domingo, 25 de enero de 2015

Había una vez una antioqueño y un pastuso.

panoramio.com

Comúnmente nuestros relatos tradicionales expresan formas de ser y de actuar, apreciaciones que hace la cultura acerca de si misma sin que, la mayoría de las veces, los individuos lo advirtamos. Entre esos relatos se incluyen los mitos, leyendas y cuentos que van haciéndose populares y que, con el paso del tiempo, se convierten en legado de la cultura misma y en fundamentos de de la realidad. La autoría de tales producciones es incierta y es eso precisamente lo que las hace propiedad de todos y lo que nos permite identificarnos con ellas, sintiéndolas propiedad de nuestro psiquismo individual y colectivo.

Entre estas producciones colectivas, se destaca en Colombia un chiste que suele empezar así: “Había una vez un antioqueño, un bogotano y un pastuso…” o “Había una vez un antioqueño, un costeño y un pastuso…”. Este tipo de cuento contiene algunas características constantes: a) Sin importar el personaje que se nombra en medio, los de los extremos siempre serán un antioqueño y un pastuso, b) el antioqueño se caracteriza por una superioridad determinada, mientras que el pastuso resulta siempre inferior y casi siempre derrotado, y c) las características del antioqueño suelen estar determinadas por su habilidad intelectual y malicia, mientras que el pastuso se caracteriza por su torpeza e ingenuidad.

Nuestro programa de humor colombiano más antiguo “Sábados Felices”, impuso el estilo de, al momento de contar un chiste de este tipo, hacer saber a los espectadores que “es en Pasto donde se hacen los mejores chistes de pastusos”, denotando la necesidad de disculparse y aludiendo a una capacidad de las gentes de Nariño de burlarse de sí mismas. Sin embargo, debido a la forma en que estos chistes moldean una manera de diferenciación cultural, una forma mediante la cual la cultura antioqueña es resaltada en sus valores, creo que podemos suponer que el origen de este tipo de chistes es paisa. El hecho de que se haya tomado como objeto de diferenciación a las personas de Pasto, tiene hondas causas psicológicas de tipo colectivo que no son exclusivas de la cultura colombiana. Cada país genera el tipo “pastuso” para referirse a aquellas características negativas que le resultan incómodas; así por ejemplo, en España, donde “los gallegos” son utilizados en los chistes para ejemplarizar esas características que en Colombia atribuimos a las personas del departamento de Pasto. Pero ¿porqué escoger precisamente a estos grupos determinados?, la razón es bien simple, ellos representan un tipo de inteligencia poco valorado por occidente, una inteligencia matizada por el sentimiento, el apego a la tierra y a los valores tradicionales. Pero se parte, en todos los casos, de generalizaciones que no necesariamente hablan del desarrollo real de estos pueblos.

Los motivos psicológicos de este fenómeno encuentran su raíz en el hecho de que la construcción de identidad (individual y nacional), suele hacerse no solo con respecto a quienes creemos ser, sino también con base en la diferenciación de aquello que no queremos ser, lo que podríamos llamar un no-yo social. Ahora bien, en ese proceso los aspectos indeseados o molestos de la propia identidad, en vez de asumirse o aceptarse, se señalan en otros como una manera de evitar su confrontación. Este fenómeno, al cual damos el nombre de “proyección”, se da de una manera completamente inconsciente y lo encontramos los terapeutas y analistas constantemente en nuestro ejercicio.

La proyección tiene efectos negativos tanto sobre quien la ejerce, como sobre quien la recibe. Uno de estos efectos se refiere a la inflación producida en uno de las partes y la depreciación de la otra. En ambas partes se produce así una pérdida, pues en ambas se impide poner en cuestión posibles fallas en la autovaloración y en la valoración del otro.

Voy a ejemplarizar lo dicho en un caso muy cercano a todos los colombianos, el encuentro protagonizado en 2007 por el Profesor Gustavo Moncayo y el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Pero quiero aclarar que la finalidad última de este ejercicio no es tanto explicar el fenómeno de la proyección, cuanto mostrar cómo los relatos tradicionales mencionados arriba toman cuerpo y se hacen visibles de cuando en cuando en la realidad de una cultura.

Miércoles 1 de Agosto de 2007: tras una larga marcha desde su natal Pasto, buscando presionar un acuerdo humanitario entre el presidente Álvaro Uribe y las FARC que permita la liberación de su hijo y de todos los secuestrados en Colombia, llega a la Plaza de Bolívar en Santa fe de Bogotá el profesor Gustavo Moncayo. Una vez allí se dirige a la multitud para luego retirarse a descansar en una carpa instalada en la misma plaza.

Jueves 2 de Agosto de 2007: El presidente le visita en la carpa y discuten acerca de la propuesta del profesor. Seguidamente se dirigen al país, momento durante el cual el presidente comunica a la opinión pública sus conclusiones y el profesor Moncayo hace lo propio con las suyas.

Hay demasiados detalles en este encuentro que dan cuenta de la aparición del mito del antioqueño y el pastuso. A la izquierda de la tarima Uribe, el tono de voz elevado, categórico y por momentos estruendoso. No hay vacilación en la ilación del discurso. A la derecha Moncayo, un tono pausado y siempre sosegado. A veces el discurso se interrumpe, escoge las palabras con cuidado y a veces se corrige a sí mismo.

El discurso de Álvaro Uribe se llena de cifras y certezas estadísticas acerca de los resultados de su gobierno, de los logros en materia de secuestro y de seguridad en las carreteras, oponiendo su proceso de paz con los paramilitares a los fracasos de gobiernos anteriores con la guerrilla. El discurso de Gustavo Moncayo se puebla de casos particulares, de las necesidades de un hospital o de un grupo de trabajadores, incluso de su preocupación porque en un momento de la marcha los policías que le acompañaban no habían comido. El primero, sin vacilar, declara que “no puede cambiar sus convicciones”, el segundo pide a la concurrencia que escuche al presidente. El presidente se ampara en su popularidad después de cinco años de mandato y en el poder de sus resultados, el profesor en el dolor de la separación de su hijo y el miedo de que sea muerto en un intento de rescate. El presidente generaliza los resultados de los intentos fallidos, en pasadas administraciones, de convenir con la guerrilla. El profesor enfatiza en el dolor de los familiares de los secuestrados y las víctimas del conflicto.

Ambos discursos son inteligentes, de eso no cabe la menor duda. Ambos saben lo que quieren y lo plantean directamente. Pero detengámonos un momento y pensemos en los matices que, en cada caso, acompañan a dicha inteligencia. En los chistes del antioqueño y el pastuso, el primero utiliza la claridad conceptual y la habilidad en el discurso, mientras que el segundo se muestra ingenuo frente a su retador. Esta ingenuidad es mostrada como estupidez o falta de inteligencia, pero psicológicamente expresa, más que una carencia, un tipo de inteligencia diferente que ciertas personas tienen. Esta inteligencia se caracteriza por la capacidad de pensar en el individuo, en las causas particulares, un desarrollo de la intimidad con las cosas y con los seres; una capacidad de conexión con la naturaleza propia y la ajena. Carl Jung sugería calificar a este tipo de inteligencia como femenina, debido a que culturalmente ha sido el sentido femenino de la vida y su cuidado, el que se ha opuesto a aquél otro tipo de inteligencia que, en pos de las grandes causas, puede terminar sacrificando la vida misma (guerras, experimentación con personas, falta de apoyo a algunos países por no tener ellos recursos energéticos, etc.). Jung hablaba de lo dionisiaco y lo apolíneo en cuanto al sentido mítico de esta oposición, por ser el Dionisos Griego un dios de la naturaleza y la iniciación individual, mientras que Apolo rige un orden colectivo y todo lo ve desde las alturas inconmovible ante los pobres destinos humanos.

