viernes, 29 de septiembre de 2017

MEMENTO (Christopher Nolan, 2000) Apuntes para un cineforo.

MEMENTO
(Chirstopher Nolan, 2000)

APUNTES PARA UN CINEFORO

TEMÁTICA: Laberinto, memoria y subjetividad.

(ACLARACIÓN: La elección de las películas para los CINEFOROS CASA JUNG responde al deseo de explorar un tema en particular, más que a analizar el carácter artístico de la obra, en esto nos conducimos por el principio arteterapéutico según el cual importa la expresión, más que el arte y sus criterios colectivos.)

El Yo es una función de la psique, una herramienta que se genera en la interacción con el mundo exterior, que nos permite relacionarnos con los datos de ese mundo exterior y con las reacciones internas a esos datos. El Yo se basa entonces por un lado en la memoria, que nos da la sensación de continuidad y por el otro en el cuerpo, que informa sobre la posición en el espacio y los estados afectivos resultantes del encuentro con el medio, mediante las sensaciones. En otras palabras la memoria nos dice dónde estuvimos y nos informa de un acumulado de imágenes sobre nosotros mismos, además de proveernos de una existencia temporal que se mantiene en medio de los cambios (una forma de "existencia holográfica" quizás), mientras que el cuerpo nos ofrece la valiosa percepción de existir como un volumen de tres dimensiones en un espacio también de tres dimensiones, volumen que además expresa sensaciones y afectos  diversos. La prueba de que el cuerpo es también un aspecto del Yo la encontramos en los trastornos de la imagen corporal, en los que una persona puede representar su propio volumen de una forma, incluso ver esa forma en el espejo, mientras que todo el mundo ve otra (algunos analistas junguianos nos hablan del concepto de "cuerpo psíquico", que se asocia con estas ideas).

En cuanto a la memoria es válido hacernos una pregunta inicial: ¿es la memoria como una cámara fotográfica?, ¿recordamos las cosas tal como sucedieron?, quizás no deberíamos apresurarnos en responder a esa pregunta, quizás debamos recordar esos momentos en los que uno de nuestros recuerdos fue controvertido por el recuerdo de otra persona sobre el mismo suceso (cuando otro lanza la frase “eso no sucedió así”). Este fenómeno de distorsión mnémica se debe a tres factores principales: 1. las emociones que acompañan a las imágenes almacenadas 2. al poder asociativo de las imágenes y 3. al tiempo transcurrido; la ecuación resultante sería más o menos esta: a más tiempo, mayor acumulación de emociones y, por ende, también mayor cantidad de conexiones de la imagen almacenada con otras provenientes de otros recuerdos o incluso de un imagen presente. No debemos olvidar que el carácter emocional de las situaciones es lo que hace que estas sean recordadas (a menor emoción, menor registro).

Además de los 3 factores mencionados, hay uno más complejo que influye en la alteración de la memoria: la influencia de factores inconscientes como la disposición personal, los complejos y el interés del alma en hacerse a imágenes que le permitan continuar hacia adelante, en el proceso de individuación, en otras palabras, para ser uno mismo la psique puede hasta torcer la historia. Este es un factor que podemos llamar “de conveniencia”, así la memoria sirve al futuro y no sólo al registro del pasado, así sirve al alma y no sólo al Yo.
Para el psicoanálisis el Yo es sobre todo una construcción imaginaria, estoy de acuerdo en ello, esto que llamo “mi yo” es una condensación y amontonamiento de imágenes sobre lo que creo que soy, una precipitación especular. Existen, no obstante, emergencias en este Yo que provienen de otros ámbitos, emergencias como estas distorsiones de la memoria que nos comprueban la tesis de Freud sobre un cierto aspecto inconsciente en el Yo mismo. Sumado a todo esto, un sujeto puede encontrarse poseído por estas imágenes sobre sí mismo, es decir, no ser capaz de dudar, cuestionar o confrontar lo que cree ser, en cuyo caso nos encontramos ante una inflación del Yo o ante una patología de lo que Jung denominara el “complejo del Yo”.

En la película Memento, el Yo del protagonista comparece expresando un deseo de ordenar su mundo a partir de la memoria inscrita en el propio cuerpo (aquí cuerpo y memoria son literalmente uno), pero también aparece otro deseo: el de falsear, olvidar o alterar los recuerdos. Nos queda la pregunta de si el segundo deseo corresponderá al Yo o a otro ámbito de la psique que quiere expresarse mediante esa suplantación de la propia identidad. Algo se quiere mostrar y algo se quiere ocultar, al ocultamiento precisamente parece servir el laberinto de la memoria y el olvido, pues como afirma Mircea Eliade: “"Un laberinto es muchas veces la defensa mágica de un centro, de un tesoro, de una significación. Penetrar en él puede ser un rito iniciático, como vemos en el mito de Teseo. Este simbolismo es el modelo de toda existencia que, a través de numerosas pruebas, avanza hacia su propio centro, hacia sí misma, hacia el atman, por emplear el término indio”; quizás nuestro protagonista esté siendo movido a través de esta estructura arquetípica hacia el descubrimiento de alguna consciencia de sí mismo, eso parece indicar el final de la película.

Conversaremos en torno a varios símbolos que aparecen en la película y a las emociones que transmiten, puesto que asistimos a una obra en la que el protagonista se plantea preguntas que tal vez cualesquiera de nosotros se habrá planteado alguna vez:

¿Y si nada de esto hubiera sucedido? ¿Y si no hubiera dicho o hecho esto o aquello?

¿Es posible siempre con fuerza de voluntad (fuerza y disciplina) retener lo que yo quiera en la memoria?

¿Existe el significado del mundo a pesar de que yo no lo recuerde? ¿Está el mundo ahí aunque yo no lo registre? ¿Existiría el mundo tal como yo lo veo aunque yo no existiera?

¿Cuál es el papel del instinto en el fenómeno de la memoria? ¿Puede llamarse memoria a la repetición instintiva? (manejar carro) (reflejo)

¿Podemos sanar por repetición? ¿Es la repetición un intento de rescatar algo olvidado que serviría para sanar?



Lisímaco Henao Henao.

Psicólogo y Analista Junguiano.
Septiembre 29 de 2018




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