viernes, 23 de enero de 2015

¿En qué radica la verdadera masculinidad?

"De cuando ella era muchacha,
y yo apenas un mozuelo,
con miedo de dar el paso,
porque no era hombre completo,
ya que en esos tiempos idos,
era tan difícil serlo,
payán de recia armadura,
y machos de pelo en pecho.

A uno no le daban nada,
más que el nombre para hacerlo,
el carriel y la peinilla,
si servía como sangrero,
de lo contrario quedaba
igual que el bobo del pueblo.

y p'a enseñarlo a ser hombre,
lo echaban p'a los infiernos."

(Fragmento de la canción "Hágame un tiple maestro",
bambuco de Evelio Moncada y Bernardo Gutierrez.)

Me doy cuenta de que comienzo con una pregunta completamente tendenciosa. Al usar el término "verdadera masculinidad", estoy calificando a la masculinidad como algo que puede definirse de una vez y definitivamente. Lo cierto es que no es así y que las ideas sobre "lo que debe ser o hacer un hombre" también cambian con la historia y las circunstancias, aunque sin tantas variaciones como lo registra la historia de la imagen de la mujer.
En India los hombres van tomados de la mano en muestra de amistad y en España se saludan de beso (recuerdo mi sorpresa cuando los compañeros de la maestría me saludaban de doble beso en la mejilla, sorpresa con la que ellos se divertían mucho), mientras que para muchos acá es toda una odisea disponerse tan sólo para un abrazo con otro.
Circula en redes un video en el que dos militares colombianos bailan una cumbia en medio del monte. Quien lo subió parece haberlo hecho con la intención de ridiculizar la imagen "mas tradicional" de masculinidad que puede existir: la de lo militar. Los comentarios al video son muy interesantes: van desde la sospecha de que los bailarines sean homosexuales o la justificación de este baile como una cuestión de "necesidad de esparcimiento en lo duro de la situación", hasta preguntas sobre porqué las mujeres pueden darse ciertas licencias como tomarse de las manos y los hombres no.

Grupo de jóvenes tocando y bailando tango, hacia 1910
Grupo de hombres tocando y bailando tango (1910). En sus principios el tango era una asunto sólo de hombres
(revistamito.com)
En un comentario al video se exige respeto por la "camaradería", y yo sospecho que este es un término para aludir al afecto entre los hombres, a esa homoafectividad a la que tanto puede temer un heterosexual por medio de su homofobia. Muchos varones heterosexuales buscarán eufemismos y chistes que les permitan sentirse "protegidos" al experimentar auténticos sentimientos positivos hacia otros hombres; es común ver que entre muchos, cuando no desean reprimir una frase de admiración por el otro, la terminan con un "pequeño insulto", para aclarar que no se trata de un asunto homosexual. Por ejemplo: "¡Como estás de lindo guevón!" (en realidad esto denota mucho más el acto de represión cultural).
Lo cierto, al fin de cuentas, es que los hombres necesitamos hombres a quienes querer y admirar, hombres que nos hagan sentir acompañados e incluso protegidos, el primero pudo haber sido el padre o no, lo cierto es que existe una larga cadena de "camaradas" con quienes hemos compartido este sentimiento durante nuestras vidas. Creo que hasta ciertos líderes, artistas y pensadores a quienes admiramos han cumplido esa tarea. Eso es vital para el alma y nos provee de una energía que las mujeres no pueden proporcionarnos, una energía que contiene la "virilidad" auténtica. En conclusión: la homafectividad es una necesidad de la naturaleza humana.
Estoy convencido de que el machismo puede ser derrotado, pero creo que el cambio sólo podrá surgir de los círculos de hombres que acepten y comprendan la necesidad de esta energía masculina en sus vidas, sin necesidad de tergiversarla con miedos. Es una energía que compartimos todos los hombres, aún por encima de las variadas diversidades sexuales dentro del género.
Estas ideas contrastan con la imagen que publico acá del dios griego Atlas, que me transmite la sensación del esfuerzo solitario por cargar con el mundo.

Copyright © Lisímaco Henao H.

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