El hecho de que nuestro chiste tradicional no mencione este tipo de inteligencia en el pastuso, se debe finalmente a que la construcción de identidad antioqueña debe quedar resguardada, y por eso se mencionará al pastuso como al tonto que no entiende nada. Pero si hacemos analogía con los antiguos cuentos de hadas, es común encontrar en ellos que el hijo menor, el menos dotado, el tontín (como se llama al hijo menor del rey en el cuento de los hermanos Grimm “Las tres plumas”), termina resolviendo el acertijo y salvando al reino, precisamente porque se guía por una mal llamada ingenuidad, que más bien representa un guiarse por la intuición y el sentimiento, funciones subvaloradas por la cultura occidental, que en la modernidad elevó la racionalidad lógica y sus generalizaciones (sus leyes universales), al estatus de “la verdadera inteligencia”.

Pues bien, las diferencias en el tono de voz, en el tipo de argumentos y en los relatos que suelen acompañar los discursos de Uribe y Moncayo, así como las formas diversas en que son tratados por los medios (no hay que olvidar el reiterado “humilde profesor” utilizado por los periodistas durante la transmisión, que viene a caracterizar a Moncayo como alguien con un pensamiento sencillo y quien, según los ministros, no debería entonces hablar de política), todos estos rasgos que he señalado, dan cuenta de la aparición en la realidad colombiana de dos personajes arquetípicos anunciados desde hace tiempo por el chiste, y que, a todas luces, muestran una oposición fundamental en la forma de encarar la vida y la muerte, las necesidades y los duelos.

Puede observarse en la práctica psicoterapéutica, la aparición de un sistema de compensación psíquica que permite que cuando nos encontramos polarizados en una idea, un sentimiento o un deseo, surja en nosotros su contrario de alguna manera (mediante síntomas, sueños, ocurrencias, deseos, sensaciones, ideas o sentimientos), como un intento de autorregulación del alma. Es evidente, también, que este sistema no es exclusivo de la psique individual pues ha funcionado como regulador de grandes procesos colectivos (recordemos, por ejemplo, que hace 2000 años surgió una “religión del amor y el autosacrificio”, en momentos en que la crueldad y el sacrificio de los otros reinaba). En nuestro caso, uno podrá preguntarse si la aparición de un personaje del estilo de Gustavo Moncayo, no será un elemento compensador suscitado por el psiquismo colectivo colombiano, frente al estilo de un personaje como Álvaro Uribe. Uno podría preguntarse también, si no sería lo más sano escuchar esta señal, no para que, como en el cuento, uno resulte vencedor mientras que el otro queda totalmente desprestigiado (esto es sólo un efecto de la proyección en el chiste), sino para que advenga una cierta “salud mental colectiva”, más "comprensiva" y menos unilateral.

Copyright © Lisímaco Henao H.

¿Qué desea realmente una mujer?

Analogías en un relato de la saga del Rey Arturo.

Copyright © Lisímaco Henao Henao. Analista Junguiano IAAP

El Yo como instancia psíquica presenta unas características peculiares que al parecer dependen más de quien las observa y describe, que de la manera misma como este Yo suele aparecer en las formaciones mediante las que el alma humana se re-presenta a sí misma. Me refiero específicamente al mito, la leyenda y el sueño.

Lo que acabo de expresar plantea la perspectiva de la Psicología Analítica con respecto a los materiales simbólicos: Su capacidad de ofrecer, en una síntesis analógica, imágenes comprensivas de las dinámicas psíquicas. No pretendo con un ensayo dar una explicación acabada de los presupuestos de la psicología junguiana, pero por lo menos espero esbozar parte de su método y de algunos hallazgos derivados del mismo. Debo ofrecer disculpas de antemano por el carácter en ocasiones directo de algunas conclusiones, débese ello principalmente a la brevedad exigida. Espero que tengamos otras ocasiones de aclarar dudas y profundizar.

Para mi propósito he elegido una leyenda de las muchas que se conservan de la saga del Rey Arturo. El rey, por sus características centrales de ordenador y regulador de un territorio simboliza al Yo. Hay otros símbolos que constatan esta premisa, por ejemplo la famosa mesa redonda, con sus doce caballeros en torno a ella. El círculo es bien conocido como símbolo de la totalidad, así como el número 12 (doce meses, doce horas, doce apóstoles, etc.). Así mismo, nunca se afirma que Arturo se ubicara en el centro de la mesa o en un trono alejado de ella, él se encuentra, con sus caballeros, en torno a la misma, en torno al centro; por lo cual es evidente que al mismo tiempo que tiene el poder regulador, es una más de las fuerzas que configuran la mencionada totalidad.

Aquí es posible advertir el Yo como una parte emergente del psiquismo total, no su centro y menos su regente pues él está a disposición de fuerzas conscientes e inconscientes, punto este en que tanto Freud, como Hartmann, Jung y otros coinciden. Jung es muy preciso al afirmar que el Yo es un complejo de representaciones entre otros que pueden, en un momento determinado tomar las riendas de la consciencia. Un complejo más, pero, eso sí, un complejo principal en cuanto a la valoración por parte de la cultura de su función adaptativa. En la leyenda, reitero, Arturo y sus caballeros representan esa totalidad psíquica, que más que armónica tiene una dinámica complejual (recuérdense los continuos conflictos entre los caballeros, lo mismo que entre los apóstoles bíblicos).

En esta narración se nos presenta a Arturo cabalgando por su reino y dirigiéndose hacia el bosque con sus compañeros, en el ejercicio de su deporte favorito: la caza. Este deporte podría representar el antiguo esfuerzo del ser humano por elevarse sobre la naturaleza, de dominarla, de imponerse sobre el instinto; esfuerzo llevado a cabo individualmente por el Yo y colectivizado en los ideales culturales (internalizados en el súper Yo diríamos con Freud).

Al acercarse al bosque el rey decide alejarse tras una presa. Consigue controlarla y abatirla y cuando está preparándola el rey vecino Sir Gromer blande su espada sobre la cabeza de Arturo y anuncia que le dará muerte, debido a unas tierras que perdió a manos del mismo.

Detengámonos un momento en este punto. El personaje de Arturo ha sido presentado siempre como un rey brillante, inteligente, noble y honrado; digámoslo de una vez: Un Yo ideal. Por lo tanto no es por falta de autocontrol o de inteligencia que traspasó sus fronteras y usurpó las tierras de su vecino. Es evidente que algo de su propia consciencia ha llevado a cabo tal acción y la leyenda nos da una pista sobre la misma: Arturo habría usurpado estas tierras para dárselas al caballero Sir Gawain. Sir Gawain es el más joven de los de la mesa redonda, leal y noble, dispuesto siempre a la aventura y no pocas veces mencionado en la saga como el más recto en sus principios. Diremos con Heinrich Zimmer que Gawain es el alter ego juvenil de Arturo o, siendo más precisos aún, podemos afirmar que Gawain representa al arquetipo del niño en Arturo. Esa imagen infantil que se conforma a partir de la propia infancia y de la mítica particular de una función psíquica que soñamos, narramos o patologizamos como “el niño” o “lo infantil” de cada uno y cada una. Que este caballero simboliza una parte sustancial de la dinámica psíquica que pretendo analizar, viene a comprobarlo también el hecho de que Gawain es sobrino de Arturo, su sangre, de entre los caballeros, entonces, no sólo el más joven, sino el más cercano.

Sabemos ahora que el impulso que lleva a Arturo a usurpar tierras ajenas se relaciona con la necesidad de atender un vínculo particular con su caballero más joven ¿pero qué sentido tiene esta necesidad?. En términos psicológicos podemos decir que el Yo rompe con sus imperativos ideales y se permite entrar en contacto con impulsos ciertamente impropios, empujado por una necesidad de renovación. Es un tema recurrente en mitos y cuentos de hadas: el rey viejo debe ser renovado y entonces un hijo suyo, un joven recién llegado o uno de sus guerreros debe cumplir con una o varias tareas difíciles que no sólo renuevan al rey, sino al reino entero (en ocasiones el tema se presenta como un reemplazo del rey). Ocurre comúnmente que los síntomas, sueños y otras formaciones inconscientes estén comunicando al Yo la necesidad de cambiar una actitud desgastada o inadecuada para con la dinámica psíquica y social.

