miércoles, 27 de abril de 2016

Tener un alma


Tener un alma.


(Actualmente estoy escribiendo mi segundo libro "Ego y Alma: una relación compleja". Este pequeño texto contiene lo que yo llamaría la inspiración matriz del libro)



No es fácil tener un alma, es mucho más simple tener un ego al que se pueda adornar con ideales y autoengaños de superioridad o inferioridad, de bajas y altas autoestimas, de radicales juicios sobre la conducta de los otros, de autocontrol y fuerza de voluntad. El ego tiene mil formas de esconderse, de defenderse, de sostener sus ilusiones de triunfo y prosperidad, de desarrollo y éxito; tiene una batería extensa de artimañas para ocultarse del alma que pugna por manifestarse (para poner sólo un ejemplo, se ha inventado términos tan tramposos como estos: "falsa modestia", "envidia de la buena" y "mentira piadosa"). El ego también puede, tremenda paradoja, disfrazarse de profundidad de alma, por ejemplo, aparentando que se está en contacto con lo trascendente todo el tiempo y en cualquier situación (independientemente del concepto que se tenga de "lo trascendente", que a veces es algo que no se nombra así pero que funciona como tal en la mente de algunos, por ejemplo, en la de aquellos que confían ciegamente en el intelecto y sus logros, para quienes lo trascendente es el conocimiento científico y su objetividad).


¿Pero un alma? ¡que difícil es tener un alma! Comenzando porque en realidad nadie "tiene" un alma, ella nos tiene a nosotros, su autonomía es impresionante, sus formas de aparición inusitadas y diversas; en su territorio no podemos escondernos, nos habla en sueños y en realidades plagadas de inseguridad, defectos, fracasos, fragilidades y constantes transformaciones (nada de esa permanencia "sólida" con que sueña el ego). Ella sólo mostrará ese brillo del que algunos hablan en ciertos momentos y luego de haberla aceptado mucho, ¡muchísimo!, y no es fácil aceptarla ya que en más de una ocasión nos sugerirá verdades dolorosas, no necesariamente compatibles con aquello que quisiéramos ser o mostrar.

Es tan difícil estar constantemente en contacto con ella que periódicamente tenemos que salir a la superficie y respirar, sí, ¡un poco de superficialidad!: reírnos de tonterías, despotricar de los políticos y de los falsos profetas, emborracharnos, saltar con la canción pegajosa y "vacía", tener un hobbie que no sirva "para nada", un "tiempo perdido", algo del oropel de la máscara. A la larga, es interesante comprender que incluso ese vacío aparente de la superficie es un producto del alma en su encuentro con un ego particular, o colectivo, o incluso colectivizante. 

Todo es vida.

Lisímaco Henao H.
Analista Junguiano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario