domingo, 29 de noviembre de 2015

El concepto de REALIDAD PSÍQUICA y la realidad del Alma.

El concepto de REALIDAD PSÍQUICA y la realidad del Alma.
Es imposible comprender eficazmente a Jung si no captamos suficientemente los alcances de su concepción de la "realidad psíquica". Para el mismo Freud fue fundamental el hallazgo de que muchos de los momentos traumáticos infantiles relatados por sus pacientes podían no haber sucedido nunca, pero que la construcción mental que permanecía como "recuerdo" (interpretación) o sensación en ellos era suficientemente efectiva y compleja como para generar una neurosis. Jung fue más lejos aún y propuso que la efectividad y el realismo de las imágenes mentales era la base misma del mundo, afirmando que "la psique crea la realidad día a día mediante la imaginación". La materia existe por supuesto, y la hemos fragmentado hasta el infinito, pesado y medido, pero incluso en los grandes descubrimientos científicos sobre la materia, nuestra psique está presente como único lugar posible para las representaciones sobre esos descubrimientos: la bomba atómica es el resultado de una psique que se representa la división del átomo como posibilidad de deshacerse de otras psiques, de otras maneras de psiquear el mundo.
De esta manera Jung fue más allá de la psicopatología y la terapia individuales, las cuales hacen evidente que enfermamos a partir de nuestras construcciones subjetivas sobre lo que nos rodea, planteando un punto de vista más amplio que nos muestra que un "mundo enfermo" puede ser la creación de una psique enferma.
El concepto de realidad psíquica da además un punto de partida para plantear la realidad de la psique misma, del alma, no como "el resultado de secreciones cerebrales o glandulares", sino como una entidad viviente y real, imposible de ubicar espacial o temporalmente, pero presente en todo proceso individual y colectivo: el alma es, entonces, tan original como la materia, y eso eliminaría la pregunta sobre qué fue primero; psique y cuerpo están unidos, el cuerpo es la evidencia finita de la existencia del alma que se lo representa durante algunos años en este mundo.
Transcribo a continuación un párrafo que remata con un ejemplo sencillo ¿es mas real el miedo al fantasma de mi padre que el fuego que me quema?.
"En el fondo, estamos tan inmersos en nuestras imágenes psíquicas que no podemos penetrar la naturaleza de las cosas que nos son exteriores. Todo lo que llegamos a conocer no está formado más que de materiales psíquicos. La psique es la entidad real en grado sumo, puesto que es la única inmediata. En esta realidad, en la realidad del psiquismo, es en la que el psicólogo debe apoyarse. Si queremos ahondar más en esta última noción, pronto veremos que ciertas representaciones o imágenes emanan de un mundo reputado físico, del que nuestro cuerpo forma igualmente parte, mientras que otros provienen, sin que por ello sean menos reales, de una fuente llamada espiritual, aparentemente distinta del mundo físico. Imaginar el coche que deseo comprar o el estado en que se encuentra de momento el alma de mi padre fallecido, irritarme por un obstáculo exterior o por un pensamiento íntimo, forma parte, psíquicamente hablando, de una misma realidad. La única diferencia es que en un caso las representaciones o sentimientos se relacionan con el mundo de las cosas físicas y en el otro con el mundo de las cosas espirituales. Si desplazo mi noción de realidad y la centro en la psique,
entonces sólo esta noción está en su puesto y el conflicto entre la Naturaleza y el Espíritu como principios explicativos se resuelve por sí mismo. Naturaleza y Espíritu no son ya en tal caso sino las designaciones de origen de los contenidos psíquicos que se concentran en mi conciencia. Cuando una llama me quema, no dudo ni un instante de la realidad del fuego. Pero cuando temo la aparición de un fantasma, me refugio al abrigo del pensamiento de que no es más que una ilusión. Ahora bien, el fuego es la imagen psíquica de un proceso objetivo cuya naturaleza física, en último análisis, no es desconocida; del mismo modo, mi miedo al fantasma, imagen psíquica de un proceso mental, es tan real como el fuego, y el temor que siento, tan real como el dolor originado por el fuego. La operación mental a la que se reduce, en último término, el miedo al fantasma me es tan desconocida como la naturaleza última de la materia. No se me ocurre explicar la naturaleza del fuego de otro modo que por nociones químicas y físicas; tampoco se me pasa por la cabeza explicar mi miedo al fantasma de otro modo que por factores psíquicos."