Es este precisamente el tema que a continuación se desarrolla en el cuento. Sir Gromer decide no matar a Arturo debido a que este no lleva su espada consigo, tan sólo su pequeño cuchillo de caza (otro motivo a favor de la hipótesis del rey necesitado de renovación, obsérvese que falta el símbolo fálico que es la espada, tan importante para Arturo). En cambio le pone una prueba. Debe hallar, en el término de un año, la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que, ante todo, más desean las mujeres?

Se desencadena aquí el tema de la tarea, presente en muchos mitos (recuérdense las tareas de Hércules, Psiqué, etc.) y que podemos asociar al trabajo que debe realizar el alma en búsqueda de su propia evolución; un trabajo que en términos modernos puede referirse al esfuerzo de la psicoterapia, el psicoanálisis u otros medios de búsqueda de sentido al sinsentido que a veces es la vida. Arturo y Gawain recorren el reino y los reinos vecinos preguntando a todos los que encuentran a su paso. Arturo no es muy optimista pero Sir Gawain (con su típica actitud) se lo toma alegremente, como un juego y está seguro de que su esfuerzo no será en vano.

Faltando un mes para cumplirse el plazo impuesto por Sir Gromer, Arturo se encuentra cabalgando por un denso bosque y se encuentra a una mujer portentosamente fea, muy bien descrita en el cuento. Lady Ragnell (ese es su nombre) dice saber lo que él necesita y afirma tener la respuesta a su pregunta, la cual le dará con una sola condición: deberá casarla con el caballero Sir Gawain. El rey no sabe qué hacer ¿someterá a su querido caballero a tal castigo o preferirá morir a manos de Sir Gromer?. Apesadumbrado se dirige hacia dónde se halla Gawain y le comunica su predicamento. Este, sin pensarlo dos veces, afirma que se alegra de que tengan la solución al alcance de la mano y que se cazará con la mujer “aunque se más fea que Belcebú”. Lady Ragnell se pone dichosa con la noticia y da la respuesta a Arturo.

El entusiasmo juvenil de Gawain y su aporte a un cambio de perspectiva según el cual el problema no es ya un problema sino la solución misma, así como su disposición a realizar la tarea que aparentemente es más pesada: casarse con la horripilante mujer, dan cuenta del aporte de una actitud renovadora para con la psique. Esta narración es una muestra simbólica de la capacidad del alma para reflejar sus propias dinámicas. El hecho de que sea Gawain y no Arturo el que tenga que llevar a cabo la prueba, nos habla de que es una nueva actitud la que permitirá solucionar el conflicto o de que el conflicto es la misma actitud vieja y desgastada representada por Arturo. A favor de esta hipótesis hay otro detalle: de no satisfacer las demandas del rey vecino, Arturo perderá la cabeza, no será atravesado por la espada o quemado en la hoguera, es su racionalidad y su poder ordenador, es el lugar de la corona, el que será cortado. Sir Gawain, por supuesto, no responde desde la cabeza a la tarea propuesta por Lady Ragnell, de hacerlo se negaría rotundamente pues nada es más ilógico para un personaje como él que casarse con un ser tal. Este caballero responde directamente desde el impulso, desde el entusiasmo como lo haría un niño, el cuento nos dice que respondió “sin pensarlo dos veces”. En realidad podemos deducir que no lo pensó ni una vez.

Llegado el día, Arturo, siempre inteligente y calculador lee toda la lista que en un año han reunido por campos y ciudades; pero ninguna respuesta satisface a Sir Gromer. Este levanta su espada para sacrificar a su adversario cuando Arturo da la respuesta definitiva: “Lo que una mujer desea sobre todo es el poder de independencia soberana, el derecho de ejercer su propia y libre voluntad”.

Sir Gromer vocifera en contra de su hermana Lady Ragnell, pues solamente ella pudo haberle dado tal respuesta y se aleja iracundo. Sir Gawain se casa con ella para sorpresa de toda la corte y la noche de bodas ella le pide que cumpla sus votos matrimoniales y la bese. Sir Gawain jura por Dios que cumplirá con sus juramentos y al hacerlo ella se transforma en la mujer más hermosa que ojos humanos hallan visto. Ella le comunica, sin embargo, que esta apariencia sólo la podrá tener la mitad del día, mientras que su semblante más desagradable pasado ese término, así que Gawain debe elegir, ¿cuál mujer desea para la noche y cual para la luz del sol?.

Es una prueba más para el joven caballero que ahora se lo toma un poco más en serio y piensa en con quien quiere verse acompañado de día y a quien desea en su lecho por las noches. Lo que ocurre es que no llega a una decisión, así que se somete a la decisión de Lady Ragnell. “Querida señora –afirma- que sea como vos más lo deseéis; dejo la elección en vuestras manos. Mi cuerpo y mis bienes, mi corazón y todo lo demás, son vuestros, para hacer de ellos lo que queráis, tomarlos o dejarlos; ¡así lo juro ante Dios!”.

Viene entonces el final del drama. Lady Ragnell anuncia que ahora se ha disuelto definitivamente el hechizo bajo el cual se encontraba a manos de su malvada madrastra. Había sido condenada a conservar la forma de un ser repugnante mientras el mejor caballero de Inglaterra no accediera a cederle su soberanía y sus bienes.

La prueba final a la que es sometido el joven caballero parece relacionarse con la necesidad del alma de verificar la nueva actitud. ¿Realmente ha cambiado en algo el Yo o es una mera apariencia, una trampa para eludir los peligros presentes o satisfacer las demandas más inmediatas?. Este es un problema común en psicoterapia. Un paciente puede fingir para el terapeuta o para él mismo que ha comprendido el conflicto y que ha obtenido un cambio significativo. Pero lo inconsciente busca la manera de poner a prueba tales logros y ocurre a veces que lo que se da es un cambio de síntoma, un empeoramiento inclusive. Este movimiento es simbolizado por medio de la noche de bodas, pues es en este escenario donde se produce la prueba definitiva, junto al lecho, nuestro lugar natural de contacto con el inconsciente, sus sueños y el misterio de la sexualidad.

Pero la nueva actitud ha sido lograda. Sir Gawain hace acopio de una capacidad poco común en el Yo moderno, controlador, que se satisface en su propio poder, en otras palabras, el Yo ilustrado que a fuerza de racionalidad busca imponerse ante la naturaleza y los otros. Gawain, nos dice la leyenda, reconoce su imposibilidad de decidir, su impotencia y declina a favor de un saber que puede provenir de Lady Ragnell, pues ella ha dado pruebas ya de conocimientos ajenos a los del reino. Tras el cambio de actitud, la psique (el reino), ingresa en un nuevo tiempo de renovación. El Yo se ha abierto a nuevas posibilidades que, en este caso, parecen provenir de lo femenino, del misterio, de un campo no racional de la psique (Lady Ragnell era considerada una bruja y fue encontrada por Arturo en el bosque).

