jueves, 1 de enero de 2015

Psique, Psicología y Psicoterapia.

A todas las personas dedicadas a servir al alma y a todas aquellas a quienes interesa la psicología de alguna manera (pacientes, académicas, curiosas y buscadoras), desde el Centro C. G. Jung de Medellín dedicamos estos párrafos en los que se resume el sentido profundo del trabajo con lo psíquico, es decir, con nuestro universo afectivo-imaginal, interno y externo, individual y colectivo.

Presentamos fragmentos de Jung, Rafael López-Pedraza, James Hillman, Marion Woodman, Adolf Guggenbhül-Craig y Wolfgang Giegerich.


"No hay que considerar a un paciente como un ser subordinado que se tiende en un diván mientras uno se sienta detrás como un dios que deja de vez en cuando salir una palabra. También hay que evitar en lo posible cualquier sugestión de enfermedad. El paciente tiende de todas formas hacia esa dirección, le gustaría refugiarse en la enfermedad: «... Uno se rinde, no tengo más que tumbarme; estoy enfermo y agotado...». La enfermedad es también una forma de solución para acabar con el problema de la vida: «¡Estoy enfermo; tiene que ayudarme el médico!». Como terapeuta no puedo ser ingenuo. Hay que tratar al paciente, cuando no tiene que guardar cama, como a una persona normal. Yo diría que como a un igual. Esto ofrece una base sana para el tratamiento. A veces vienen a verme personas con la esperanza de que yo produzca un acto de magia médica. Se desilusionan cuando los trato como personas normales y me comporto como una persona normal. Una paciente, en otra consulta, había tenido la experiencia del «dios silencioso» detrás del sofá. Cuando empecé a hablar con ella me dijo sorprendida, casi disgustada: « ¡Pero usted exterioriza emociones, dice incluso su opinión!». Naturalmente que tengo emociones, y también las muestro. Nada es más importante que esto: hay que tomar a cada hombre realmente como tal, y por lo tanto tratarlo de acuerdo con su singularidad." C. G. Jung. O.C. 10, § 881

“Mientras se sienta el contacto, la atmósfera de confianza natural, no habrá peligro; e incluso si hay que mirar a los ojos al terror de la locura o a la sombra del suicidio, subsiste esa esfera de fe humana, esa certeza de comprender y ser comprendido, por más negra que sea la noche.” O. C. 17, § 181

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“Muchos de los estudios de psicología de este siglo, se han realizado en Europa del Norte y en Norteamérica. La mayoría de los psicólogos, en especial los junguiano que han heredado el concepto de Jung sobre los arquetipos, han sido, principalmente, protestantes y judíos cuyas religiones, educación y modo de vida proporcionan una formación ética y una conciencia inclinadas a la represión o a la interpretación errónea del aspecto dionisíaco de la vida. Se trata de un malentendido geográfico, histórico, étnico y religioso. No debe ser una sorpresa que los psicólogos modernos encuentren difícil comprender la relevancia y la presencia de Dionisos en la psique. Arquetipalmente, Dionisos representa una psicología y, si no se percibe ni respeta su presencia, el conflicto psíquico que ello crea, pasa sin ser detectado. Quisiera que el lector entienda que estoy tratando de traer a discusión algunas de las cualidades que Dionisos puede ofrecer a la psicoterapia. Por lo general, estamos tan distanciados de las emociones que propicia la presencia de Dionisos, que la conciencia de esta distnacia pudiera ser la única actitud dionisíaca posible. En este sentido, es difícil imaginar, hoy en día, a un psicoterapeuta que siendo sensible a la presencia de Dionisos, pudiese ser capaz de dar respuesta desde un nivel dionisíaco de la psique y así propiciar un antiguo atributo del dios: la curación. La experiencia del análisis personal del psicoterapeuta y de los estudios de psicoterapia junguianos, hoy en día, no aparentan ser sino el cumplimiento de un requisito académico. De ninguna manera, esto puede ser dionisíaco.