En "Los Compejos y el Inconsciente", cap 1. Ediciones Altaya, Barcelona 1994. 
También (otra traducción), en "La dinámica de lo inconsciente" O.C. Vol 8, cap 13. Editorial Trotta, Madrid, 2004

Fanatismo vs. reflexión... sobre lo peligrosos que somos los "normales".

Fanatismo vs. reflexión... sobre lo peligrosos que somos los "normales".
Jung afirmaba que la tendencia a reflexionar tiene su base en un instinto puramente humano. En épocas de fanatismos o de profundo dolor, es muy peligroso ser reflexivos públicamente. Los (las) que reflexionan suelen ser tildados de tibios o negativamente imparciales. Latinoamérica y Colombia viven tiempos así y puedes perder amigos cada día, si en vez de aplaudir impulsivamente cualquier posición de derecha, izquierda, centro etc.,, planteas preguntas sobre la humanidad dentro de esas posiciones (una cosa que pasa también en temas teóricos y relacionales de cualquier tipo).
La filósofa Hannah Arendt, una judía exiliada en Estados Unidos, analizó al criminal nazi Adolf Eichmann (capturado en Argentina y juzgado en Israel), y afirmó que este no era un demonio o un loco, sino alguien "terriblemente normal", uno de tantos que no cuestionan su realidad y simplemente la viven empujados por el destino colectivo.
Recientemente vi la película "Hannah Arendt" y me dispongo a leer su libro "Eichmann en Jerusalén. Sobre la banalidad del mal", que al parecer es un magnífico tratado sobre el arquetipo de la sombra, esa fisura en el ser por la que se puede colar el mal, es decir, un fenómeno sumamente normal, arquetípicamente normal, del cual sólo podremos librarnos (en parte), ejercitando nuestro instinto de reflexión.
Te invito a leer un artículo en el que se nombran las recientes críticas que se han hecho a la filósofa y que invita a leer sus obras e informarse sobre el contexto en el que fueron escritas. Una filósofa necesaria, si queremos comprender nuestra capacidad de hacer daño y sin embargo sentirnos validados completamente, incluso sentirnos virtuosos por ello.
Me quedo con este párrafo:
"La filósofa dibujó un minucioso retrato de Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia, y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la ideología nacionalsocialista y a aplicarla hasta el final. “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único”. El Eichmann de Arendt es un hombre que, engañándose y convenciéndose a sí mismo, está persuadido de que sus sangrientas acciones manifiestan su virtud."


viernes, 20 de noviembre de 2015

Psicoterapeutas y Analistas ¿Nacen o se hacen?

Psicoterapeutas y Analistas ¿Nacen o se hacen?

La psicología tiene muchos campos de aplicación, algunos sentimos el llamado fuerte e ineludible hacia el campo del cuidado del alma mediante el análisis o la psicoterapia. En cuanto a la psicoterapia hay que aclarar que ninguna universidad forma psicoterapeutas (mucho menos psicoanalistas), este es un camino que, antes que nada, es vocación, llamado, un algo que te tira desde dentro y que puedes rastrear en tu biografía desde la infancia. La voz interior se expresó como pequeños empujones en la corriente de la vida que te llevaron a acciones que siempre tendieron hacia el servicio, la conexión con otros y el interés en la vida interior. Todos tienen una vida interior, pero el terapeuta sintió desde muy temprano en su vida la necesidad de tomarla en serio, de saber y hacer algo de ella; también es cierto que desde muy temprano se dio cuenta de que ese mundo de imágenes y emociones no resultaba siempre agradable o fácilmente llevadero. Así que no, no se trata de niños iluminados o adolescentes místicos (casi toda adolescencia tiene un período de alguna manera místico y todo niño es mágico), se trata de personas tremendamente impactadas por lo que dentro se movía y que no pudieron, como tantos otros, simplemente evadirse mediante la adaptación, quizás fueron incluso un poco desadaptados, quizás lo sigan siendo siempre (Aquí remito a un artículo que escribí hace un año "¿Los psicólogos estamos locos?").