Con estas últimas alusiones a ese campo otro del psiquismo humano que podemos denominar lo femenino, quiero dejar señalado el gran número de símbolos que componen las formaciones de la fantasía, los cuales nos permiten profundizar en una multiplicidad de posibilidades de relación dinámica e integración al interior del psiquismo humano y en nuestra interacción con los otros. Esta antigua leyenda nos muestra el motivo del héroe, modelo mítico del Yo. Pero además nos muestra dos modalidades de héroe que hemos resaltado como dos actitudes del Yo en sus relaciones simbólicas con el mundo interior y exterior. Me detengo por ahora y me quedo con la imagen de un movimiento cíclico que va de lo joven a lo viejo y de regreso a lo joven y de la infancia como fuente eterna, arquetípica e inagotable de renovación. También con la posibilidad de comprender que el alma humana se hace en el juego simbólico e imaginario de sus propias configuraciones y que no es posible detenerla en un concepto, pues ella, mediante sus conflictos, nos propone cada día nuevos enigmas a resolver.

sábado, 24 de enero de 2015

Retorno a Macondo: La soledad del coronel Aureliano Buendía

Segundo capítulo del libro "Ser Hombre. Imágenes arquetípicas masculinidad en Cien años de soledad" publicado por la editorial Institución Universitaria de Envigado. Colombia 2009




Copyright ©  Lisímaco Henao Henao. Analista Junguiano IAAP


Al momento de escribir estas páginas se impone la pregunta acerca de los motivos que fascinan tanto de Cien años de soledad, motivos que a quien escribe le han llevado a leer la novela unas cinco veces desde que, a los dieciséis años, un hermano mayor le leyera las tres primeras páginas fascinado a su vez. En cada caso me abstraía yo del tiempo y del espacio consciente y me sumergía en ese mundo sintiéndome vagar por las calles de Macondo con aquellos personajes inverosímiles: con el gigante, agresivo, aventurero y mujeriego José Arcadio, con el sensible, misterioso, guerrero y artesano Aureliano; podía ver a José Arcadio el viejo, amarrado al castaño y dialogando con los muertos, a Úrsula reinventando la casa una y otra vez para sus nietos, a Remedios La Bella ascendiendo a los cielos en cuerpo y alma, o al padre Nicanor haciendo su acto de levitación para convencer a sus incrédulos parroquianos de la necesidad de una iglesia.

Es Cien años... una novela que ha fascinado a muchos en Colombia y fuera de ella. Y también es un mundo que atrapó la imaginación de su autor por un largo tiempo. Gabo ha escrito un gran número de relatos cortos, que dan cuenta de la mirada de otros personajes de Macondo o de hechos que ocurren en un universo mágico parecido que el lector identifica inmediatamente como cercano a la mítica aldea. Incluso en El general en su laberinto puede verse de nuevo al Coronel Aureliano Buendía que parece personificar a Simón Bolívar. Después García Márquez sale de Macondo, aunque en El amor en los tiempos del cólera y la autobiográfica Vivir para contarla, hace pequeñas incursiones a aquel mundo de las mariposas amarillas y las revoluciones fallidas.



En cierto modo creo que preguntarme por los motivos de mi fascinación ha resultado de gran ayuda en el empeño de iluminar los motivos de la fascinación colectiva por esta obra. Baste con decir, por ahora, que aquel universo mítico me ha permitido leer en retrospectiva ciertas imágenes de mi construcción de masculinidad, así como la de parientes cercanos (la casa de los abuelos incluida) y pacientes.

Las identidades entre el relato macondiano y nuestros propios dramas tiene una explicación: Cien años de soledad es la construcción creativa de un latinoamericano y, ya que se ha ganado un prestigio colectivo, podemos suponer que ella expresa, como toda gran obra contenidos de nuestra conciencia colectiva y del inconsciente colectivo mismo, por lo que resulta totalmente válida la indagación propuesta, cuyo propósito es develar las imágenes arquetípicas que constituyen nuestra masculinidad. Dicho en lenguaje junguiano, el inconsciente colectivo ha usado a García Márquez para expresarse, para mostrarse como si en un sueño lo hiciera.

De entre las figuras masculinas de la novela sobresalen los primeros hijos de la estirpe, y entre ellos, tomaremos en primer lugar al coronel Aureliano Buendía. De niño retraído y silencioso fue el único de los dos hermanos que se interesó por la alquimia del gitano Melquíades y por el oficio de artesano, el mismo que, en su adultez, se transformaría en líder de un movimiento revolucionario de carácter nacional. A continuación una semblanza del personaje:

"El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola
noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a una carga de estrecticina que habría bastadopara matar a un caballo. Rechazó la Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la república. Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre más temido por el gobierno, pero nunca permitió que le tomaran una fotografía. Declinó la pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller en Macondo. Aunque peleó siempre al frente de sus hombres, la única herida que recibió se la produjo él mismo después de firmar la capitulación de Neerlandia que puso fin a casi veinte años de
guerras civiles. Se disparó un tiro de pistola en el pecho y el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital. Lo único que quedó de todo eso fue una calle con su nombre en Macondo." [1]

Durante mis paseos por Macondo he visto a Aureliano Buendía ponerse las botas y salir con sus amigos a salvar al mundo. Los he visto atravesando la selva y venciendo con sus machetes a una naturaleza en apariencia indómita, una naturaleza en la que su tradición había visto duendes, brujas y dioses y que al golpe del hierro forjado se convertía en mera maleza, simple y sólida piedra, tan solo agua y tierra.

He visto al coronel riendo del misterio que sus abuelos veían en todo, del padre Nicanor y sus levitaciones, de Petra Cotes y sus lecturas de la baraja, le he visto desconfiando de sus propias intuiciones:

"...recordó de pronto que un doce de octubre, en plena guerra, lo despertó la certidumbre brutal
de que la mujer con quien había dormido estaba muerta. Lo estaba, en realidad, y no olvidaba la fecha porque también ella le había preguntado una hora antes en que día estaban. A pesar de la evocación, tampoco esta vez tuvo conciencia de hasta qué puntolo habían abandonado los presagios, ..." [2]

Le he visto dirigiendo un discurso a sus compañeros de lucha, un discurso que reivindica el derecho al librepensamiento, a la explotación de los recursos y a la destrucción total del enemigo: esos otros hombres que al otro lado del campo de batalla escuchan un discurso que reivindica lo mismo. Treinta y dos veces dirigirá un discurso parecido y treinta y dos veces será vencido para terminar compartiendo con sus antiguos compañeros de lucha la soledad, el odio y la espera de un sentido para lo vivido:

Los últimos veteranos de quienes se tuvo noticia aparecieron retratados en un periódico, con la cara levantada de indignidad, junto a un anónimo presidente de la república que les regaló unos botones
con su efigie para que los usaran en la solapa, y les restituyó una bandera sucia de sangre y de pólvora
para que la pusieran en sus ataúdes. Los otros, los más dignos, todavía esperaban una carta en la
penumbra de la caridad pública, muriéndose de hambre, sobreviviendo de rabia, pudriéndose de
viejos en la exquisita mierda de la gloria. [3]

También he visto a Aureliano quitarse su uniforme para tomar a esa niña que sus lugartenientes le han traído como presente, admirando por un momento su belleza para luego descargar “su virilidad” sobre ella. Unas horas después alguien llamará a su tienda y su amigo de campaña Gerineldo Márquez le anunciará que otro de sus hijos ha nacido, el número dieciseis de otras dieciseis mujeres diferentes. Gerineldo se lo anuncia aunque sabe y entiende que por lógica este niño también será enviado a su abuela Úrsula Iguarán para que le cuide. La profundidad de las relaciones con las madres de sus hijos llegará solo hasta el sudor de unas cuantas noches, tal como ha sido siempre:

"...en el vacío de tantas mujeres como llegaron a su vida en igual forma, no recordó que fue ella la que en el delirio del primer encuentro estaba a punto de naufragar en sus propias lágrimas, y apenas una hora
antes de morir había jurado amarlo hasta la muerte. No volvió a pensar en ella, ni en ninguna otra,
después de que entró en el taller con la taza humeante, y encendió la luz para contar los pescaditos
de oro que guardaba en un tarro de lata." [4]

En sus regresos esporádicos a Macondo la vieja Úrsula le injuriará una y otra vez por su frialdad, el abandono de sus hijos y su capacidad de matar incluso a su propio suegro. Aureliano recordará que su hermano no fue a la guerra pero que también, como él, fue un “hombre a cabalidad”. Se volvió un trotamundos y un mujeriego que, una vez descubierto el amor se suicidó o fue asesinado por su mujer. La relación entre hermanos también cumplió con los criterios culturales de la hombría: se redujo a algunos momentos de complicidad en cuanto a la información sobre la sexualidad en su adolescencia, para luego caer en una distancia “viril”, que se interpuso para siempre entre ellos.

Macondo es verdaderamente un lugar de hombres y de mujeres, pero también de una profunda soledad, una en la cual muchos hombres se encuentran en la actualidad y que los lleva al análisis, la psicoterapia, la religión
o las adicciones. Es la soledad que queda después de haber intentando vivir las imágenes que la cultura puso a nuestra disposición para reivindicarnos como hombres en un esfuerzo que, sin embargo, nos deja con el sinsabor de que algo no está bien. Algo en nosotros llama a la puerta de diversas maneras: como cuestionamiento de parte de la mujer que socialmente se ha liberado, como fracaso de una racionalidad que se hace insuficiente para dar cuenta de lo que somos y como tragedia de una actitud belicista que quita más de lo que da.

Al preguntarnos por esta soledad y, específicamente, por la soledad del guerrero que representa el coronel Aureliano Buendía, profundizamos en la pregunta que últimamente se viene dirigiendo desde dentro y desde fuera a la mayoría de los hombres de este mundo occidental, quienes han intentado construirse en los ideales que la modernidad les ha trazado, la pregunta es esta:

¿Qué es ser hombre?

Antes de avanzar debemos detenernos y pensar si la pregunta es tan clara como parece. ¿Está suficientemente explorada la genealogía del concepto “hombre”, como para poder sacar conclusiones sobre su naturaleza?. Al intentar trabajar a conciencia sobre dicha pregunta, se descubre uno, como buen occidental, estableciendo oposiciones. Es decir que para explorar en esta genealogía, es necesario considerar aquello que percibimos como opuesto a “hombre”, entonces aparece el par hombre/mujer. Este par de conceptos se origina en una percepción fundante de lo humano: la diferencia. Esta diferencia se origina, por un lado, en una función biológica (la procreación) y, por el otro en la estructura genital anatómica (la genitalidad). Las demás diferencias parecen ser producto de estas dos, son imágenes y conceptos que sobre estas dos se construyeron posteriormente y que no son idénticos en todas las culturas ni en todos los tiempos. En otras palabras, la imagen arquetípica masculina y femenina tiene su asiento en el cuerpo inicialmente y, solo con posterioridad, en la evolución de la especie humana, ha tomado el carácter simbólico. Es a este proceso de pasar de lo biológico a lo imaginario al que denominamos “proceso de espiritualización”, lo cual quiere decir que en la base de lo típicamente humano encontramos lo común con otras especies y con la naturaleza en general.

Para el caso de occidente podemos resumir las imágenes construidas sobre aquella originaria diferenciación biológica de la siguiente manera: por funciones sociales (uno a la guerra y la otra a cuidar los hijos), por fuerza física (mayor desarrollo muscular en él, mayor tejido adiposo en ella), por la relación con la naturaleza (una cuida de la casa y la huerta y el otro es el matarife), por la relación con el misterio (una que manipula los elementos y que sabe del proceso de la vida y la muerte, frente al otro que sacrifica la vida para agradar a los dioses o para establecer su poder).

Para comprender este movimiento diferenciador podemos remontarnos al momento en que el ser humano llegó a la construcción que llamamos conciencia y que le permitió conocer, nombrar y en cierta medida controlar el mundo (el mito hebreo del paraíso da buena cuenta de ello). Este momento ha sido catalogado como un salto cualitativo desde la horda primitiva hacia la emergencia de las individualidades. Posteriormente, al reconocerse a sí mismo y a sus congéneres, este ser humano recién liberado de las ataduras de la inconsciencia colectiva encontró las diferencias más evidentes y por circunstancias del medio y la capacidad de conciencia que en cada estadio fue desarrollando distribuyó roles a cada uno de los miembros del par de “opuestos”. En este desarrollo de la conciencia encontró en un momento determinado (germen de la modernidad), que la manipulación de la naturaleza le daba ciertos beneficios, encontró la razón y sus métodos y los valoró por sobre todas las cosas. Lo demás, es decir, la tradición, la religión, el misterio como forma de conocer, curar o comunicarse, debían adaptarse al nuevo desarrollo de la conciencia o desaparecer. En Cien años de soledad este movimiento de la conciencia es representado por la relación entre Melquíades y José Arcadio Buendía. Este último es el alumno que sueña con transformar los metales, utilizar la lupa como instrumento de guerra, hacer navegable el río o hacer de Macondo un pueblo totalmente de hielo; mientras que Melquíades es el sabio y viejo maestro. José Arcadio, imbuido por los nuevos descubrimientos no tardará en olvidarse de la casa, la mujer y los hijos. Es el hombre entrando en la modernidad, desencantando el mundo y entregándose a los delirios de los nuevos descubrimientos, a otros encantamientos podríamos decir, que a él le parecen más objetivos que los de la tradición.

El mundo es, entonces, iluminado por el aspecto racional de la conciencia, por lo que la conciencia se definirá a sí misma como una luz que va aclarando la oscuridad de la que proviene, es decir, la naturaleza y que solo accede al conocimiento vía las oposiciones, en otras palabras, dividiendo la experiencia en pares de opuestos. Hablo ya no solamente de los opuestos masculino/femenino, sino de todos los que van apareciendo a lo largo de nuestro desarrollo cultural: racional/irracional, objetivo/subjetivo, científico/mítico, conciente/inconsciente, etc. Es interesante observar que esta división la encontramos incluso en algunas teorías sobre el cerebro y no ha faltado quién postule una especie de confrontación entre hemisferios por el poder rector de la conciencia.

En cuanto a los géneros, aparece toda una serie de imágenes de lo que en cada par de opuestos debe depositarse y de lo que cada uno debe ocuparse. Pervive una gran discusión acerca del origen de estas atribuciones, ciertas evidencias, por ejemplo, hacen dudar de una distribución del trabajo por características físicas (la existencia en algunas culturas de mujeres guerreras y cazadoras), así que toda teoría que fundamente las atribuciones del género desde la lógica mujer gestante/hombre guerrero, debe tomarse en cuenta bajo ciertas reservas. El hecho de que nuestras explicaciones sobre el estos asuntos resulten todas cuestionables en algún momento, quizás se deba a que se trata de imágenes construidas desde el contexto cultural en que nos movemos.

Con el paso del tiempo las atribuciones de cada uno de los géneros fueron llamadas características masculinas o femeninas y, al considerarlas innatas, la cultura siguió desarrollándose sin notar que esto no era un producto natural, sino una construcción sobre nuestras diferencias anatómicas. Hay una hermosa imagen de Platón que parece sugerir esta idea de que lo masculino y lo femenino como diferenciación es un producto división que efectúa la conciencia para conocer. Es el mito del Andrógino. Nos dice Platón que habría existido en el origen un ser redondo que tenía tanto características masculinas como femeninas, que en un momento dado se dividió dando lugar a los hombres y mujeres de hoy (y quizás a un tercer sexo que no prosperó). Se dice que desde entonces buscamos nuestra otra mitad pues no somos seres completos sin ella.