Con la represión del Dionisos emocional, aparece la represión del cuerpo. Ivan Linforth dice que el cuerpo siempre es dionisíaco, de lo cual podemos deducir que Dionisos siempre es el cuerpo. Esto significa abandonar al intelecto y estar en el cuerpo, sentir el cuerpo. Para mí, el tesoro más valioso que se pueda alcanzar en psicoterapia es el cuerpo emocional y esto, obviamente, está relacionado con Dionisos. Podríamos decir que hay un Dionisos en nuestro cuerpo, que está esperando ser contactado y darnos acceso a la riqueza de sus emociones y sentimientos.” Rafael López-Pedraza. Dionisos en Exilio. Ed. Festina Lente, Caracas 2000. Pg 45

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“Llevando más lejos esta línea de pensamiento, diría que no existe un arquetipo de curador o un arquetipo de paciente especial. Cuando una persona se enferma, el arquetipo curador-paciente  está constelizado; el enfermo busca un curador externo, pero al mismo tiempo el curador intra-psíquco es activado. Nos referimos generalmente a ese último llamándolo «el factor curativo». Es el médico dentro del paciente, y su acción curativa es tan grande como la del doctor que aparece en la escena exterior. […] Un médico puede tomar puntos a una herida, pero algo en el cuerpo y en la psique del paciente debe colaborar para que la dolencia desaparezca.

No es muy difícil imaginar el factor curativo en el paciente. Pero ¿en el médico? Encontramos aquí el arquetipo del sanador herido (wounded-phisician). Quirón, el centauro que enseñó a Esculapio el arte de la medicina, sufría de heridas incurables. En Babilonia hubo una diosa-perra con dos nombres: como Gula era muerte, y como Labartu, curación. En la India, Kali es la diosa de la enfermedad y al mismo tiempo su curadora. La imagen mitológica del médico herido está, pues, muy extendida.  Psicológicamente ella significa no sólo que en el interior del paciente reside un curador, sino también que todo curador es un paciente.
[…]
De la proyección de un polo del arquetipo, tanto médico como enfermo derivan satisfacciones momentáneas. Pero una sostenida proyección significará que el proceso psíqucio está bloqueado: el paciente no está ya interesado en sanar. El doctor, las enfermeras, el hospital, lo curarán. […] En el médico la represión de un polo del arquetipo conduce a la situación inversa. Comienza por tener la impresión de que la debilidad, la enfermedad y las heridas no tienen nada que ver con él. Se siente el curador que se ha curado; las únicas heridas son las de sus pacientes, pues él está bien precavido; esas pobres ciraturas llamadas pacientes viven en un mundo completamente diferente del suyo. Se desarrolla como un médico sin heridas, y no puede entonces constelizar el factor curativo en sus pacientes. Se ha transofrmado en nada más que un doctor, y sus pacientes son solamente pacientes; ha desaparecido el curador herido. La situación está así clara como el cristal: aquí está el doctor, saludable y fuerte, y allá el paciente, débil, enfermo, extraño.” Adolf Guggenbhül-Craig. Poder y destructividad en psicoterapia. Monte Ávila Ed. Caracas  1992. Pg 88-90

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"Yo soñé cuando tenía cáncer que iba a morir, pero esa noche recé para no tener miedo y para poder aceptar cualquier cosa que me dijera el doctor. Tuve un sueño en el que soy un pastor en la colina, en navidad, con las ovejas y todo en mis brazos y vi al anfitrión de los ángeles. Era un hermoso ángel alto, rubio, de ojos azules. Estaba con toda su tripulación y se me acercó. Me puso las manos encima y me dijo: no tema y yo dije: bueno. ¿Y sabes qué? El miedo desapareció, tan sólo desapareció. Esas imágenes que vienen con tanta fuerza son el arquetipo, su energía es tan superior a la energía humana que algún cambio tiene que ocurrir." Marion Woodman en “El significado de los sueños”. Serie en video que puedes ver haciendo click aquí

