jueves, 12 de febrero de 2015

El retorno del vampiro. Una imagen arquetípica

El tema del Vampiro como compensación del Inconsciente Colectivo.




El primer capítulo de la autobiografía de Jung* nos acerca a un fenómeno inusitado: la aparición, en un niño, de sueños llenos de imágenes primitivas y oscuras sobre una divinidad subterránea, que al parecer vienen a compensar la fe perdida o la falta de fe del mundo que lo rodea. Uno podría pensar nuevamente en el clásico postulado de la psicología profunda de que el niño es el síntoma de los padres o de la familia, pero se quedaría corto al ver la manera como los sueños infantiles de Jung, sus fantasías y sus miedos, más que traer un mensaje para la familia, eran el germen de todo aquello en lo que él se convertiría, en otras palabras, esas vivencias infantiles anunciaban al futuro Dr. Carl Gustav Jung, explorador del inconsciente e ilustrador principal de la que hoy es una popular imagen colectiva: la renovación del espíritu occidental.


A nivel colectivo es evidente que en nuestro tiempo vivimos los años del resurgimiento de una imagen muy particular: la del vampiro. En la cultura popular (literatura, cine, televisión y música), en la moda e incluso en movimientos juveniles, la estética y las emociones vampirezcas, este personaje campea con gran libertad. El vampiro ha alcanzado un rebozado brillo tras haberlo perdido hace años cuando en el siglo XX el conde Dracula hizo de las suyas en el cine. Pero esta moda cinematográfica se basaba en una explosión anterior del tema, en el siglo XIX, cuando surgieron gran variedad de novelas como “El Vampiro” de John William Polidori (1816)[1], “Familia de Vampiros” de Alexei Tolstoi (1847)[2], “El Parásito” de Sir Arthur Conan Doyle (1894)[3], “La Bella Vampirizada” de Alejandro Dumas (1849)[4], “La Buena Lady Ducayne” de Mary Elizabeth Braddon (1896)[5] y, por supuesto, el fantástico y no tan irreal “Drácula” de Bram Stoker (1897)[6]. Según el excelente trabajo de la psicóloga junguiana Cristina Hincapié, titulado “La Sombra del Vampiro”**; estos relatos dan cuenta de la manifestación del arquetipo de la sombra y su tema preferido: la muerte, como una forma de expresión de lo destructivo y lo azaroso que también hace parte de la vida. Cristina analiza esta imagen desde variados ángulos para demostrar que se trata realmente de una imagen arquetípica que incluye símbolos como la sangre y su ingesta, la antropofagia, la resurrección, el fantasma y los miedos nocturnos, etc.

Ahora bien. Al parecer el ambiente familiar que rodeaba al pequeño Jung, es el ambiente que ahora nos rodea por todas partes. Si bien para muchas personas en el mundo los símbolos cristianos aún están vivos y contienen la energía específica de lo que en nosotros necesita imágenes divinas, también es cierto que para muchas, muchísimas otras, estas ya no les dicen nada y nada parece reemplazarlas conscientemente. Algunos afortunados han logrado encontrar formas espirituales que compensan el vacío dejado por el cristianismo, mientras que otros adhieren su fe a pseudodioses brillantes y poderosos; una fe que se expresa en los variados cultos al cuerpo, al dinero, al éxito personal, a la razón, a una teoría, a la política o incluso a una estrella de rock, cine o televisión… pero el alma imaginativa se resiste a tan superflua sustitución, más tarde o más temprano la psique parece producir algún sucedáneo, alguna imagen que le resulte más coherente a sus necesidades y que sirva como soporte más firme para aquella energía destinada a los símbolos de lo trascendente.