Lo que tenemos aquí es una imagen, una percepción del ser humano sobre sí mismo, una que comparten muchas personas aún en la actualidad y que se expresa poéticamente como la idea de la “media naranja”. Esta imagen nos sugiere que hay una necesidad en todas y todos de buscar algo más, algo que genera una sensación de completud, de integración. Nuestra tendencia a literalizar, es decir, a percibir la realidad como una construcción invariable y sólida, no sujeta a los cambios de la imaginación de la época, nos ha impedido leer el mito de Platón como una metáfora de la búsqueda de cada uno de su propia realización, del sentido en sí mismo. Esta tendencia es también la que nos ha llevado a pensar que lo masculino es aquello propio solo del hombre y que lo femenino es lo que invariablemente perteneciente solo a la mujer.

La misma liberación femenina empezó por la imagen más básica y literal de lo femenino, su representación más próxima: la mujer en sus representaciones biológicas y sociales. Este hecho es tan lógico como el hecho de que la reacción más virulenta contra este movimiento proviniera de la imagen más básica y literal de lo masculino: el hombre en su ámbito social. La modernidad había desechado la imaginación y sus subrogados como obstructores del desarrollo del pensamiento científico y valorado los logros de la razón y la producción en masa y sus beneficios; por lo tanto la mujer quiso tener también eso tan valorado en la cultura pues ella se sabía tan valiosa como aquellos hombres a quienes se les adjudicaba como naturales esos logros.

Hoy se habla de nuevas masculinidades e incluso de liberación del hombre. Al mismo tiempo, algunas feministas empiezan a preguntarse por otros terrenos de liberación de lo femenino. Al parecer cada uno está buscando eso que le falta por liberar de la opresión de la literalización. Carl Gustav Jung anunció esta búsqueda al plantear su teoría de los arquetipos. Nos permitió pensar que ellos guían a la conciencia en su búsqueda y que tanto el arquetipo femenino como el masculino nacen con nosotros como posibilidades de ese anhelo a la completud, es decir, también existe una tendencia arquetípica a su integración psíquica.

Los arquetipos masculino y femenino se han expresado en imágenes en todas las culturas y se dibujan, se veneran, se sueñan o se literalizan en los otros y las otras de nuestros amores y nuestras obsesiones. Es probable imaginar que fenómenos de época como la búsqueda de experiencias bisexuales sea una metáfora, de aquel deseo del alma por la integración. Pensarlo como patología o como mero daño moral es, nuevamente, literalizar.

El coronel Aureliano Buendía va tras la mujer porque su alma, eso que en nosotros sabe de nuestras tendencias arquetípicas y que por lo tanto sabe más que el yo, necesita de imágenes que le permitan proyectar todas sus posibilidades. Llega solo hasta la mujer literalizada porque la cultura no le ha dado más posibilidad de imaginar lo suave, lo creativo, lo misterioso y lo mágico. El coronel, el hombre, no se quedará con ninguna porque ninguna le dará la suavidad, creatividad, misterio o magia que su vida necesita pues él no tiene palabras para pedirlo, ni imágenes para imaginarlo a partir de la mujer y mucho menos en él mismo.

El coronel va en pos de la guerra porque en él existe un anhelo natural hacia el poder, el falo. Pero etimológicamente hablando falo significa luz, así como Zeus significa resplandor. La virilidad quiere resplandecer pero como no encuentra en la cultura otras maneras valoradas de hacerlo, “brilla” sus botas y su fusil y va a buscar el triunfo que le permita acceder a “las estrellas” y al poder y brillo que dan el triunfo sobre el otro.

Aureliano se siente viril como tantos dioses lo fueron. Pero cada dios tiene sus límites. En Grecia por ejemplo, incluso el incontenido Zeus sabe hasta dónde puede llegar y tiene un contacto profundo con Eros (el amor) y con Hermes (la negociación y la profundidad), incluso el terrible Yahvé reflexiona sobre la posibilidad de su poder destructivo frente a Noé. Sin otras imágenes que la virilidad literalizada en la fuerza, Aureliano y muchos aurelianos de este mundo se vuelven fríos y distantes con los niños, las mujeres y con los demás hombres (con lo infantil, lo femenino y lo masculino mismo) o, en el peor de los casos, abusadores, violadores y tramposos; encontrándose solos frente a los escasos logros en términos de sentido de su, así, empobrecida virilidad.

La creatividad es algo que nos pertenece como hombres también. No procreamos, pero es para nosotros una necesidad arquetípica crear. Esta necesidad encuentra imágenes literalizadas de la creación y de esta manera nuestra capacidad se ve reducida al crecimiento económico desmedido y la acumulación, así como a la destrucción de la naturaleza para poder seguir produciendo (nuestra burda forma de creatividad).

Pero la historia del coronel Aureliano Buendía no es tan desalentadora. Su final nos muestra una imagen sugerente: se dedica a crear pescaditos de oro. Los destruye siempre que llega a veinticinco para poder volver a empezar, parece mostrarnos que eso que resplandece (el oro de la integración, diría Jung), eso que es flexible, ágil y juguetón como un pez, que nos pone a imaginar como un pez, que fluye con el agua y goza de su propio movimiento hacia las profundidades, puede redimirnos de una vida pegada a las rígidas ataduras de la literalidad. Si bien este oficio privado de Aureliano es una imagen de la producción en cadena, es un pequeño logro para quien dedicó su vida a la destrucción.

La posmodernidad se asoma como una época desafiante de las estructuras rígidas de la modernidad en todos los ámbitos. Quizás esté abriendo el camino para que los hombres encontremos el necesario contacto con el misterio, el poder, la virilidad, la suavidad y la creatividad yendo más allá de la ilusión de la mujer como objeto y de la destrucción de la otredad como único medio para autoafirmarse.

Nuestras construcciones sobre lo que somos son productos del ejercicio de nuestra razón sobre nosotros mismos. Quizás no haya nada masculino o femenino, quizás somos simplemente seres humanos y nuestra búsqueda sea la completud de aquello que nos falta realizar. Quizás la pregunta no sea qué es ser hombre, qué es ser mujer, o cómo me posiciono frente a una mujer o un hombre. Quizás la pregunta fundamental es ¿Qué es ser un ser humano? Si esa fuera la pregunta, cambiaríamos la queja de algunos hombres conmovidos por los primeros logros del feminismo, la cual se expresa más o menos en la frase “No soy nada sin poder”, y la cambiaríamos por una pregunta que nos acogiera a todos, y a todas: ¿Qué somos sin poder, sin amor, sin creatividad, sin sueños? Eso en el caso de que ya podamos desliteralizar esos conceptos y transformarlos en imágenes vivas, brillantes y cambiantes como los pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía.


[1] García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Ed. Círculo de Lectores. Barcelona, 1975, p 92.
[2] Ibíd, p. 224.
[3] Ibíd, p. 208.
[4] Ibíd, p. 225.








Mis cursos

Esta sección seguirá renovándose en cada semestre o con cada nuevo curso. Si crees que en algún momento puede interesarte compartir tus búsquedas conmigo, te recomiendo la revises de cuando en cuando.

Algunos cursos tienen versión On Line.

Enseñar es aprender. Esta es una verdad que he podido comprobar a lo largo de estos quince años de trabajo académico. Comencé en las universidades y, poco a poco, he ido abriéndome campo con grupos independientes en La Casa Jung de Medellín (aunque sigo ofreciendo los cursos "Clínica Junguiana" y "Escuela Junguiana" en la Universidad de Antioquia. Mi interés es siempre poner en relación la teoría con la realidad, tanto esa realidad colectiva como la más individual. Jung decía que la psique construye la realidad cada día mediante la imaginación; así que nuestra gran responsabilidad es revisar continuamente nuestras imágenes sobre el mundo porque, finalmente, eso es nuestro mundo.


Por todo ello, en mis cursos, no puedo dejar de hablar de lo psíquico, de nuestros complejos personales y familiares, de la manera como padecemos y disfrutamos la vida; pero tampoco de lo político, los temas de género, la economía, las religiones, la espiritualidad, el arte y la ciencia, porque todo eso está hecho de de imagen, de afectos, de alma. Otra

cosa que afirmaba Jung una y otra vez es que hasta que suficientes individuos no sean conscientes de su papel en el mundo, el mundo difícilmente iba a cambiar a una mayor consciencia, lo seguiría dominando la psique colectiva, inconsciente y primitiva.