“Una vez soñé que estaba manipulando una máquina médica que tenía muchas cosas de las que yo tenía que tirar (Varas para tirar y empujar y demás). Pero podía ver la energía que entraba, que pasaba por la máquina y podía ver cómo se transformaba al salir. Podía verla cruzar el puente y transformarse en una imagen. La imagen era el poder sanador del sueño y contiene la experiencia del cuerpo y la experiencia de la psique de tal manera que las dos están unidas en ese puente que es la metáfora." Marion Woodman en “El significado de los sueños”. Serie en video. 

"Si un sueño se repite una y otra vez durante un período de tiempo, puede no llevarte hasta el lugar que tanto te aterra, pero puede llevarte hasta el borde. Si tienes a alguien que sabe como manejarlo y simplemente se queda contigo para que tu puedas atravesar ese espacio, entonces la psique sabe que puede atravesar eso y seguir viviendo, sin importar cuán amargo sea." Marion Woodman en “El significado de los sueños”. Serie en video. 



“La persona que ha incorporado el relato desde la infancia, mantiene generalmente mejores relaciones con el material patológico de las imágenes obscenas, grotescas o crueles que aparecen espontáneamente en los sueños y en las fantasías. Quienes sostienen una teoría racionalista y asociacionista de la mente arguyen que si no presentáramos esos cuentos siniestros en los primeros e impresionables años de la vida infantil, en años posteriores habría menos patología y más racionalidad. Mi práctica me indica, por el contrario, que cuanto más experimentada sea la parte imaginativa dela personalidad, menos amenazador resultará lo irracional, menos necesaria será la represión y, por tanto, menos aflorará la patología real en los acontecimientos cotidianos. Dicho de otro modo, por medio del relato, la calidad simbólica delas imágenes y los temas patológicos encuentran su lugar, con lo que se reduce la tendencia apercibir dichas imágenes y temas de forma naturalista, con literalidad clínica, como signos de enfermedad. Estas imágenes encuentran su lugar legítimo en el relato. Son propias de los mitos, leyendas y cuentos de hadas en los que, al igual que en los sueños, aparecen todo tipo de figuras extrañas y comportamientos dislocados. Después de todo, «el más notable de todos los relatos», como a muchos les gusta denominar la Pascua de Resurrección, esta repleto de imágenes siniestras, vistas con un detalle que resalta lo patológico.

La «Conciencia narrativa» proporciona un mecanismo más adecuado para reconciliarse con el propio historial clínico que la «conciencia clínica». El historial clínico, además, es un tipo de ficción, escrito por miles de manos en miles de clínicas y salas de consulta, almacenado en archivos y raramente publicado. Este tipo de ficción llamado «Historial clínico» sigue las pautas del género del realismo social; cree en datos y acontecimientos e interpreta, de manera demasiado literal, todas las historias que cuenta. En el marco del análisis profundo, el analista y el paciente reescriben juntos el historial clínico creando una nueva historia; crean la «ficción» cuando colaboran en el trabajo analítico. Una parte de la curación, quizás incluso la parte más esencial, se debe a esta ficción elaborada en equipo, esta manera de inscribir todos los acontecimientos caóticos y traumáticos de la vida en un nuevo relato. Jung dijo que los pacientes necesitan «ficciones que sanen», pero nos es difícil adoptar este punto de vista si no existe de antemano una predilección por la «conciencia narrativa».