Yo supongo que la imagen del vampiro responde a aquellas necesidades y canaliza dicha energía. Lo mismo que el falo subterráneo en el sueño infantil de Jung, el vampiro vuelve a poner a muchos jóvenes y adultos en relación con la imaginería del “mundo de los dioses”, al que según el mismo Jung corresponde “todo lo sobrehumano, la luz cegadora, la oscuridad del abismo, la fría apatía de lo ilimitado en el tiempo y en el espacio, y lo siniestramente grotesco del irracional mundo del azar.” Al leer esta descripción de la divinidad proyectada en el vampiro muchos se preguntarán por el lugar de lo que se les ha dicho sería "la parte buena de Dios"; al parecer esta quedaría relegada al complejo del ego, a sus ideales y sus autodefiniciones, unos ideales tan arraigados en la consciencia que la imagen pagana que viene a sobrecompensarlas tiene que traer la oscuridad que falta, la dosis de muerte y realidad de que carece el dios totalmente bueno que, aunque perdido perdida la fe, pervive como ilusión proyectada en los cultos que mencioné más arriba y que suponen reemplazarlo.

Lo que sabemos por la forma en que Jung interpreta sus sueños infantiles, es que este reservorio de posibilidades imaginales que es el inconsciente colectivo está pleno de paganismo. Rafael López-Pedraza en su “Ansiedad Cultural”***, nos invita precisamente a percibir la dicotomía entre un Yo que se mantiene monoteísta (una sola ideología, una sola forma de definir la familia, el estado, la pareja, etc.), y un alma politeísta (que se muestra en sueños y síntomas completamente "desordenados") pues, de no hacerlo, de no apreciar esta división, nos perdemos en la unilateralidad y la represión, que sólo producen neurosis o psicosis.

La saga crepúsculo, una de las más exitosas en la cultura popular actual, desgrana esos dioses paganos que vienen a compensar la falta de imágenes de una consciencia desvanecida en el éxtasis de la literalidad; junto a ella vemos el pulular de otras películas cargadas de simbolismos paganos: La brújula dorada, El señor de los anillos, Narnia, Inframundo, Hellboy e incluso Matrix, esa gran metáfora de los dioses del hades representados por el mundo “siniestramente grotesco” de las máquinas. En contraposición Hollywood quiere rescatar al Superman completamente bueno, pero dudo mucho que pueda contra los X-Men mucho más polimorfos y polivalentes, con los cuales tenemos mejor relación ya que necesitamos ese lado oscuro para compensar el brillo unilateral de la oferta del éxito capitalista.

Muy en contra de los "superbuenos", el vampiro evita la luz, la cruz y la moral. El vampiro original, el conde Vlad o Drácula, sufría por no poder tocar el amor, en Crepúsculo puede tocarlo pero al no soportarlo tiene que transformarlo en vampiro, es decir, la oscuridad absorbe toda la luz, un riesgo que se corre con la sobrecompensación de lo inconsciente, un riesgo que atravesó Jung sin no pocos tropiezos encontrándose incluso al borde de ser tragado.



Desde niño Jung conoció que Dios se le mostraba a él de una manera inusitada, esto lo calmó y sanó su neurosis infantil pues le dio una dignidad y un secreto que nadie conocía, es decir, una individualidad con la que trabajar por el resto de sus días. Con el paso de los años iría acercándose a esta imagen mediante el trabajo con las imágenes intemporales. Luego de salvarse de ser tragado por el lado oscuro de la divinidad, pudo integrar este aspecto con el lado luminoso, recuperar la certeza de lo divino y sentirse integrado con ambos lados. Contó para ello con la suerte de encontrar la alquimia, la mitología y las religiones orientales (aunque a estas las veía igual de divididas).

¿Tendremos nosotros la misma capacidad y la misma suerte que Jung o seremos tragados por el vampiro, volviéndonos cada vez más fríos al ser seducidos por el poder que da la sensación de estar desalmados, muertos en vida, carentes de símbolos?

Recuerdo que hace unos años una amiga me contó que su hijo adolescente se había aficionado a la literatura de vampiros y que ahora no podía dormir, pensando que uno de estos seres entraría por su ventana. Le pregunté si en su casa se practicaba algún tipo de espiritualidad, a lo que respondió que no había ninguna, que tanto ella como su marido habían sido producto de la vida universitaria más racionalista y que así habían criado a sus hijos. Entonces le explique que muy posiblemente su hijo estaba expresando un asunto inconsciente en la familia mediante una imagen arquetipal, colectiva. Que la búsqueda religiosa es propia de la vida, pero mucho más de la adolescencia pues se necesitan estas cuestiones en el debate entre lo individual y lo colectivo, lo real y lo irreal. Que en su hijo esto estaba ocurriendo para él y quizás para la familia. Le propuse que hablara con el chico y le preguntara qué era lo que le había atraído de esa literatura.