Un llamado como este requirió encontrar vías para expresarse, se formaron grupos o se internó uno en lecturas o conversaciones con algún mentor que pudiera informarle de la pertinencia de dedicarse a contestar a esa voz. Es cierto que la psicoterapia y el oficio del psicoanalista se basan en el arquetipo del Sanador-Herido, pero también el sacerdocio en todas sus formas, el trabajo social, la medicina, la angelología, el curanderismo, el chamanismo, etc., etc., etc.; es así como muchos respondieron a esa voz mediante esas disciplinas y oficios. Otros en cambio encontramos la psicología. La universidad nos mostró los diversos caminos que siguieron los antecesores para responder al llamado, lo cual tiene una importancia enorme: al abrir los libros de Freud, Jung, Lacán, Erickson, Klein, Maslow, Allport, Perls, Luria, etc., descubrimos asombrados la dedicación, el rigor y la pasión con que abrieron camino y se entregaron a la tarea de responder a la vida que palpita en cada alma y en el alma colectiva; pero conocerlos también nos da el conocimiento de los diversos aspectos de la psique involucrados en las vivencias más cotidianas.

Hasta ahí la labor de la universidad fue enseñarnos las preguntas fundamentales de los investigadores acerca de el alma, pero además nos inspiró a hacernos nuevas preguntas. En cuanto a la formación en psicoterapia y psicoanálisis, esta nos exige mucho más, ir primero que todo a nuestro propio proceso, internarnos con un compañero experto en nuestros propios conflictos, en esas luces y sombras que habitamos y nos recorren, para poder comprender sin juzgar a quienes luego nos buscarán como compañía. En segundo lugar es ir más allá de lo que académicamente puede hacer una universidad, como el colegio, ella nos muestra la diversidad de opciones, pero la profundización teórica está en nuestras manos. La Universidad nos ofrece unas prácticas, es cierto, y estas pueden ser un buen cedazo para filtrar la vocación, allí podemos hacer una primera evaluación acerca de si el campo tearapéutico es realmente el nuestro, pero es en realidad el inicio, el punto de partida. Los años siguientes a la graduación definen el verdadero interés, al poder o no, necesitar o no, enfocar nuestra energía en el proceso personal y en los estudios teóricos de profundización en esa línea psicológica que nos tocó vitalmente en los estudios de la carrera.

También es cierto que algunas personas avanzan más rápido que otras pero eso ni siquiera tiene que ver con la inteligencia, es algo más que quizás se refiera a la naturaleza de cada uno y de su propio camino. Los giros, demoras y accidentes no carecen de sentido, pero lo que define a un alma terapéutica es la seriedad y amplitud con la que acoge las vicisitudes del alma propia y de otros (comprensión), lo cual le lleva a invertir los recursos que sean necesarios en su formación.

Recientemente alguien preguntó porqué tiene uno que estudiar psicología para ser psicoterapeuta si tantas personas tienen la habilidad terapéutica y pueden aplicarla con éxito sin pasar por la universidad. Respondí que era cierto que estudiar psicología no garantizaba nada, que hasta las tesis de grado se han "pirateado" y algunos psicólogos hacen unas barbaridades éticas y morales terribles, pero que, no obstante, se trata de una de las ofertas que como sociedad hacemos a algunos individuos y que recibir el título en medio de una comunidad que le da sentido impone también una responsabilidad frente al desempeño del rol. Sumé a mi respuesta el asunto que mencioné más arriba sobre la importancia de revisar los caminos de los antecesores, así como de percibir la pasión de los maestros y la seriedad en todo ello. Así que es posible que la universidad no garantice mucho, pero sí nos enseña mucho sobre las preguntas, regula un saber y nos da herramientas para poder reclamar a los profesionales por el desempeño de su labor. Y esto no es una cuestión de las sociedades occidentalizadas solamente, hay que ver que hasta en el chamanismo tradicional se exige un camino, una enseñanza tradicional, unos maestros, una práctica consigo mismos y una ceremonia "de certificación" (el ritual de paso definitivo al nuevo rol).

Y la pregunta final ¿cuándo termina la formación de un psicoterapeuta?, con la muerte (no tenemos certezas de si se sigue aprendiendo después, hay quien dice que sí). El proceso es interminable porque como coincidieran en decir tanto Freud como Jung, cada paciente inventa de nuevo todo el proceso. Además el alma no para de sorprendernos nunca, no deja de producir nuevos contenidos o de redimensionar los antiguos, por ello el proceso personal continúa y cada paciente puede señalar lo no visto aún, en la psicología, en él o en nosotros. En realidad siempre tendremos el carácter de "iniciados".