La terapia junguiana, al menos tal como yo la practico, trae consigo la constatación de que la fantasía es una actividad creativa que renueva de continuo la historia de la persona. Cuando examinamos dichas fantasías descubrimos que reproducen los grandes temas impersonales de la humanidad, representados en la tragedia, la épica, el cuento folclórico, la leyenda y el mito. La fantasía, en nuestra opinión, constituye un intento del psiquismo de remitologizar la conciencia, y es por ello que intentamos fomentar esta actividad familiarizándonos con los mitos y los cuentos folclóricos. La construcción del alma va de la mano de la desliteralización de la conciencia y del restablecimiento de sus vínculos con las formas de pensamiento míticas y metafóricas. En lugar de interpretar las historias a partir de conceptos y explicaciones racionales, preferimos concebir las explicaciones racionales como elaboraciones secundarias de relatos básicos que contienen y proporcionan vitalidad. Según Owen Barfield y Norman Brown: «la literalidad es el enemigo». Y yo añadiría: «la literalidad es la enfermedad». Siempre que nos aferramos a una interpretación literal, una creencia literal o una afirmación literal, perdemos la perspectiva imaginaria y metafórica sobre nosotros mismos y sobre nuestro mundo. El relato es curativo por cuanto siempre se presenta bajo la fórmula «érase una vez». Como una realidad condicional y simulada. Es la única manera de explicar o contar lo que no se postula como real, verdadero, positivo, revelado, es decir, literal.” James Hillman. Apuntes sobre el relato. En “Recuperar el niño interior”. Ed. Kairós. Barcelona 2005. Puedes leer el artículo completo haciendo click aquí

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“RH: Para ilustrar lo que usted quiere decir por « la vida lógica del ‘alma’» ¿nos daría un ejemplo de su propia vida o de la vida de alguien en que el "alma" ha sido experimentada?

WG: Su pregunta me toma un poco por sorpresa. Tengo que pensarla un poco. Me pregunto ¿es el
«alma» algo que realmente nosotros experimentemos? No creo que sea así. Sólo es accesible a la reflexión y a la intuición (después del hecho), y esta intuición presupone a la vez algún esfuerzo (el estudio, el así llamado «análisis», el «ver a través de») y también requiere un ojo particular para las cosas psicológicas. Las experiencias son siempre inmediatas y subjetivas. Pero «el alma» es, de acuerdo a Jung, precisamente no-ego, una psique objetiva. Él habló de procesos de fondo, tal como Hillman ubicó al alma, metafóricamente hablando, en el submundo. El «alma» ciertamente no es algo que verse sobre nosotros, ni sobre lo que sintamos o pensamos.

No hay acceso directo a ello. Si uno quiere aprender algo acerca del alma y su vida lógica es mucho mejor alejarse de nosotros las personas y en cambio, por un lado, volverse al mito, la teología, el ritual arcaico (como la Misa Católica Romana), la gran literatura y el gran arte, la filosofía o la alquimia, y por el otro, atender al curso real de la historia, los cambios sociales, el desarrollo de la tecnología y temas afines.


Si uno quiere ver el alma trabajando en nosotros las personas, el mejor ejemplo—y verdaderamente grande, aunque a veces equívoco—es la neurosis (no la neurosis de ésta o aquella persona, sino el fenómeno moderno de la neurosis como tal). Pero es esencial darse cuenta que una neurosis dada no es experimentada como una manifestación del alma, y que lo que se experimenta no es el alma. Ni siquiera la mayoría de los psicólogos enfocan la neurosis en términos del alma, sino más bien desde la perspectiva del ego: por ejemplo, como causada por ciertas condiciones traumáticas. Que la neurosis sea una creación libre del «alma» para sus propios fines y propósitos (no para los nuestros) no se puede experimentar, sólo se puede comprender. Se necesita psicología (una psico-logía con alma) para ver «el alma».” Wolfgang Giegerich en "Love the questions themselves", una entrevista realizada por Robert Henderson, publicada en Living with Jung: “Enterviews” with Jungian Analysts, Vol. 3, (Robert & Janis Henderson, eds.) Spring Journal Books, New Orleans: 2010. Traducción de Alejandro Bica con autorización de W. Giegerich. Tomado del blog de Alejandro Bica http://alebica.blogspot.com.es/



Selección de textos: Lisímaco Henao H. Analista Junguiano IAAP

Copyright © Lisímaco Henao H.

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