Este semestre: "Mito, Arquetipo y Psicología Imaginal",


ESTOS SON LOS CURSOS DE 2016 (Semestre I)

Encontrarás en la imagen las fechas, costos y temario general

Inscripciones en  eventos@jungcolombia.com
Docente: Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo - Mg. Psicología Analítica - Analista Junguiano IAAP


MITO, ARQUETIPO Y PSICOLOGÍA IMAGINAL (Opción On Line)


Cuando Jung afirma que los dioses, al caer del Olimpo debido a nuestro ejercicio racional sobre ellos, se transforman en enfermedades y raros síndromes que los profesionales deben tratar, nos está sugiriendo que en las imágenes míticas tenemos las pistas fundamentales para devolver al alma a sus fuentes originarias que fueron contaminadas por las aspiraciones unilaterales del ego. ¿Qué mito vives tú?, es la pregunta que Jung se dirige a sí mismo y que explorará durante su vida, invitándonos a hacer lo propio.

James Hillman por su parte, nos invita a ver en las imágenes míticas los reflejos exactos de la diversidad de la naturaleza humana, abriendo una nueva forma de relacionarnos con nuestras imágenes internas y nuestras perspectivas del mundo que nos rodea: un pasar del concepto negativo de "lo imaginario", a la revalorización de "lo imaginal" presente en la estructura misma de lo psíquico. Así, la perspectiva arquetipal más que oponerse, complementa el postulado de Jung, al naturalizar la naturaleza de cada uno (valga aquí la redundancia), permitiendo comprender ampliamente lo raro, lo anormal y lo complejo que a todos nos habita.






FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA (Opción ON LINE)

En esta ocasión trabajaremos sobre las conferencias de Jung conocidas como "Las conferencias tavistock. Sobre la teoría y la práctica de la psicología analítica", que se encuentra en la obra completa, tomo 18/1 "La vida simbólica" (Editorial Trotta). El texto cubre los elementos fundamentales de la visión de Jung; por tratarse de una serie de conferencias dirigidas a público no experto, nos ofrece una oportunidad excelente para comprender "desde abajo" dichos presupuestos.
(como en todos nuestros cursos damos acceso al texto).





PSICOTERAPIA Y ALQUIMIA (Sólo presencial)

En nuestro encuentro sabatino "Imagen e Imaginación en psicoterapia", entraremos en contacto teórico y vivencial con la alquimia tal como es vista por la psicología analítica.

Jung encontró en la alquimia el correlato perfecto, en la historia de las ideas, de su concepción de la psique y del ejercicio psicoterapéutico. La alquimia es entonces una metáfora del proceso de individuación y, aún más, es una forma de leer lo psíquico y sus imágenes.

Este semestre seguiremos el orden propuesto por Edinger y recrearemos cada operación con una actividad vivencial: Calcinatio, Solutio, Coagulatio, Sublimatio, Mortificatio, Separatio y Coniunctio.

Otros textos que nos servirán de apoyo: "Psicología y Alquimia" (Jung) y "Alquimia" (Marie-Louise Von Franz).





EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN (Opción ON LINE)

Tras terminar la tarea, ardua y movilizadora, de hacer una primera lectura de El Libro Rojo, ofrecemos en el espacio de los lunes la oportunidad de acercarnos a una de las propuestas más revolucionarias de Jung, aquella que permite a la psicoterapia trascender el estrecho marco de una cura sintomática. La individuación nos da una perspectiva amplia del papel que juegan todas las vicisitudes humanas, incluidas nuestras patologías, en el direccionamiento de la vida y su voluntad de expresarse a través de nosotros. La individuación es una tendencia natural hacia la realización de nuestra propia naturaleza en vinculación consciente con la comunidad humana y con el mundo en general.













Segundo semestre de 2015

El Libro Rojo De Jung. 

Este curso ha generado impresiones tan profundas, que los comentarios de quienes asisitimos siempre están siempre referidos a la propia experiencia de la lectura, a los sueños que suscita y a la admiración por el testimonio personal de Jung quien, en medio de un mundo que adora la objetividad hasta el positivismo, se atrevió a internarse en la psique más allá de conceptos y aspiraciones "científicas" en términos modernos.

Si apenas comienzas a acercarte al Libro Rojo, haz click AQUÍ y AQUÍ


También te invito a ver la presentación "Sobre los aspectos de la belleza en el Libro Rojo de C. G. Jung" haciendo click AQUÍ



FECHA DE INICIO: Lunes 2 de Febrero.
FINALIZA: Lunes 25 de Mayo

Carl Gustav Jung elaboró un hermoso libro en el que plasmó en imágenes y textos su experiencia directa con lo inconsciente. Nunca se trató para Jung de arte, sino de un experimento consigo mismo en el que la imagen permitió contener el caos que, para la consciencia, significaba dicha experiencia. Todo lo vivido por aquellos días le ocupó, según afirmó, durante todo el resto de su vida, al traducirlo a una completa teoría sobre la psique y en una rica práctica terapéutica.
Este semestre leeremos el capítulo dos. Las personas que no participaron de la lectura del primer capítulo recibirán audios y textos del curso anterior.

INICIO Lunes 26 de Enero 7 p.m.: Sesión de nivelación y resumen.
SEGUNDA SESIÓN Lunes 2 de Febrero: Liber Secundus: Las imágenes de lo errante. Capítulo I: El Rojo
(Prosigue cada quince días. Siguiente sesión: Lunes 16 de febrero)


PRESENTACIÓN GENERAL DEL CURSO:


INFORMES EN  eventos@jungcolombia.com y en los teléfonos (057+4) 234 84 91 // 314 800 59 79 // 

A. Horarios, fechas y costo:
- Horario: Lunes de 7 a 9 p.m. hora colombiana.
- Periodicidad: Quincenal
- Costo del semestre: 280.000.oo pesos (150 USD)
- Forma de pago: consignación local en cuenta ahorros bancolombia. Giro internacional Western Union

B. Formato de estudio. Material de lectura:
El curso puede seguirse tanto de manera virtual como presencial.
Contamos con una plataforma que permite a los asistentes ver y escuchar al expositor y realizar sus intervenciones por vía escrita inmediata (Chat). Cada quince días las personas inscritas recibirán un link para ingresar a las sesiones.
Se dividirá el libro convenientemente en apartados que se irán comentando cada quince días. El objetivo es brindar el contexto histórico, biográfico y teórico del libro, como forma de amplificar y comprender su mensaje psicológico.
Aunque privilegiamos la lectura directa del libro y el poder apreciarlo físicamente, hemos conseguido un programa informático que nos permitirá enviar quincenalmente en PDF las páginas a leer.






"La razón nos pone límites demasiado estrechos y nos exige vivir exclusivamente lo conocido —e incluso esto con limitaciones— en un lugar conocido, ¡como si se conociera la auténtica dimensión de la vida! En realidad trascendemos día a día más allá de las delimitaciones de nuestra consciencia; sin nuestro conocimiento lo inconsciente vive en nosotros. Cuanto más prevalece la razón crítica, más pobre deviene la vida; pero cuanto más inconsciente, cuantos más mitos podamos llegar a comprender, tanta más vida es integrada. La razón sobreestimada tiene de común con el estado absoluto lo siguiente: bajo su dominio se empobrece el individuo.

[...]

