martes, 17 de abril de 2018

Alma mía, sola.

Alma mía, sola.

Hay en nosotros una soledad profunda a la que nadie puede llegar, la que heredamos de aquellas épocas cuando vagábamos por las estepas y los bosques, por las montañas nevadas explorando ese blanco profundo y por los mares y ríos ensayando nuestros primeros sistemas de navegación, esos momentos en los que nos quedábamos mirando el mar, el atardecer y las estrellas o simplemente escuchando el cantar de las aves o el arremolinarse de las nubes; momentos de soledad en los que las grandes preguntas llegaban hasta nosotros, preguntas por el universo, por el ahora, por el mañana, por esos otros seres. Esa soledad regresa hoy, cuando miras por la ventana tomándote un café, cuando te retiras en la naturaleza, cuando apagas las luces y te quedas en silencio, aún en medio de otras gentes, esos momentos en los que permites que regresen aquellas grandes preguntas.

También está la soledad de la muerte, ese momento en el que ya nadie podrá estar con nosotros porque no se puede compartir algo tan íntimo, allí donde sólo nos queda el cuerpo y la historia que se van, al mismo tiempo que se activan todas las intuiciones y sensaciones de lo que viene.

Y aún hay otra soledad, la de la añoranza de un alma por otra, de un cuerpo por otro, de una historia por otra ¿qué le contarías? ¿qué le dirías? ¿qué le regalarías? ¿cuánto de ti podrías entregar?.

¿Y si esa añoranza también es por el alma propia? ¿si se trata de una pregunta sobre el alma desconocida, perdida o por realizar? ¿y si es una posibilidad de ofrecer a la propia alma algo? ¿qué le contarías? ¿qué le dirías? ¿qué le regalarías? ¿cuánto de ti podrías entregarle?.

En cualquier caso, es fantástico hacerlo simultáneamente y a través de un alma otra, externa... con todas las exigencias que eso implica.

Lisímaco Henao H.

4 comentarios:

  1. Como los ruidos que hace el silencio, siempre intentando llenarse de algo... o los desencuentros, en los que el propio rostro como un desconocido asecha cuando ya no hay resonancias; o el eco vacío de la razón que ya no explica nada pero sigue reproduciéndose.
    Es arriesgado construir con otro, "con todas las exigencias que eso implica" dice usted, de perderse en el otro, de poner en él la sensación de indefensión propia, o el deseo de ser salvado del propio autodesconocimiento.
    Inspira y alienta su texto, también deja la sensación de la tarea por hacer, con uno y con el otro, y de la necesidad de la confianza, en los caminos propios, en las maneras de moverse... así estas parezcan invisibles.
    CONMOVEDOR

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    1. Y entonces Azucena, me llevas a pensar que una nota tan corta y con cierto tinte poético no puede dar cuenta de toda la complejidad de la intención (mucho menos de quien las escribe), y deja abierta siempre una puerta demasiado ancha hacia la interpretación. No. construir con otro con todas las exigencias que eso implica no significa necesariamente perderse en él, ni cargarlo con nuestra indefensión, ni ser salvado del propio trabajo con uno mismo. Querer construir con otro significa que se reconoce que, además de estos seres con altos ideales de autodescubrimiento también somos seres "con otros", asumir con la humildad que a una parte del ego le cuesta tanto, que podemos y necesitamos amar a otros, que también "ser es ser percibido". No. No es desde la desconfianza en los propios caminos y maneras de movernos que reconocemos esta necesidad humana, es desde la aceptación profunda de que hay un pedacito (o un pedazote) de vida que puede recorrerse en compañía, una trozo de soledad que puede ser acompañado. Desde el día en que un gurú moderno convenció a medio mundo de que lo opuesto de amar es depender, una gran marcha inició, la marcha de aquellos que enarbolaron las banderas de la independencia y la libertad, vanas utopías que ocultan un aislamiento inconfesable pues pocos reconocen que vencieron la dependencia al costo de negar una de las cualidades más sublimes de lo humano: la comunidad. Pero entonces no me estoy yendo tampoco hacia el otro lado, habrás notado que mi escrito da cuenta del reconocimiento del trabajo para asumir aquel aspecto del alma en el cual soy responsable de mi propio ser, autodescubrimiento e individuación, pero eso sí, huyendo contínuamente del individualismo que ahora se disfraza brillantemente tras la máscara de ideales como la autorealización, iluminación, perfeccionamiento, felicidad... bueno, ya conocerás el mercado de esos productos y la forma como el capitalismo se abre ahora a la "industria espiritual". Muchas gracias por tu comentario... si te interesa esto de la "dependencia necesaria" te recomiendo el primer capítulo de "El cuidado del alma", de Thomas Moore... lástima que la palabra "depender" sea la que usemos para algo tan valioso en el alma.

