domingo, 29 de noviembre de 2015

Fanatismo vs. reflexión... sobre lo peligrosos que somos los "normales".

Fanatismo vs. reflexión... sobre lo peligrosos que somos los "normales".
Jung afirmaba que la tendencia a reflexionar tiene su base en un instinto puramente humano. En épocas de fanatismos o de profundo dolor, es muy peligroso ser reflexivos públicamente. Los (las) que reflexionan suelen ser tildados de tibios o negativamente imparciales. Latinoamérica y Colombia viven tiempos así y puedes perder amigos cada día, si en vez de aplaudir impulsivamente cualquier posición de derecha, izquierda, centro etc.,, planteas preguntas sobre la humanidad dentro de esas posiciones (una cosa que pasa también en temas teóricos y relacionales de cualquier tipo).
La filósofa Hannah Arendt, una judía exiliada en Estados Unidos, analizó al criminal nazi Adolf Eichmann (capturado en Argentina y juzgado en Israel), y afirmó que este no era un demonio o un loco, sino alguien "terriblemente normal", uno de tantos que no cuestionan su realidad y simplemente la viven empujados por el destino colectivo.
Recientemente vi la película "Hannah Arendt" y me dispongo a leer su libro "Eichmann en Jerusalén. Sobre la banalidad del mal", que al parecer es un magnífico tratado sobre el arquetipo de la sombra, esa fisura en el ser por la que se puede colar el mal, es decir, un fenómeno sumamente normal, arquetípicamente normal, del cual sólo podremos librarnos (en parte), ejercitando nuestro instinto de reflexión.
Te invito a leer un artículo en el que se nombran las recientes críticas que se han hecho a la filósofa y que invita a leer sus obras e informarse sobre el contexto en el que fueron escritas. Una filósofa necesaria, si queremos comprender nuestra capacidad de hacer daño y sin embargo sentirnos validados completamente, incluso sentirnos virtuosos por ello.
Me quedo con este párrafo:
"La filósofa dibujó un minucioso retrato de Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia, y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la ideología nacionalsocialista y a aplicarla hasta el final. “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único”. El Eichmann de Arendt es un hombre que, engañándose y convenciéndose a sí mismo, está persuadido de que sus sangrientas acciones manifiestan su virtud."


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