viernes, 20 de noviembre de 2015

Psicoterapeutas y Analistas ¿Nacen o se hacen?

Psicoterapeutas y Analistas ¿Nacen o se hacen?

La psicología tiene muchos campos de aplicación, algunos sentimos el llamado fuerte e ineludible hacia el campo del cuidado del alma mediante el análisis o la psicoterapia. En cuanto a la psicoterapia hay que aclarar que ninguna universidad forma psicoterapeutas (mucho menos psicoanalistas), este es un camino que, antes que nada, es vocación, llamado, un algo que te tira desde dentro y que puedes rastrear en tu biografía desde la infancia. La voz interior se expresó como pequeños empujones en la corriente de la vida que te llevaron a acciones que siempre tendieron hacia el servicio, la conexión con otros y el interés en la vida interior. Todos tienen una vida interior, pero el terapeuta sintió desde muy temprano en su vida la necesidad de tomarla en serio, de saber y hacer algo de ella; también es cierto que desde muy temprano se dio cuenta de que ese mundo de imágenes y emociones no resultaba siempre agradable o fácilmente llevadero. Así que no, no se trata de niños iluminados o adolescentes místicos (casi toda adolescencia tiene un período de alguna manera místico y todo niño es mágico), se trata de personas tremendamente impactadas por lo que dentro se movía y que no pudieron, como tantos otros, simplemente evadirse mediante la adaptación, quizás fueron incluso un poco desadaptados, quizás lo sigan siendo siempre (Aquí remito a un artículo que escribí hace un año "¿Los psicólogos estamos locos?").

Un llamado como este requirió encontrar vías para expresarse, se formaron grupos o se internó uno en lecturas o conversaciones con algún mentor que pudiera informarle de la pertinencia de dedicarse a contestar a esa voz. Es cierto que la psicoterapia y el oficio del psicoanalista se basan en el arquetipo del Sanador-Herido, pero también el sacerdocio en todas sus formas, el trabajo social, la medicina, la angelología, el curanderismo, el chamanismo, etc., etc., etc.; es así como muchos respondieron a esa voz mediante esas disciplinas y oficios. Otros en cambio encontramos la psicología. La universidad nos mostró los diversos caminos que siguieron los antecesores para responder al llamado, lo cual tiene una importancia enorme: al abrir los libros de Freud, Jung, Lacán, Erickson, Klein, Maslow, Allport, Perls, Luria, etc., descubrimos asombrados la dedicación, el rigor y la pasión con que abrieron camino y se entregaron a la tarea de responder a la vida que palpita en cada alma y en el alma colectiva; pero conocerlos también nos da el conocimiento de los diversos aspectos de la psique involucrados en las vivencias más cotidianas.

Hasta ahí la labor de la universidad fue enseñarnos las preguntas fundamentales de los investigadores acerca de el alma, pero además nos inspiró a hacernos nuevas preguntas. En cuanto a la formación en psicoterapia y psicoanálisis, esta nos exige mucho más, ir primero que todo a nuestro propio proceso, internarnos con un compañero experto en nuestros propios conflictos, en esas luces y sombras que habitamos y nos recorren, para poder comprender sin juzgar a quienes luego nos buscarán como compañía. En segundo lugar es ir más allá de lo que académicamente puede hacer una universidad, como el colegio, ella nos muestra la diversidad de opciones, pero la profundización teórica está en nuestras manos. La Universidad nos ofrece unas prácticas, es cierto, y estas pueden ser un buen cedazo para filtrar la vocación, allí podemos hacer una primera evaluación acerca de si el campo tearapéutico es realmente el nuestro, pero es en realidad el inicio, el punto de partida. Los años siguientes a la graduación definen el verdadero interés, al poder o no, necesitar o no, enfocar nuestra energía en el proceso personal y en los estudios teóricos de profundización en esa línea psicológica que nos tocó vitalmente en los estudios de la carrera.

También es cierto que algunas personas avanzan más rápido que otras pero eso ni siquiera tiene que ver con la inteligencia, es algo más que quizás se refiera a la naturaleza de cada uno y de su propio camino. Los giros, demoras y accidentes no carecen de sentido, pero lo que define a un alma terapéutica es la seriedad y amplitud con la que acoge las vicisitudes del alma propia y de otros (comprensión), lo cual le lleva a invertir los recursos que sean necesarios en su formación.

Recientemente alguien preguntó porqué tiene uno que estudiar psicología para ser psicoterapeuta si tantas personas tienen la habilidad terapéutica y pueden aplicarla con éxito sin pasar por la universidad. Respondí que era cierto que estudiar psicología no garantizaba nada, que hasta las tesis de grado se han "pirateado" y algunos psicólogos hacen unas barbaridades éticas y morales terribles, pero que, no obstante, se trata de una de las ofertas que como sociedad hacemos a algunos individuos y que recibir el título en medio de una comunidad que le da sentido impone también una responsabilidad frente al desempeño del rol. Sumé a mi respuesta el asunto que mencioné más arriba sobre la importancia de revisar los caminos de los antecesores, así como de percibir la pasión de los maestros y la seriedad en todo ello. Así que es posible que la universidad no garantice mucho, pero sí nos enseña mucho sobre las preguntas, regula un saber y nos da herramientas para poder reclamar a los profesionales por el desempeño de su labor. Y esto no es una cuestión de las sociedades occidentalizadas solamente, hay que ver que hasta en el chamanismo tradicional se exige un camino, una enseñanza tradicional, unos maestros, una práctica consigo mismos y una ceremonia "de certificación" (el ritual de paso definitivo al nuevo rol).

Y la pregunta final ¿cuándo termina la formación de un psicoterapeuta?, con la muerte (no tenemos certezas de si se sigue aprendiendo después, hay quien dice que sí). El proceso es interminable porque como coincidieran en decir tanto Freud como Jung, cada paciente inventa de nuevo todo el proceso. Además el alma no para de sorprendernos nunca, no deja de producir nuevos contenidos o de redimensionar los antiguos, por ello el proceso personal continúa y cada paciente puede señalar lo no visto aún, en la psicología, en él o en nosotros. En realidad siempre tendremos el carácter de "iniciados".

CODA:

Aclarar que en el llamado "psicoanálisis clásico", los formandos no requieren un título de psicologos pues los carteles y grupos de formación ofrecen las bases teóricas necesarias. En la escuela junguiana, aún se exige el título bien sea de psicólogo o de psiquiatra, más los cursos de formación específica en psicología analítica, para poder acceder a la certificación como analista. Ambos caminos exigen un análisis personal exhaustivo y una supervisión de casos con un analista autorizado para ello.
En Colombia existe ya la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos, que comienza a impartir cursos de formación teórica y es puente para la formación práctica de los futuros analistas.  

Lisímaco Henao H.
Psicólogo - Analista junguiano IAAP.
Noviembre 20 de 2014


No hay comentarios:

Publicar un comentario