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    2. Los caminos se cruzan, se chocan, a veces en el fulgor de un abrazo se vive la vida entera, a veces se necesitan cientos para que el corazón se estremezca. Los amores que dejamos "somos" y nos dejan como "somos"… y aquellos en los que insistimos también.
      Concuerdo con la confusión idealista de la libertad, aún más cuando ésta se emula como una forma de aislamiento, o se actúa en ella bajo la sospecha propia y la de otros, de estar haciendo algo que no está bien. Es posible que el problema de la libertad al construir con otros, sea más un asunto de expectativas, y de la manera como ponemos en los demás esperanzas, ilusiones y fantasías de felicidad. Supongo que las formas amorosas, de las cuales la familia, los amigos y la pareja, son ejemplos, también se pueblan en lo cotidiano de las conversaciones interiores que tenemos con nosotros mismos y nuestras propias contradicciones. Bajo la ilusión de libertad, se limita la libertad propia del necesitar, que puede estar en la base del compartir, y también se niega la diversidad de esa necesidad, lo múltiple y diverso de los caminos por los cuales se puede llegar a ella. Ningún extremo demasiado categórico, así sea el que justifica la libertad en si misma o el que la niega (el amarse tal y como son, como si eso pudiera ser un propósito, y el amarse en la fe de poder cambiar al otro o para el otro, por ejemplo), permitiría construir un acto libre y libertario; tampoco el otro tiene que estar dispuesto a eso.
      Así que una comprensión de la libertad, no como individualismo, sino como reconocimiento de en qué y cómo nos compromete el alma, hace parte de esos trabajos. Pero no son trabajos filosóficos. En eso resueno con el texto que me invita a leer, son como los oficios de la casa, tareas que a veces hacemos sin el suficiente detenimiento; son trabajos cotidianos, como recoger el propio desorden, lavar la ropa, hacer la comida... Cómo cuando se siente un fluir claro en la cotidianidad con alguien y al intentar que las exigencias de libertad, compromiso, fidelidad, acompañamiento o escucha concuerden, se pierde de alguna manera ese fluir; ahí diría que está puesta la mesa, para todo un proceso de conversación con uno mismo, y muchas veces el otro está ahí como imagen para hacer ese proceso. No porque tenga que ser a través del otro, es porque está ahí.
      El otro asunto es que la construcción implica la creación de un espacio en el medio, un espíritu particular que nace y finaliza en cada encuentro. El tipo de invento que viene siendo una relación, como una obra de arte, en la que se insiste; el tipo de obra, hablará del tipo de espacio. Esa idea me evoca un texto de Alice Munro, más poético y también más susceptible de abrir interpretaciones; tiene 11 cuentos reunidos bajo la idea de ‘El progreso del amor’. La obra que lentamente se convierte en otra cosa. Como al ir a una fiesta, que resulta ser aburrida y la actitud de uno la anima, y al final resulta bastante bien o, al contrario, estaba realmente bien y resulta que no logró ser algo propio, o incluso un estar en medio, estaba bien y estar ahí fue justo para ese momento.
      Hay muchos elementos invisibles también, voces que llegan y se atribuyen al otro, exigencias que se presienten y se pierden, espejos en los que nos vemos, otros en los que ya no hay ni un solo reflejo. Entonces aparece la idea del milagro, es un milagro del alma que haya un encuentro, y la tarea es una tarea de conocer el alma, construir, acompañar y reconocerse en la necesidad en él, y hasta saber marcharse.
      Yo personalmente pienso en la palabra ‘dependencia’, que como usted dice adquiere una connotación negativa que falsea lo que el autor quiere decir, más como la palabra ‘necesidad’, el alma necesita al otro, y cotidianamente necesitamos al otro, y también necesitamos ser el otro de alguien.

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  2. Un abrazo. Gracias por compartir y por las referencias. hay otras coincidencias... esta sobre la libertad...

    http://www.losjardinesdepsique.com/2015/01/somos-libres.html

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