CODA:

Aclarar que en el llamado "psicoanálisis clásico", los formandos no requieren un título de psicologos pues los carteles y grupos de formación ofrecen las bases teóricas necesarias. En la escuela junguiana, aún se exige el título bien sea de psicólogo o de psiquiatra, más los cursos de formación específica en psicología analítica, para poder acceder a la certificación como analista. Ambos caminos exigen un análisis personal exhaustivo y una supervisión de casos con un analista autorizado para ello.
En Colombia existe ya la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos, que comienza a impartir cursos de formación teórica y es puente para la formación práctica de los futuros analistas.  

Lisímaco Henao H.
Psicólogo - Analista junguiano IAAP.
Noviembre 20 de 2014


lunes, 9 de noviembre de 2015

¿Qué puede hacer la chica que ha sido encerrada por Barba Azul? Las luchas del ánima: Una teoría y un ejemplo.


Por Lisímaco Henao H. © 

El cuento nos dice que ella entra en conflicto entre la obediencia y el deseo de conocer lo que se le ha ocultado. En muchas narraciones en las que aparece una gran prohibición es la mujer la que transgrede, dando lugar a singulares consecuencias (por poner sólo dos ejemplos: Eva y Pandora). En esas narraciones la mujer simboliza "lo femenino", el ánima de la humanidad siempre curiosa e inconforme con lo establecido, por ello interpretar que esas narraciones se refieren al papel exclusivo de la mujer o de su psicología específica es una falta de consciencia simbólica, de visión hermenéutica.

Muchos hombres han desarrollado este femenino curioso e inconforme, produciendo grandes transformaciones en la vida colectiva, son inventores y revolucionarios de toda índole a quienes recordamos de cuando en cuando, así mismo, son muchas las mujeres cuya consciencia se expresa a través de la pregunta ¿y si fuera de otra forma?. A ellas, en muchas ocasiones, esta expresión creativa se les dificulta e incluso es impedida por entornos en los que la curiosidad femenina es temida y maltratada, cuando su inteligencia, que podría llevar a la liberación creativa de muchos, resulta sospechosa para quien se cree exclusivo dueño del poder, lo que ocurre entonces, es que la mujer introyecta estas actitudes hacia su propio femenino debido al deseo de encajar o de ser amada, de manera que, en adelante, será algo en ella misma quien se encargará del maltrato y el castigo. Este estado de cosas es simbolizado en el cuento de Barba Azul por una chica que en uno de los grandes momentos evolutivos del ser humano (la adolescencia), es recluida por su marido en un castillo lleno de maravillas pero sujeta a una gran prohibición. Al no poder contener su curiosidad, nos dice el cuento, ella transgrede la prohibición y entra en contacto con la realidad de la muerte y con el peligro que le acecha si no transforma su destino. El marido simbolizaría al arquetipo del ánimus ("lo masculino") en su estado más negativo, es decir, lo masculino cuando su capacidad de poner límites se polariza y se expresa como rigidez y miedo al cambio. Este ánimus es quien actúa desde el interior coartando la expansión de lo femenino.

El 9 de noviembre se conmemora el nacimiento de una mujer bella y transgresora considerada la más hermosa de la historia del cine mundial, quien protagonizó el primer desnudo, el primer orgasmo y la primera infidelidad de una mujer en la pantalla. Su nombre era Hedy Lamarr (Austria 1914 - E. U. 2000), y la película se llama "Éxtasis" (1933), la cual fue censurada por las "Ligas de la decencia" en E. U. y por el papa Pío XI. Pero lo más interesante de todo esto, es que tras la película un hombre poderoso, quien proveía de armas a Hitler y a Mussolini, se enamoró perdidamente de ella y presionó a sus padres para que se la entregaran en matrimonio. Este hombre la encerró en su mansión tras intentar hacer desaparecer todas las copias de la película. Ahora volvamos a la pregunta inicial ¿Qué puede hacer la chica que ha sido encerrada por Barba Azul?.

Hedy había sido considerada desde pequeña como una superdotada y aprovechó el encierro para adelantar estudios de ingeniería, así como para informarse sobre nuevas tecnologías con los clientes y proveedores del marido. Luego, con la ayuda de una asistenta, huyó de la casa, vendió sus joyas y, cambiando su nombre de pila por el que hoy conocemos, regresa a E. U. donde protagoniza películas como la famosa "Sansón y Dalila" (es llamativo que haga esta película sobre una historia que gira en torno a la imagen de lo femenino que puede suavizar a lo masculino hiperdesarrollado).

