fue descubierto por estas mujeres.

Estaba en juego lo Femenino expresándose en las mujeres, a través de algunas cualidades que, supuestamente, estaban reservadas para los hombres tales como curar enfermedades, interesarse en ciencias y artes o simplemente dar muestras de cierta autonomía (salir de noche, reír en exceso, andar triste, etc.)

En las brujas se proyectó toda la negatividad que, por no ser reconocido, produce lo Femenino en el hombre en su relación con las mujeres, de esta manera se trató de obviar la verdad quemando a aquellas que la mostraban.

Antes de pasar a revisar la tradición que existe en Colombia sobre la brujería, finalicemos con una frase, que expresa representaciones de lo Femenino que, en algunos casos, concuerdan con los discutidos al final del capítulo anterior:

“En las brujerías no hay distinción, ni grados, ni cuerpo de doctrina, ni rito, ni ley alguna; todo era personal, interno y extravagante; una algarabía de mujerzuelas que rezaban, oían misa, comulgaban (un autor contemporáneo dice que recibían la hostia debajo de la lengua) y que no dejaban de vivir en paz con sus maridos.”[8]








[1] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1968 p. 1072. Según la Enciclopedia, las características de convertirse en animal se conservan en todas las creencias europeas posteriores, en las que luego se fueron agregando otras como volar tras untarse con una pomada mágica, realizar la misa negra junto a Satanás y el ritual mismo de convertirse en bruja o aquelarre. Todos estos elementos, como veremos, se encuentran presentes en la leyenda colombiana.
[2] Id. P. 1074
[3] Id. P. 1072
[4] Id. P. 1072
[5] Id. P. 1074
[6] Id. P. 1073
[7] Ibid. Las cursivas son mías.
[8] Id. P. 1073

miércoles, 21 de marzo de 2018

LO MASCULINO

 (En días de reflexión sobre lo masculino, los hombres y las mujeres).

¿Cómo integrar lo masculino nos protege contra el fanatismo y la alienación?
Lo Masculino (eso que Jung llamó el Arquetipo del Ánimus) va mucho más allá de las estereotipadas posturas externas que nos dijeron había que asumir para “ser hombres”, es una fuerza interior en hombres y mujeres que nos lleva a establecer órdenes necesarios sobre la vida misma. Así, mientras que Lo Femenino es la fuerza que une (el Eros), Lo Masculino es el Logos que diferencia, constituyéndose así en la otra mitad de la unidad de todo lo vivo.
Conectarnos con lo masculino implica la aceptación de nuestro ser como algo diferenciado de la naturaleza, en diálogo permanente con el instinto y lo irracional ya que "diferenciado" no significa "separado radicalmente", se trata de un trabajo duro pero realizable en la medida en que se establecen límites claros frente a la tendencia natural a la inercia y al no-cambio.
Conectarnos con Lo Masculino implica la capacidad de proteger lo mejor de la civilización teniendo la fuerza necesaria para luchar contra los elementos que amenazan a la humanidad como tal. Es fácil caer en procesos deshumanizadores cuando somos arrastrados por lo colectivo, por una unificación desbordada que conduce a fanatismos en todos los niveles. El Ánimus nos protege de caer en la masa irreflexiva y fanática pues nos muestra que "estar cercanos" es muy diferente a ser arrastrados.
Integrar Lo Masculino nos permite diferenciarnos de nuestro pasado, de nuestros padres y sus malos entendidos, de los malos entendidos sobre el patriotismo, la masculinidad, la guerra o la paz, porque allí donde reinan las “obligaciones de grupo”, lo Masculino dice: “revisemos qué es lo que nos une verdaderamente” ó “qué es defendible y qué no” ó “qué es razonable y qué no”.
Conectarnos con Lo Masculino es encontrarnos cada día con las regulaciones construidas en el proceso de hacer alma consciente, para cumplirlas aunque nos impongan límites, para transmitirlas coherentemente a las nuevas generaciones y para revisarlas y cambiarlas cuando sea necesario, es decir que, paradójicamente con respecto a lo dicho arriba, desde los masculino también podemos cambiar esos elementos de la civilización que ya no funcionan, renunciar.
Conectarnos con Lo Masculino es, finalmente, vivir la luz clara y definida (sol), esa que nos permite asomarnos veraz y críticamente a las claridades construidas, sin temor a ubicarnos junto a la variedad tonal que nos ofrece la luz tenue (luna) de Lo Femenino. Porque entrar en relación con Lo Masculino hará en nosotros un lugar para la diferencia y para la diferenciación de aquello que se nos muestra “en bloque”, como “unidades de criterio” no siempre suficientemente analizadas. Lo Masculino nos puede dar, a hombres y mujeres, la capacidad de co-crear un mundo nuevo con perspectivas claras, con la necesaria sensación de permanencia y continuidad en relación con el tiempo, el espacio, lo colectivo y lo individual de manera clara y diferenciada.
Lisímaco Henao Henao.
Borradores en preparación de un artículo para la revista de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay.

La imagen puede contener: montaña, cielo, nube, exterior y naturaleza

martes, 6 de marzo de 2018

Anima y Animus, lo femenino y lo masculino, las mujeres y los hombres.

EN DÍAS DE REFLEXIÓN DESDE LO FEMENINO Y LAS MUJERES... Esta provocación para un café con lo masculino y los hombres.
(Recuerda que todos los videos publicados aquí los encuentras en https://www.youtube.com/c/CasaJungMedellin)


A veces se plantea que podemos considerar a la mujer y al hombre como calcos directos de lo femenino y de lo masculino respectivamente, sin embargo la psique y la sociedad van complejizando cada vez más las vivencias hasta hacer improcedente cualquier simplificación con respecto a lo esencial de esas categorías. Como pionero y hombre de su tiempo, Jung abrió el camino expresando algunas opiniones que hoy son discutidas por analistas como Polly Young Eisendrath, Verena Kast y James Hillman, no obstante sus premisas siguen siendo la base de importantes hallazgos sobre nuestra relación con el mundo, con los otros, las otras y con nosotros mismos. Es tremendamente importante que los que hoy trabajamos sobre las ideas del maestro de Zurich, continuemos indagando sobre lo masculino y lo femenino como arquetipos, pues encontramos a cada paso discursos en los que se sigue confundiendo lo femenino con lo que hacen las mujeres y lo masculino con lo que hacen los hombres. Esto a la larga genera una confusión igual a la que se quiere combatir desde el gran proyecto de hacer alma.
Lisímaco Henao Henao. Analista Junguiano SCAJ - IAAP