lunes, 9 de noviembre de 2015

¿Qué puede hacer la chica que ha sido encerrada por Barba Azul? Las luchas del ánima: Una teoría y un ejemplo.


Por Lisímaco Henao H. © 

El cuento nos dice que ella entra en conflicto entre la obediencia y el deseo de conocer lo que se le ha ocultado. En muchas narraciones en las que aparece una gran prohibición es la mujer la que transgrede, dando lugar a singulares consecuencias (por poner sólo dos ejemplos: Eva y Pandora). En esas narraciones la mujer simboliza "lo femenino", el ánima de la humanidad siempre curiosa e inconforme con lo establecido, por ello interpretar que esas narraciones se refieren al papel exclusivo de la mujer o de su psicología específica es una falta de consciencia simbólica, de visión hermenéutica.

Muchos hombres han desarrollado este femenino curioso e inconforme, produciendo grandes transformaciones en la vida colectiva, son inventores y revolucionarios de toda índole a quienes recordamos de cuando en cuando, así mismo, son muchas las mujeres cuya consciencia se expresa a través de la pregunta ¿y si fuera de otra forma?. A ellas, en muchas ocasiones, esta expresión creativa se les dificulta e incluso es impedida por entornos en los que la curiosidad femenina es temida y maltratada, cuando su inteligencia, que podría llevar a la liberación creativa de muchos, resulta sospechosa para quien se cree exclusivo dueño del poder, lo que ocurre entonces, es que la mujer introyecta estas actitudes hacia su propio femenino debido al deseo de encajar o de ser amada, de manera que, en adelante, será algo en ella misma quien se encargará del maltrato y el castigo. Este estado de cosas es simbolizado en el cuento de Barba Azul por una chica que en uno de los grandes momentos evolutivos del ser humano (la adolescencia), es recluida por su marido en un castillo lleno de maravillas pero sujeta a una gran prohibición. Al no poder contener su curiosidad, nos dice el cuento, ella transgrede la prohibición y entra en contacto con la realidad de la muerte y con el peligro que le acecha si no transforma su destino. El marido simbolizaría al arquetipo del ánimus ("lo masculino") en su estado más negativo, es decir, lo masculino cuando su capacidad de poner límites se polariza y se expresa como rigidez y miedo al cambio. Este ánimus es quien actúa desde el interior coartando la expansión de lo femenino.

El 9 de noviembre se conmemora el nacimiento de una mujer bella y transgresora considerada la más hermosa de la historia del cine mundial, quien protagonizó el primer desnudo, el primer orgasmo y la primera infidelidad de una mujer en la pantalla. Su nombre era Hedy Lamarr (Austria 1914 - E. U. 2000), y la película se llama "Éxtasis" (1933), la cual fue censurada por las "Ligas de la decencia" en E. U. y por el papa Pío XI. Pero lo más interesante de todo esto, es que tras la película un hombre poderoso, quien proveía de armas a Hitler y a Mussolini, se enamoró perdidamente de ella y presionó a sus padres para que se la entregaran en matrimonio. Este hombre la encerró en su mansión tras intentar hacer desaparecer todas las copias de la película. Ahora volvamos a la pregunta inicial ¿Qué puede hacer la chica que ha sido encerrada por Barba Azul?.

Hedy había sido considerada desde pequeña como una superdotada y aprovechó el encierro para adelantar estudios de ingeniería, así como para informarse sobre nuevas tecnologías con los clientes y proveedores del marido. Luego, con la ayuda de una asistenta, huyó de la casa, vendió sus joyas y, cambiando su nombre de pila por el que hoy conocemos, regresa a E. U. donde protagoniza películas como la famosa "Sansón y Dalila" (es llamativo que haga esta película sobre una historia que gira en torno a la imagen de lo femenino que puede suavizar a lo masculino hiperdesarrollado).

