miércoles, 21 de marzo de 2018

LO MASCULINO

 (En días de reflexión sobre lo masculino, los hombres y las mujeres).

¿Cómo integrar lo masculino nos protege contra el fanatismo y la alienación?
Lo Masculino (eso que Jung llamó el Arquetipo del Ánimus) va mucho más allá de las estereotipadas posturas externas que nos dijeron había que asumir para “ser hombres”, es una fuerza interior en hombres y mujeres que nos lleva a establecer órdenes necesarios sobre la vida misma. Así, mientras que Lo Femenino es la fuerza que une (el Eros), Lo Masculino es el Logos que diferencia, constituyéndose así en la otra mitad de la unidad de todo lo vivo.
Conectarnos con lo masculino implica la aceptación de nuestro ser como algo diferenciado de la naturaleza, en diálogo permanente con el instinto y lo irracional ya que "diferenciado" no significa "separado radicalmente", se trata de un trabajo duro pero realizable en la medida en que se establecen límites claros frente a la tendencia natural a la inercia y al no-cambio.
Conectarnos con Lo Masculino implica la capacidad de proteger lo mejor de la civilización teniendo la fuerza necesaria para luchar contra los elementos que amenazan a la humanidad como tal. Es fácil caer en procesos deshumanizadores cuando somos arrastrados por lo colectivo, por una unificación desbordada que conduce a fanatismos en todos los niveles. El Ánimus nos protege de caer en la masa irreflexiva y fanática pues nos muestra que "estar cercanos" es muy diferente a ser arrastrados.
Integrar Lo Masculino nos permite diferenciarnos de nuestro pasado, de nuestros padres y sus malos entendidos, de los malos entendidos sobre el patriotismo, la masculinidad, la guerra o la paz, porque allí donde reinan las “obligaciones de grupo”, lo Masculino dice: “revisemos qué es lo que nos une verdaderamente” ó “qué es defendible y qué no” ó “qué es razonable y qué no”.
Conectarnos con Lo Masculino es encontrarnos cada día con las regulaciones construidas en el proceso de hacer alma consciente, para cumplirlas aunque nos impongan límites, para transmitirlas coherentemente a las nuevas generaciones y para revisarlas y cambiarlas cuando sea necesario, es decir que, paradójicamente con respecto a lo dicho arriba, desde los masculino también podemos cambiar esos elementos de la civilización que ya no funcionan, renunciar.
Conectarnos con Lo Masculino es, finalmente, vivir la luz clara y definida (sol), esa que nos permite asomarnos veraz y críticamente a las claridades construidas, sin temor a ubicarnos junto a la variedad tonal que nos ofrece la luz tenue (luna) de Lo Femenino. Porque entrar en relación con Lo Masculino hará en nosotros un lugar para la diferencia y para la diferenciación de aquello que se nos muestra “en bloque”, como “unidades de criterio” no siempre suficientemente analizadas. Lo Masculino nos puede dar, a hombres y mujeres, la capacidad de co-crear un mundo nuevo con perspectivas claras, con la necesaria sensación de permanencia y continuidad en relación con el tiempo, el espacio, lo colectivo y lo individual de manera clara y diferenciada.
Lisímaco Henao Henao.
Borradores en preparación de un artículo para la revista de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay.

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