jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Qué tan perjudiciales pueden ser para los niños los concursos de talento?

Los estadounidenses, desde su particular estilo de vida, han dado con una mina de oro en los concurso de talento (Reality Shows). Pero quizás la veta más productiva ha sido el concurso dirigido a los niños. Comenzaron con los reinados infantiles, en los cuales uno puede ver a niñas de cuatro años o menos tan maquilladas y encorsetadas como cualquier dama de burlesque francés. Ahora han impuesto, y nosotros les hemos comprado por supuesto, la serie sobre música, circo y otras artes.
Comencemos por admitir que cualquier niño o niña promedio es tremendamente polivalente: bailan, cantan, recitan, cuentan chistes, memorizan números y pueden aprender desde movimientos de karate hasta imitaciones de políticos, líderes religiosos y artistas de cualquier género (en psicología analítica llamamos a esto el aspecto "omnipotente" de El Niño). En consecuencia muchos padres se ilusionan con que se encuentran frente a la próxima estrella del espectáculo y las razones para ello van desde la simple ingenuidad paterna, hasta las propias frustraciones proyectadas en los infantes, pasando por aspiraciones económicas y sociales varias (a esto lo llamamos el encantamiento del "carácter futuro" de El Niño).
Debo aclarar que ningún padre exagera en estas expectativas por un acto de "maldad consciente", simplemente son tomados por factores inconscientes mientras que en su consciencia actúan de buena fe, esperando lo mejor para sus hijos e hijas, es decir, que ellos encuentren su camino.
Lo que uno puede observar (y que no veremos nunca en la pantalla de nuestros televisores), es la angustia de los niños que no resultan triunfadores o que ni siquiera pasan los primeros filtros, aquellos que no resultan ser las fulgurantes estrellas que se imaginaron al observar la pantalla, aquellos cuyas vidas pueden estar destinadas a otros menesteres no menos valiosos pero para los cuales no hay "show mediático". En ocasiones la ilusión y la idealización han tomado tal velocidad y han profundizado tanto en su psique, que ya los padres no saben qué hacer frente a los efectos que pueden ser devastadores: depresión, desgano, desencanto con la vida, sensaciones de no futuro, todo ello en personas que apenas deberían estar soñando y aprendiendo a adaptarse a un mundo social real y complejo como es el nuestro. Niños y niñas valiosas por lo que son, por lo que saben y por lo que aprenderán, pero suspendidos en la cuerda del éxito televisivo.
¿Cómo acompañar a estos niños desencantados?
Quizás también debamos preguntarnos sobre cómo acompañar a estos padres confundidos con lo que de repente está pasando. Los adultos (ahora ampliemos el rango puesto que no siempre son los padres los que han quedado atrapados por "la magia", en ocasiones son tíos, profesores, etc.), deben ocuparse de unirse con los niños en la "sensación de fracaso" y dialogar emocionalmente en torno a que en la vida no siempre se consigue todo lo que uno desea. Se que esto es muy difícil pues somos los adultos lo que primero tenemos que convencernos de ello y de que no es nada malo, pues crecimos escuchando que "todo es posible" y que "hay que ser triunfadores". Quizás sea oportuno hablar del concepto de "triunfo" y de "éxito", y nombrar el éxito que se ha tenido en lo corriente de la vida y del triunfo que es sobrevivir en medio de tantas presiones y exigencias colectivas. Para ello, otra vez, tendremos que reflexionar los adultos sobre nuestra subvaloración de los triunfos y éxitos personales, esos pequeños heroísmos de cada día (eso pasa también por valorar el fracaso, claro está).
¿Cómo acompañarnos cuando apenas la ilusión comienza?
No creo que la solución sea sacar el televisor de la casa. Tendremos que tolerar la presión externa juntos con nuestros hijos, la presión de las compras compulsivas, la compulsividad ideológica y, por supuesto, la compulsividad del éxito a través de la competitividad y la humillación de los otros (Reality Shows). Tendremos que unirnos con ellos en la admiración hacia quienes cantan "como los ángeles" o bailan "como los cisnes", admirar e ir ajustando la vida real a las capacidades reales. ¿Que concursen?, yo diría que sí, sin estimularlos demasiado a ello, sólo si les sale del corazón y con el mensaje de que en la vida se ganan y se pierden concursos, pero siempre se gana con la experiencia. Con el mensaje más importante: que mejor que la competencia, es la colaboración.
Sí. Entre los niños hay niños prodigios, la historia lo ha demostrado, pero generalmente ellos han ido mostrando naturalmente su brillo, no presionados por una estructura que maltrata la fragilidad con la idealización constante sólo para vender automóviles y miedo al futuro.
Sí. Muchos niños y niñas pueden llegar a desarrollar grandes habilidades artísticas y de todo tipo sin tener qué pasar por esos escenarios de la manipulación.
PD: Mi hija tiene 4 años y ya me dijo "Papi, quiero ir a la voz kids pero canto contigo para que no me de la timidez". Esta señal de que va reconociendo sus limitaciones puede ser una salida (¿para los dos?)
Lisímaco Henao H.
Diciembre 17 de 2015



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