Más adelante me contó que lo que le había conmovido a su hijo era el poder mágico sin límites, el poder de volar y una sexualidad algo oscura. Al escuchar esto le pregunté: en la imaginería cristiana ¿qué seres tienen estos mismos atributos?... puesto que ella estaba muy alejada de todo eso no pudo responderme, así que le sugerí la imagen del ángel, el cual tenía poder mágico, poder de volar y una sexualidad ambigua (aunque tradicionalmente se supone que no tienen sexo esto no es tan exacto pues según el libro de Tobías los ángeles bajaron a la tierra y copularon con las humanas, dando como resultado la estirpe de los gigantes). Es bueno también recordar que los ángeles tienen trato con los demonios que son de alguna manera sus primos hermanos, todo esto por sólo mencionar algunas de sus características judeocristianas (los ángeles son originariamente de oriente, más exactamente del sitio que hoy se conoce como Irán).

Mi amiga compró una figura de un ángel y leyó con su hijo la oración del ángel de la guarda. El insomnio entonces desapareció casi completamente. No he sabido más del chico y no es mi deseo que se hubiera pasado al otro extremo convirtiéndose en un fanático de la luz, pues entonces habría desperdiciado el regalo que le traía el vampiro, el mismo que le trajo el falo subterráneo a Jung: la consciencia de un secreto profundo sobre la coexistencia de la luz y la oscuridad en todo, una consciencia integradora que nos salvaría de unilateralidades, fanatismos y neurosis varias.

Coda:

En 2014 ha aparecido una nueva versión de Drácula, esta vez se le ha transformado en una especie de superhéroe, un movimiento interesante ¿qué podría significar para la consciencia colectiva esta transformación de la imagen?... el fotograma que muestro aquí es muy sugerente en relación con la del ángel de la guarda ¿no?




Lisímaco Henao Henao.
Analista junguiano IAAP
23 de Julio de 2013








[1] Dumas, Alexandre; Polidori, John William; Tolstoi, Aleksei; y otros.  LOS VAMPIROS NO MUEREN.  Colección Cara Oculta Editorial.  España.  1991.
[2] Ibíd.
[3] Braddon, Mary Elizabeth; Conan Doyle, Artur; Gilbert, William; y otros.  VAMPIROS EXTRAÑOS.  Colección Cara Oculta Editorial.  España.  1991.
[4] Dumas, Alexandre; Polidori, John William; Tolstoi, Aleksei; y otros.  LOS VAMPIROS NO MUEREN.  Colección Cara Oculta Editorial.  España.  1991.
[5] Braddon, Mary Elizabeth; Conan Doyle, Artur; Gilbert, William; y otros.  VAMPIROS EXTRAÑOS.  Colección Cara Oculta Editorial.  España.  1991.
[6] Stoker, Bram.  DRÁCULA.  Editorial Oveja Negra.  Bogotá, Colombia.  1984.

* La biografía de Jung es "Recuerdos, Sueños, Pensamientos". Ed. Seix Barral. Barcelona 1999
** He tomado el rastreo de la historia del vampiro en la literatura del trabajo de Cristina Hincapié "La sombra del vampiro". Tesis de pregrado en psicología Universidad de Antioquia. 2008
*** Rafael López-Pedraza. "Ansiedad Cultural". Editorial Festina Lente. Caracas 2009


2 comentarios:

  1. Me gusto mucho tu aproximación ¿Será posible tener acceso al la tesis de Cristina Hincapié? Gracis y saludos desde Venezuela

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    1. Hola Diana, que gusto saber de ti. Me comunicaré con Cristina y le comentaré. Un abrazo.

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