Yo veo esta historia como una prueba más (y hay muchísimas), de la manera como la imaginería mitológica expresa o anticipa grandiosamente el suceso humano común. Sin la transgresión curiosa, sin el ánima que hurga aquí y allá, nos quedamos encerrados en los castillos y las mansiones de la maravilla de lo establecido, de los valores caducos y desvitalizados. Quien da el paso transforma mucho en su vida, pero también sucede que ayuda a otros a transformarse. Hedy Lamarr no sólo cambia su destino y desafía al carcelero de su vida exterior (su marido) y al de su vida interior (su ánimus), sino que también da a luz para todos nosotros. Hoy en día casi todos usamos el celular y el Wifi e incluso el GPS, y son recursos que existen gracias a Hedy Lamarr, quien concibió y patentó la teoría del "espectro ensanchado"; incluso el nombre dado a su teoría parece referirse a la "ampliación" o ensanchamiento de la consciencia que se da tras cada atrevimiento en la oscuridad.

En el cuento, Barba Azul vuelve al castillo y descubre que su esposa ha transgredido su mandato, entonces intenta reprimir el conocimiento surgido de allí (intenta asesinarla), hasta que es detenido por los tres hermanos de ella. Estos tres hermanos parecen simbolizar un masculino diferente, son más jóvenes que Barba Azul, es decir, tienen la flexibilidad de quien puede defender a lo femenino y sus búsquedas. En la historia de Lamarr no está ausente este fragmento. Aunque su patente fue utilizada por E. U. durante la crisis de los misiles con Cuba en 1962, sus aportes como inventora sólo se reconocieron oficialmente en el año 2000, siendo incorporada al salón de la fama de grandes inventores en el 2014. En otras palabras, Barba Azul no sólo intentó quemar sus películas y encerrarla en valores establecidos para la mujer (matrimonio y maternidad), sino que también ocultó sus méritos todo el tiempo que pudo.

Muchas mujeres tienen su consciencia curiosa y transformadora encerrada, tienen a su chica preguntona bajo una gran prohibición, en este caso Barba Azul es el miedo a ser diferentes o la fe ciega en valores colectivos sobre cómo debe ser una mujer para ser querida (su cuerpo, su actitud, sus propósitos en la vida). Barba Azul se ha establecido en sus psiques y sólo con la ayuda de mujeres y hombres generosos con ella podrán moverse del castillo encantado de las ilusiones.

Muchos hombres, sin darnos cuenta y a fuerza de aculturación, nos hemos convertido en Barba Azul. Nuestra consciencia es un carcelero de lo femenino fuera y dentro de nosotros; a pesar de que en muchas ocasiones lo femenino nos ha hablado en sueños o a través de la relación con otros hombres y mujeres, reprimimos esas voces por miedo al cambio, a ser denigrados por otros hombres o a perder lo logrado. Es la consciencia hipermasculinizada, es la tendencia a creer que si las cosas cambian se perdería todo límite, es la falsa creencia de que ser frágil es lo mismo que ser débil. Aunque arriba me referí a los revolucionarios y creativos que nos han legado huellas de cambio, también es oportuno mencionar aquí que no todos aquellos que han dado rienda suelta a su femenino divergente han encontrado aceptación y, por el contrario, han sido tan maltratados como las mujeres por el mismo entorno colectivo temeroso al crecimiento de la consciencia.

Es bueno saber de estas historias pues inspiran en el alma ese impulso natural hacia lo femenino profundo: el movimiento transformador. Al parecer esto es lo que puede hacer lo femenino durante su encierro en el castillo de Barba Azul: reflexionar, prepararse, recuperar fuerzas e invocar la ayuda de sus hermanos, es decir, de energías disponibles, esperanzadas y que tienen fe en el cambio. Es un movimiento que parece darse de una manera lenta y pausada, en un proceso que también tiene cuidado de la fragilidad humana pues movilizar estructuras profundas es siempre algo delicado; y sabemos que se trata de estructuras profundas por lo antiguos y arraigados que son los mitos, las leyendas y los cuentos en los que se repiten estas vicisitudes del alma.

© Lisímaco Henao Henao
Medellín, 9 de noviembre de 2015

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