jueves, 1 de enero de 2015

De máscaras y disfraces

"Me preguntas cómo me volví loco. 

Ocurrió así: 

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas. 

Huí sin máscara por las atestadas calles gritando: "¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos Ladrones!". Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí. 

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el techo de una casa, gritó: "Es un loco!". Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis máscaras. Como en éxtasis grité: "¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!". 

Así fue cómo me volví loco. 

Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro." Khalil Gibrán. En "El Loco"



Todos los días nos ponemos disfraces y máscaras que hemos aprendido a usar para poder socializar. En latín máscara se dice "personare", palabra que significa literalmente "la máscara del actor" pues era común en el teatro antiguo que cada actor hiciera varios personajes intercambiando máscaras. De esta raíz latina vienen palabras como persona, personalidad y personaje; lo cual nos indica que asumimos unas representaciones en el mundo que nos permiten interactuar y contener opiniones y sentimientos que no estaría bien ir soltando incontroladamente por ahí.

¿Cómo surgen nuestras máscaras? ¿Cómo aprendemos a integrar la "persona" en nosotros?. Lo ejemplifico con un cuento: Un día el papá de Juanito anuncia que el domingo vendrá su jefe a almorzar a la casa, así que todos deben vestirse muy bien, muy correctamente y comportarse igual. Llega el domingo, se prepara la mejor comida de ese mes y se sientan a la mesa Juanito, su hermana, su mamá, su papá y el jefe de este. Mientras comen Juanito mira a su papá fijamente, no pierde un sólo detalle del rostro y los movimientos de este. Cuando se da un momento de silencio Juanito pregunta "papá ¿entonces este es el señor que dices que es un calvo horrible que te hace la vida imposible todos los días?"... todo es tensión en la mesa, el papá se ruboriza como nunca, la mamá se levanta y va hacia la cocina donde olvida por completo a qué fue, la hermana de Juanito se cubre la carcajada con una servilleta y el jefe come lo más rápido que puede. Pasados unos minutos que a casi todos, menos a Juanito, parecen eternos, el jefe se levanta, se despide y se va. Todos sabemos lo que sigue.

En lo que podemos imaginar que sigue, es decir, el papá reprendiendo a Juanito, explicándole que hay cosas que se hablan en casa que no se pueden decir frente a otras personas, etc.; encontramos el aprendizaje de ese aspecto del Yo que es la máscara o el Yo-Social. ¡Por supuesto que todos pensamos y sentimos cosas de los demás que no es pertinente decirles!... no sólo porque podríamos destruir una relación importante, sino porque quizás no somos los más indicados para decírselas o porque no es el momento de que ellos las escuchen, no están preparados.
Algunas personas se precian de ser "muy asertivas", porque andan diciéndole a todo el mundo en la cara lo que piensan o sienten. Solemos escucharles decir "yo no tengo máscaras, yo voy de frente, yo soy sincero" y resulta que van quedándose solas o sin relaciones realmente profundas. Por supuesto esto nada tiene que ver con el concepto de asertividad que siempre tiene en cuenta al otro, a la otra; tiene en cuenta si esa otra persona puede o no escuchar lo pensado, si somos los más indicados para decírselo o si es el momento en que ellas puedan hacer de esa información algo nutritivo para su alma.

Pero hay algo más arquetipal en el asunto de la máscara, más colectivo y antiguo. Jung nos sugiere imaginar una horda primitiva de seres humanos que se movían como enjambres en búsqueda de alimentos (¿recuerdan que en el colegio nos hablaron de "los nómadas"?). En dicha imaginación aparece depronto un individuo con una capacidad que antes nadie había mostrado, por ejemplo, la de usar algunas plantas para detener las hemorragias. Él lo aprendió por accidente o por observación y experimentación, pero ello se le endilgó como una posesión propia que le hacía destacar del resto, que lo convirtió en merecedor de un título: "el sanador", o "el médico". Así poco a poco en el desarrollo evolutivo surgieron roles y especializaciones que eran reconocidas por todo el grupo pues el grupo necesitaba que surgieran. Y surgieron luego subgrupos de personas que se transmitían dichos conocimientos para servir al grupo y adquirir el título.

En nuestros días las profesiones, los oficios y muchas representaciones sociales, son la expresión de este arquetipo de la máscara que nos indica además cómo debe actuar y qué debemos esperar de quien la lleva (todos tenemos una idea sobre cómo es un médico en su consulta, un abogado, un psicólogo, un conductor, etc.). Estas máscaras entonces nos dicen algo de ese individuo y de "su persona" (me gusta cómo se saluda en ciertos lugares de Colombia: "¿y cómo está su persona?"... evidentemente la respuesta se da desde allí, desde la máscara, ese aspecto tan conocido que podemos hablar de ella con tranquilidad y decir "cómo está").

Lo importante en este sentido es "no identificarnos con las máscaras que usamos". Saber que ellas son simplemente una parte, muy pequeña y muy social de lo que somos o aspiramos a ser y, además, de lo aprobado por los demás, por el entorno cercano por lo menos. Lo importante es saber que somos mucho más, que también somos lo que ocultamos y hasta lo que desconocemos; más aún, que nuestro deber es trabajar en el reconocimiento de eso que no queremos de nosotros, que no mostramos, que desconocemos y que a veces irrumpe en nuestra conciencia inclusive en contra de nuestra querida máscara. Esa es una responsabilidad con la humanidad en términos de creación de conciencia y de adquisición de comprensión de la diferencia, así como con nuestra individualidad y el respeto hacia la propia naturaleza mediante el autoconocimiento.

Cuando usamos un disfraz o una máscara de carnaval entonces estamos cubriendo nuestras máscaras de todos los días y aprovechamos para sacar a la luz todo aquello que con ellas no podemos expresar. A mí me gustan las fiestas de disfraces, los carnavales. Es muy interesante observar todo lo que nos permitimos cuando llevamos uno. Quizás estas máscaras nos permiten sacar nuestra "Sombra", ese otro arquetipo totalmente opuesto a la "Persona", ese que podríamos denominar el No-Yo, pues guarda todo lo que no quisieramos ser y que, no obstante, posiblemente también somos.


En la pasada fiesta del teatro me fui con un amigo para la Plaza Botero (Medellín) y nos sentamos en un restaurante con nuestras máscaras de plástico. Además de disfrutar la forma en que la gente nos miraba, nos señalaba y reaccionaba de diversas maneras, el sentimiento de estar "allí dentro", detrás de la máscara, fue muy interesante. Era ser anónimo y público al mismo tiempo. Un ejercicio que recomiendo.

Copyright © Lisímaco Henao H.

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