martes, 15 de diciembre de 2015

Apuntes para un cinerforo: "The Artist" de Michel Hazanavicius


Abajo del texto encuentras la película completa.


Por Lisímaco Henao Henao*




Muchas son las perspectivas con las que se podría confrontar esta historia. He elegido el tópico del ego en sus relaciones sociales. El ego aparece en la psique humana como un aspecto importantísimo en términos del aprendizaje y regulación de las relaciones con el medio externo y con la vida interior que paulatinamente se va descubriendo. En cuanto a las relaciones con el medio externo, el ego tiene la necesidad imperiosa de construir máscaras (en latín personare, de donde viene máscara, personalidad y persona), es decir una imagen de sí que concuerde con algunos roles que cada cultura ofrece como posibilidades de realización personal.  En conclusión estas máscaras tienen mucho de lo que el entorno exige, si bien cada uno y cada una le impone su sello personal en mayor o menor medida.

George Valentín ha hecho bien la tarea de la primera mitad de la vida: ha construido una excelente máscara para ofrecer al mundo. Una máscara que concuerda perfectamente con las exigencias del colectivo y con sus propios ideales de desarrollo. Pero George tiene una particularidad: su máscara es aplaudida por el gran público. La masa, la cultura popular, la conciencia colectiva, le cargan continuamente de energía por la vía del reconocimiento para que él siga ocupando ese lugar. Cualquier máscara, según lo dicho al principio, es el resultado de una necesidad individual de relacionarse en el mundo, pero también un compromiso con la necesidad colectiva: el colectivo necesita de ciertas personas. Es así como surgen personas médicos, personas psicólogos, personas sacerdotes, personas artistas, personas madres, etc. George Valentino reúne en su máscara una serie de características arquetipales que responden a necesidades colectivas de realización: es el bufón, pero también el héroe vencedor y el ánimus seductor y potente. Ante todo esto el mundo responde con el aplauso. 

 Cuando vi la película su apellido me atrajo mucho. Recordé a Rodolfo Valentino, aquel actor italiano que murió en 1926, el año donde empieza la historia que acabamos de presenciar. Me fui a revisar su biografía y resulta que la vida del Valentino real tiene muchos paralelismos con la de nuestro personaje, características que podríamos reducir bajo la definición del complejo del Niño Eterno (puer aeternus). Un tipo de hombre mimado que se detiene en una especie de niñez en la cual reina la creatividad, el ingenio, el desborde amoroso en muchos sentidos y una gran dificultad para adaptarse a los limites de órdenes establecidos. Fue Valentino mal estudiante, derrochador, amante insaciable e inestable laboralmente. Su madre le protegió de todas las maneras posibles y él sólo encontró un sentido para su vida en la admiración y la protección del colectivo cuando fue reconocido como galán del cine mudo.

Rodolfo Valentino
                                                        
Así mismo, nuestro George Valentino es un hombre mimado y protegido por su auxiliar que compra la joya con la que calmará la insatisfacción de su esposa, por su productor que termina admitiendo sus excentricidades, entre ellas incluir en una de sus películas a una completa desconocida y, finalmente, protegido y mimado por su propia esposa quien una y otra vez le perdona sus ausencias y su dificultad para portarse como el esposo y hombre adulto que se espera. Es, además de todo ello, un hombre enamorado de sí mismo, quizás la única forma de amor que reconoce plenamente.

En la primerísima escena aparece compartiendo aplausos y reconocimiento con su perro. En el tarot de Marsella aparece el loco como un hombre acompañado de un perro, lo cual habla entre otras cosas de la facilidad que tiene el loco para relacionarse con la energía en estado puro de lo instintual y permitirle estar cerca. Quizás George es una especie de loco, si bien su carácter artístico le acerca también al mago del tarot, ese que puede manipular grácilmente los elementos y divertirnos con ello. La locura de George quizás tenga que ver con que llevado por su identificación con la máscara del mago-artista, renuncie a la vida que está cambiando sin que él quiera enterarse.


En la segunda escena una desconocida se acerca a él. Los allí reunidos guardan un silencio expectante ¿porqué? ¿a qué temen?. Esta imagen nos da una idea de la gran carga egoica que lleva este Valentino. Todos saben que puede explotar exigiendo respeto por su smoking o por su derecho a ser respetado como un ser superior. Pero él, seducido por la belleza de aquel femenino que le llevará finalmente a la resolución de su drama interior, decide concederle la gracia de su contacto.

Llega el cine sonoro. Llega el cambio. Al Zimer, el productor, le dice “tu y yo somos de otra era”. Algo de la sabiduría del arquetipo del anciano parece sugerirse en esta frase. Saber retirarse o adaptarse, saber dejarse transformar atendiendo también a lo que la realidad quiere decir. Pero Valentino rechaza la realidad porque es incompatible con sus ideales. Aquí vemos claramente un ego inflado por su identificación con la máscara. Tenemos máscaras, pero también tenemos un deber para con el alma, ser flexibles en nuestra relación con los roles que detentamos. Valentino tendrá que hacer un largo camino para aprender esto. Llegar incluso, casi hasta la muerte física.