Yo veo esta historia como una prueba más (y hay muchísimas), de la manera como la imaginería mitológica expresa o anticipa grandiosamente el suceso humano común. Sin la transgresión curiosa, sin el ánima que hurga aquí y allá, nos quedamos encerrados en los castillos y las mansiones de la maravilla de lo establecido, de los valores caducos y desvitalizados. Quien da el paso transforma mucho en su vida, pero también sucede que ayuda a otros a transformarse. Hedy Lamarr no sólo cambia su destino y desafía al carcelero de su vida exterior (su marido) y al de su vida interior (su ánimus), sino que también da a luz para todos nosotros. Hoy en día casi todos usamos el celular y el Wifi e incluso el GPS, y son recursos que existen gracias a Hedy Lamarr, quien concibió y patentó la teoría del "espectro ensanchado"; incluso el nombre dado a su teoría parece referirse a la "ampliación" o ensanchamiento de la consciencia que se da tras cada atrevimiento en la oscuridad.

En el cuento, Barba Azul vuelve al castillo y descubre que su esposa ha transgredido su mandato, entonces intenta reprimir el conocimiento surgido de allí (intenta asesinarla), hasta que es detenido por los tres hermanos de ella. Estos tres hermanos parecen simbolizar un masculino diferente, son más jóvenes que Barba Azul, es decir, tienen la flexibilidad de quien puede defender a lo femenino y sus búsquedas. En la historia de Lamarr no está ausente este fragmento. Aunque su patente fue utilizada por E. U. durante la crisis de los misiles con Cuba en 1962, sus aportes como inventora sólo se reconocieron oficialmente en el año 2000, siendo incorporada al salón de la fama de grandes inventores en el 2014. En otras palabras, Barba Azul no sólo intentó quemar sus películas y encerrarla en valores establecidos para la mujer (matrimonio y maternidad), sino que también ocultó sus méritos todo el tiempo que pudo.

Muchas mujeres tienen su consciencia curiosa y transformadora encerrada, tienen a su chica preguntona bajo una gran prohibición, en este caso Barba Azul es el miedo a ser diferentes o la fe ciega en valores colectivos sobre cómo debe ser una mujer para ser querida (su cuerpo, su actitud, sus propósitos en la vida). Barba Azul se ha establecido en sus psiques y sólo con la ayuda de mujeres y hombres generosos con ella podrán moverse del castillo encantado de las ilusiones.

Muchos hombres, sin darnos cuenta y a fuerza de aculturación, nos hemos convertido en Barba Azul. Nuestra consciencia es un carcelero de lo femenino fuera y dentro de nosotros; a pesar de que en muchas ocasiones lo femenino nos ha hablado en sueños o a través de la relación con otros hombres y mujeres, reprimimos esas voces por miedo al cambio, a ser denigrados por otros hombres o a perder lo logrado. Es la consciencia hipermasculinizada, es la tendencia a creer que si las cosas cambian se perdería todo límite, es la falsa creencia de que ser frágil es lo mismo que ser débil. Aunque arriba me referí a los revolucionarios y creativos que nos han legado huellas de cambio, también es oportuno mencionar aquí que no todos aquellos que han dado rienda suelta a su femenino divergente han encontrado aceptación y, por el contrario, han sido tan maltratados como las mujeres por el mismo entorno colectivo temeroso al crecimiento de la consciencia.

Es bueno saber de estas historias pues inspiran en el alma ese impulso natural hacia lo femenino profundo: el movimiento transformador. Al parecer esto es lo que puede hacer lo femenino durante su encierro en el castillo de Barba Azul: reflexionar, prepararse, recuperar fuerzas e invocar la ayuda de sus hermanos, es decir, de energías disponibles, esperanzadas y que tienen fe en el cambio. Es un movimiento que parece darse de una manera lenta y pausada, en un proceso que también tiene cuidado de la fragilidad humana pues movilizar estructuras profundas es siempre algo delicado; y sabemos que se trata de estructuras profundas por lo antiguos y arraigados que son los mitos, las leyendas y los cuentos en los que se repiten estas vicisitudes del alma.

© Lisímaco Henao Henao
Medellín, 9 de noviembre de 2015