miércoles, 27 de mayo de 2015

El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra: La belleza y la tragedia.



EL ABRAZO DE LA SERPIENTE es cine puro, técnicamente cuidado y, sobre todo, con algo profundo en cada frase y en cada escena. Creo que esta película, sin ser perfecta, es la máxima expresión hasta ahora de nuestro cine y de nuestra voz, no solo colombiana, sino también latinoamericana. 

No podíamos quedarnos dormidos en los laureles de LA VENDEDORA DE ROSAS (1998) de Víctor Gaviria, esperábamos que el camino continuara después de Carlos César Arbeláez y LOS COLORES DE LA MONTAÑA (2011). Este año Ciro Guerra da el paso siguiente, un paso gigante, selvático, frondoso, exuberante, mágicamente realista y cósmico, un gran abrazo de serpiente para una historia olvidada, una tragedia de la que somos fruto y cuyos efectos padecemos todavía.


La historia de nuestra relación con la naturaleza (la del planeta y la naturaleza humana) está casi toda contada ahí, sugerida o explícita. La historia de los caucheros que esclavizaban y torturaban indígenas en el proceso de explotación de un producto que aún usamos a diario, la de los efectos de la cristianización de naciones nativas enteras, la de los odios entre países, la del rencor y las heridas que se cultivaron y se cultivan aún en aquella selva.

Recientemente leí una crítica donde se dice que la película quiere mostrar que en el amazonas ya no hay nada que salvar, yo en cambio vi todo lo contrario y el recordatorio de que hay cosas por las que no hemos pedido perdón a la Gran Madre ni a sus hijos más cercanos.

Me gustaron mucho los personajes blancos, su ambigüedad, su deseo de conocer pero también de explotar, un cierto afán de comprender que no puede evitar destruir en el proceso. También se representan ahí los fatales efectos de la colonización mestiza de la selva y sus consecuentes guerras (Perú-Brasil-Colombia). Impresionante la escena que muestra el terror de los indígenas ante la noticia estridente de "¡Vienen los Colombianos!" y su lanzarse en brazos de la madre, del río.

Es esta película un homenaje a las tradiciones y la sabiduría nativa, pero también una advertencia sobre la globalización y sus riesgos. Me quedé con el momento en el que el explorador se resiste a dejarles la brújula a los nativos, pues al aprender a usarla perderían su capacidad de guiarse por el viento y las estrellas, a lo que replica el indígena guía: no puedes negarles el conocimiento, el conocimiento es de todos. La importancia del oráculo obtenido con base en las plantas me hizo pensar que con la fuerza que ha tomado el Yajé (ayahuasca) y otras plantas enteógenas en los centros urbanos de nuestros países, los cineastas nacionales se habían tardado en tomarlas como tema. Creo que en esto la película es justa y muestra todo el entorno cultural de la planta, lo que podría alertar sobre los riesgos que corren quienes la toman a la ligera como moda o simple alucinógeno.

Habría mucho más qué decir: la cuestión arquetipal del Héroe versus la Gran Madre, los diferentes estilos de consciencia, la simbología del jaguar y la serpiente, la locura religiosa como producto de la pauperización espiritual, el cosmos interior y el cosmos exterior en relación, la circularidad del tiempo, etc. 

Al terminar recordé aquello que le dijera a Jung el jefe de los nativos Taos de Nuevo México en uno de sus encuentros: "Mira lo crueles que parecen los blancos. Sus labios son finos, su nariz puntiaguda, sus rostros los desfiguran y surcan las arrugas, sus ojos tienen duro mirar, siempre buscan algo. ¿Qué buscan? Los blancos quieren siempre algo, están inquietos y desasosegados. No sabemos lo que quieren, no les comprendemos, creemos que están locos." (1). En varias escenas de la película el indígena define al blanco como loco debido a que, por ejemplo, no comprende su apego a las cosas: "¡Son sólo cosas!" dice, pero el blanco prefiere arriesgar su vida para defender su apego. Triste verdad.

Películas de referencia: "La Misión" (Ronald Joffé, 1986), "La fuente de la vida" (Darren Aronofsky, 2006)

Notas

1. Jung C. G. Recuerdos, Sueños y Pensamientos. Ed. Seix Barral, Barcelona 2001

Lisímaco Henao H.
Analista Junguiano IAAP.
Mayo 27 de 2015


martes, 12 de mayo de 2015

El miedo a envejecer Vs. el sentido de la vejez


¿Para qué sirve la vejez? ¿A qué viene este vivir tanto de la especie humana?

James Hillman
Muchos jóvenes y algunos no tan jóvenes temen ser viejos. No sólo es que teman a la muerte, sino al estado de sufrimiento físico que la vejez comporta, a esa "autoridad del cuerpo" que se impone. El carácter juvenil teme su desaparición, la desaparición de su fuerza y lozanía, de su memoria y agilidad, de sus máscaras. Según James Hillman la vejez puede ser mucho más que un padecimiento o puede incluso mostrarnos su pertinencia a través de ese mismo padecimiento. En su libro "La fuerza del carácter y la larga vida", toma cada manifestación de la vejez, cada uno de sus "achaques" y les va dando un lugar de sentido y crecimiento para el alma. Es muy llamativo que Jung haya dado a la ancianidad la denominación de "última madurez", como queriendo indicar que muchas cosas crecen y se desarrollan a las puertas de la final despedida. Quizás un cambio de perspectiva frente a la vejez calme muchísimas ansiedades y depresiones de la juventud, desacelerando, de paso, esta psicosis colectiva que consiste en intentar vencer al envejecimiento e incluso a la muerte, es decir, que podría este ser un camino para modular la guerra que hemos declarado a la naturaleza y sus ciclos, al cuerpo mismo. Aquí unos párrafos de la introducción del mencionado libro:

"Pero ¿Porqué vivimos tanto? Otros mamíferos desaparecen mientras que nosotros sobrepasamos la menopausia en cuarenta, cincuenta e incluso sesenta años. Nosotros seguimos vivos, utilizando la mecedora o llevando a cabo nuestras rutinas a los ochenta y ocho años. 

No puedo apoyar la teoría de que la longevidad humana sea un resultado artificial de la civilización de su ciencia y de sus conexiones sociales, con el resultado de una pandilla de momias vivientes, de paradojas suspendidas en una zona de nadie. De los viejos como <<retrasados>>.

En su lugar, acojamos la idea de que el carácter exige esos años adicionales y que la larga duración de la vida no nos la imponen ni los genes ni la medicina preventiva ni la connivencia social. Los últimos años de la vida confirman y redondean el carácter."

James Hillman
James Hillman. La fuerza del carácter y la larga vida. Editorial Debate, Madrid, 2000