La siguiente escena que me llama la atención es la de los cuatro pisos de escaleras por donde baja Valentino y sube la ahora exitosa actriz Peppy Miller. No hay mucho que añadir, esta imagen es indicadora de lo que viene luego en la película: la bajada, la caída del ego masculino de los ideales de triunfo y seguridad. Entonces quizás ella represente el ascenso de otros ideales, los de la adaptación, los de la asunción alegre de lo nuevo, la del uso femenino de la voz que anuncia el despertar de la conciencia, para el cual Valentino no está preparado.

Habíamos dicho que en Valentino como en todas las grandes figuras lo individual y lo colectivo se unen. Pues bien, al parecer también para mal. Coincide el descenso artístico del personaje, el quiebre en el ego, con el CRASH de la bolsa. Son los años 20 de la gran depresión: y depresión es descenso al Hades, a la oscuridad donde espera ansioso por expresarse lo opuesto, lo olvidado, lo no desarrollado.

Todos los lazos con el mundo se irán rompiendo: primero su esposa que se cansa de ser una madre demasiado buena para con él, luego la pérdida definitiva de su status, con la venta primero de los objetos de su excéntrica colección y luego del smoking, que simboliza la apariencia, la imagen externa. También Peppy será expulsada, así como, finalmente Kliffton, el fiel chofer, tan fiel como un perro. Sólo el perro queda, quizás porque si hay algo de lo que no podemos deshacernos es de nuestros instintos, que pueden llegar a salvarnos.

Entonces viene el fuego purificador. Es muy común la presencia del agua o el fuego como símbolo purificador en las culturas y al parecer los dos se unen en el incendio si tomamos en cuenta la llegada de los bomberos. Allí se inicia el retorno de Valentino a la vida pero no es un proceso fácil. Todavía se resiste a recibir ayuda, quedan vestigios del fortachón que quiere no necesitar de nadie. Pero evidentemente son los demás con quienes él sólo tenía la relación del ídolo con sus aduladores, son los demás, repito, quienes le salvan. Un grupo de personas lo salva del incendio y finalmente el viejo conductor (el arquetipo del anciano que conduce al ego desde sus alturas hasta las profundidades psíquicas) y Peppy Miller, el femenino renovador, le conducen hacia la vida.

Otros símbolos aparecen durante la película que podríamos discutir: el reflejo de Valentino en la mesa durante su borrachera, el sueño del sonido y su lucha con su sombra, etc. Pero quisiera finalmente hacer una referencia a los montones de héroes que hemos creado y que no han tenido la oportunidad de sobrevivir a nuestras exigencias de cumplir con los ideales que les proyectamos. Rodolfo Valentino murió a los 31 años causando varios suicidios de algunas admiradoras, Elvis Presley de 42 años por sobredosis,  River Phoenix:  sobredosis, James Dean: en un accidente automovilístico, Elvis Presley: Farmacos, Jane Mansfield: Farmacos,  Marilyn Monroe: Framacos, Jimmy hendrix: Heroina, Michael Hutchence(vocalista INXS): se suicido después de ingerir una dosis alta de Heroina, Kurt Kobai: suicidio, Heroina, cocaína; Ana Nicole Smith: Farmacos,  Bob Marley murio de Cancer supuestamente por fumar demasiada marihuana. Whitney Houston y Amy Winhouse, probablemente por sobredosis. 

Por último Michael Jackson quien podríamos inferir que, además de los temas de la sobremedicación, murió cumpliendo con una de los valores más altos de nuestra sociedad: el trabajo excesivo (no en vano dos nuevas patologías campean en nuestra época, el estrés y el síndrome de agotamiento). Todos ellos murieron antes de cumplir los 50 y la mayoría andaban cerca de los cuarenta o menos.

Sugiero que agradezcamos a todos estos héroes culturales por cumplir con nuestras exigencias. Como colectivo no dejamos nunca de azuzarles comprando sus discos, yendo a sus conciertos, pegando sus afiches en nuestros cuartos, hablando de ellos e incluso: odiándolos. Porque si hay algo que una más que el amor y la admiración, es el odio y el desprecio. Nosotros proyectamos continuamente en nuestros ídolos aquellos elementos que tememos realizar, o para los cuales nos sentimos poco preparados. Ellos son tan sensibles que no pueden hacer más que hacer el trabajo por nosotros. Lo mismo que Hitler para el pueblo Alemán, lo mismo que la oveja negra de una familia quien, como un artista, se va convirtiendo en aquello que su grupo desea.

Podríamos hacer algo bien constructivo con esta película y preguntarnos finalmente: ¿Qué  impidió que George Valentino muriera trágicamente como debía sucederle según el guión arquetipal expresado en las historias de los héroes mencionados?



*Psicólogo. Magister en Psicología Analítica. Analista Junguiano IAAP. Docente Universidad de Antioquia.




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