La necesidad de la expresión mítica se satisface si tenemos un criterio que explique suficientemente el sentido de la existencia humana en el universo, un criterio que proceda en la totalidad anímica, concretamente de la cooperación de consciencia e inconsciente. La carencia de sentido impide la plenitud de la vida y significa por ello enfermedad. Ninguna ciencia sustituirá al mito y no resultará mito alguno de ninguna ciencia." 
C. G. Jung. Últimos pensamientos. En Recuerdos, Sueños y Pensamientos.





La teoría de los Arquetipos nos permite percatarnos de los temas fundamentales a los cuales como humanos tenemos que responder inevitablemente, los mitos y los cuentos, nos acercan a los diferentes tipos de respuesta según cada cultura y cada entorno social o familiar. Sin darnos cuenta vivimos estructuras míticas, las disfrutamos o las padecemos.

INICIO: Martes 3 de Febrero 7 p.m.: Sesión de nivelación (Ego, Inconsciente personal e Inconsciente colectivo. Imagen y Proyección). Lectura sugerida: "El concepto de inconsciente colectivo". En "Arquetipos e Inconsciente Colectivo")
SEGUNDA SESIÓN: Martes 10 de Febrero: "Las dos formas de pensamiento" En "Símbolos de transformación".
(prosigue cada ocho días, excepto el último martes de cada mes).

FECHA DE INICIO: Martes 3 de Febrero.
FINALIZA: Martes 19 de Mayo








“Muchos de los estudios de psicología de este siglo, se han realizado en Europa del Norte y en Norteamérica. La mayoría de los psicólogos, en especial los junguiano que han heredado el concepto de Jung sobre los arquetipos, han sido, principalmente, protestantes y judíos cuyas religiones, educación y modo de vida proporcionan una formación ética y una conciencia inclinadas a la represión o a la interpretación errónea del aspecto dionisíaco de la vida. Se trata de un malentendido geográfico, histórico, étnico y religioso. No debe ser una sorpresa que los psicólogos modernos encuentren difícil comprender la relevancia y la presencia de Dionisos en la psique. Arquetipalmente, Dionisos representa una psicología y, si no se percibe ni respeta su presencia, el conflicto psíquico que ello crea, pasa sin ser detectado. Quisiera que el lector entienda que estoy tratando de traer a discusión algunas de las cualidades que Dionisos puede ofrecer a la psicoterapia. Por lo general, estamos tan distanciados de las emociones que propicia la presencia de Dionisos, que la conciencia de esta distnacia pudiera ser la única actitud dionisíaca posible. En este sentido, es difícil imaginar, hoy en día, a un psicoterapeuta que siendo sensible a la presencia de Dionisos, pudiese ser capaz de dar respuesta desde un nivel dionisíaco de la psique y así propiciar un antiguo atributo del dios: la curación. La experiencia del análisis personal del psicoterapeuta y de los estudios de psicoterapia junguianos, hoy en día, no aparentan ser sino el cumplimiento de un requisito académico. De ninguna manera, esto puede ser dionisíaco.

Con la represión del Dionisos emocional, aparece la represión del cuerpo. Ivan Linforth dice que el cuerpo siempre es dionisíaco, de lo cual podemos deducir que Dionisos siempre es el cuerpo. Esto significa abandonar al intelecto y estar en el cuerpo, sentir el cuerpo. Para mí, el tesoro más valioso que se pueda alcanzar en psicoterapia es el cuerpo emocional y esto, obviamente, está relacionado con Dionisos. Podríamos decir que hay un Dionisos en nuestro cuerpo, que está esperando ser contactado y darnos acceso a la riqueza de sus emociones y sentimientos.” Rafael López-Pedraza. Dionisos en Exilio. Ed. Festina Lente, Caracas 2000. Pg 45

Como terapeutas nos internamos cada día en el sufrimiento humano del cual también hacemos parte. Es una necesidad ética y humana estarnos preguntando sobre la vida que se manifiesta en cada dificultad, sobre la naturaleza profunda que hace su aparición mediante la imagen proyectada en los demás, en los sueños, los actos, las fantasías o las vivencias sociales de cada uno y cada una. Las emociones básicas son el motor de todo esto; toda emoción busca expresarse y lo logra mediante imágenes ¿cómo es esa conexión entre emoción y psique? ¿hasta dónde podemos ver las emociones en un occidente que les teme, las castiga o trata de controlarlas reprimiéndolas?

INICIO: Sábado 7 de Febrero 2 p.m.: ¿qué es una emoción? ¿se diferencia del sentimiento? ¿cuales me prefieren a mi?
Lectura: "Introducción a las emociones" En "Emociones, Una lista" Rafael López-Pedraza.

SEGUNDA SESIÓN: Sábado 21 de Febrero 2 p.m.: Dionisos exiliado: ¿Porqué Dionisos? ¿Porqué "en exilio"?.
Lectura: "Dionisos. Mito y Culto". Introducción. Walter Otto.
(prosigue cada 15 días).


FECHA DE INICIO: Sábado 7 de Febrero.
FINALIZA: Sábado 30 de Mayo







“Las películas son capaces de producir ejemplos asombrosos del inconsciente colectivo debido a lo ilimitado de sus medios de presentación.” C. G. Jung

“A veces se sueña con el cine: alguien ve una película o va al cine; es una imagen onírica bastante frecuente. En mi opinión significa que contemplamos una situación que ha sido estudiada concienzudamente,  que se ha cortado y montado por así decirlo, que se ha analizado y presentado. Una situación que se comprende en su totalidad y al verla tenemos una idea global.

En nuestra vida individual sólo tenemos la oportunidad de ver un fragmento de un solo patrón arquetípico. Pero en el cine se nos presenta todo el patrón completo en un par de horas. Y si la película es realmente buena, tenemos verdaderamente la sensación de que se nos ha sacado de nuestra experiencia personal, de la pequeñez de nuestra experiencia personal para mostrarnos algo realmente universal. Creo que eso es lo que hace el arquetipo: dispararnos, por decirlo así, hacia una perspectiva más amplia.” John Beebe (Analista Junguiano de San Francisco)


Es evidente que el buen cine logra captar la imaginería propia de cada época o del entorno cultural en que surge. ¿Con cuál arquetipo o situación arquetípica me conecta esta película que tanto me gusta (o que tanto me disgusta)? ¿Con cual naturaleza arquetípica podemos conectar a tal o cual director en su fascinación con un tema en particular? ¿Es posible que un tipo particular de cine esté creando (o simplemente expresando) la nueva mitología?

Se trata de la presentación de un documental introductorio al método junguiano de comprensión de las imágenes y de ocho grandes obras del cine mundial, que nos permitirá recorrer el universo de los arquetipos, esas matrices de percepción y comportamiento que, sin darnos cuenta, nos influencian a todos desde dentro y desde fuera.

No es necesario un gran conocimiento de la teoría junguiana, pues precisamente será la obra artística y su hermenéutica la que nos permitirá entrar en relación con algunos conceptos necesarios.


INICIO: Sábado 7 de febrero 10 a.m.: Sesión introductoria y de nivelación. Documental: "Atravesando por el mar de la noche. Un viaje a la psicología de C. G. Jung". Se sentarán las bases de la observación del relato cinematográfico desde la perspectiva junguiana. También veremos fragmentos del documental "Jung, la sabiduría de los sueños".
SEGUNDA SESIÓN: Sábado 21 de febrero 10 a.m.: "La vida de las marionetas". Ingmar Bergman, psicopatía y el arquetipo del Ánima (Lo Femenino).
(prosigue cada 15 días).


FECHA DE INICIO: Sábado 7 de Febrero.
FINALIZA: Sábado 30 de Mayo


Para conocer el recorrido histórico de cada uno de los cursos puedes dar click en los siguientes enlaces:


EL LIBRO ROJO DE JUNG (Opción On-line)

MITO Y ARQUETIPO (Opción On-Line)

CLÍNICA Y PSICOTERAPIA JUNGUIANA. Rizoma

CINE Y ARQUETIPOS. El Laberinto.


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