lunes, 29 de enero de 2018

Educar para la depresión en tiempos de triunfalismo

(Texto presentado en el seminario "¿Qué clínica de lo psíquico es posible en un contexto institucional educativo?", del Departamento de Desarrollo Estudiantil - Universidad Eafit de Medellín. Septiembre de 2015)

Resumen:

Crecemos "hacia arriba", hacia el triunfo, la prosperidad y el éxito, esto es muy importante sobretodo en la primera parte de la vida en la que nos ganamos el derecho a participar en el mundo y pagamos nuestra deuda por todo lo que recibimos de la humanidad; de este movimiento se alimenta una parte del sistema cultural en todos sus ámbitos, son muestra de ello los realities de talento en t.v. (en España a uno se le dio el significativo nombre de "operación triunfo") y todos los libros y "capacitaciones" en temas de éxito, "mercado de la espiritualidad", prosperidad económica y control. Sí, es natural crecer hacia arriba y también a eso quiere servir la educación como la conocemos y el desarrollo de valores y habilidades en general. Pero también crecemos hacia abajo, hacia la tierra, hacia la realidad de que también en algún momento fracasamos, somos impotentes y lentos, envejecemos y morimos. Pero para esto no parecemos estar tan bien preparados pues en un mundo acelerado, titánico y centrado en los objetivos "racionales" del Yo (no en la vida completa), este crecimiento es reprimido constantemente. Quizás estamos necesitando una educación para un monto normal de depresión, frustración y lentitud, movimientos del alma que en algún momento nos tocará experimentar.

Palabras clave: depresión, emoción, educación, ego, tragedia, expresión



Se nos ha invitado a hablar de la probable cercanía entre el cuidado del alma (la clínica de lo psíquico) y nociones como “terapéutica”, “educación” y “resocialización”. Es evidente que una cultura como la occidental que insiste cada vez más en el triunfalismo (una sociedad de "ganadores"), quiere educar, resocializar e incluso dar terapia con fines triunfalistas, pero como terapeuta siento la responsabilidad de hablar en nombre del alma que quiero cuidar clínicamente, un alma que es mucho más que solo ego. Por eso comienzo preguntándome cuál es la perspectiva del alma que se ha vuelto más masiva actualmente y obtengo una respuesta: la depresión[1]. Sí, porque una patología es una perspectiva sobre la vida que se mueve desde dentro hacia afuera, una perspectiva, por supuesto, nada apreciada por el ego al que cualquier situación incapacitante le apartaría del anhelado éxito externo. Cada enfermedad nos da una visión del mundo, de las relaciones y de nosotros mismos, basta con hablar con una persona deprimida para ver los colores y los matices de un mundo particular,;el ego, no obstante, se resiste a esta perspectiva, no quiere ver la vida en términos de depresión y por ello la señala como patología e inventa conceptos, terapias y fármacos, por eso se le dificulta escucharme a mí en estos momentos hablar en favor de la depresión, o decir que la depresión es una forma en que el alma ve a la vida. Porque el ego actual está en contra de la depresión y todo lo que se le parezca, teme que yo vaya a decir que estar deprimido es una maravilla. Pero como lo haría con un paciente en terapia yo le digo al ego en este primer párrafo: no te preocupes, no voy a decir eso, ya me explico.

Para el psiquiatra y analista junguiano Rafael López-Pedraza (2009), el mundo primitivo de la especie humana puede ser visto como un mundo de titanes, en el que la fuerza y la violencia eran imprescindibles para la sobrevivencia frente a los elementos y peligros de la naturaleza aún indomeñada. También, nos dice López, es muy probable que haya sido imperativa la extraversión como forma de dirigir la energía y la atención hacia el entorno. Todos hemos leído en alguna parte o se nos ha hecho evidente que nuestra especie es la más frágil de todas, sobretodo entre los mamíferos; mientras que los demás cachorros saltan a la acción instintiva inmediatamente, nosotros necesitamos ser sostenidos y contenidos durante años, antes de poder valernos por nosotros mismos; sin embargo, maravillosamente hemos sobrevivido frente a animales terribles y a fenómenos naturales de toda índole, incluso hemos llegado a domesticar a esos mismos animales y creamos sistemas ingeniosos para controlar, hasta cierto punto, los fenómenos naturales mismos. Para ello tuvimos que echar mano, necesariamente, de nuestro carácter titánico y de nuestras tendencias a atender al afuera, de estar alertas ante el exterior, de tal manera que aquellas otras tendencias más introvertidas, quedaron relegadas y sólo paulatinamente, cuando nos sentimos un poco más seguros y protegidos, pudimos “darnos el lujo” de desacelerar el ritmo, aceptando las tendencias introvertidas y la capacidad de contemplar los procesos psíquicos internos en conexión con la naturaleza, de lo que surgieron probablemente las religiones y muchos otros sistemas espirituales.


Lo que estoy planteando es que un estilo psíquico acelerado y extravertido es la marca necesaria de la educación, en un mundo en el que la sobrevivencia es el objetivo principal. Cuando seguir respirando es el objetivo, no es posible detenerse a contemplar el paisaje o las imágenes internas, lo necesario es oler, ver, palpar y responder a impulsos naturales que no se piensan ni se reflexionan y, lo más importante, hacerlo rápido.  Ahora bien, pienso que esas características están incluidas en lo que hoy denominamos manía, uno de los polos del trastorno bipolar o lo que solemos ver como el opuesto radical de la depresión. Los manuales psiquiátricos al hablar de manía se refieren a síntomas como “autoestima exagerada o grandiosidad”, “disminución de la necesidad de dormir”, “aumento de la actividad intencionada” e “Implicación en actividades placenteras que tienen un alto potencial de producir consecuencias graves” (2014). Que hoy veamos esos comportamientos como patológicos no les quita su utilidad y pertinencia.

Han pasado ya casi doscientos mil años desde que dimos el salto evolutivo al homo sapiens y muchas cosas han ocurrido, lo más notable es que una gran parte de la población mundial vive en condiciones en las cuales el sentido de la vida se ha complejizado, vivimos en condiciones que han dado lugar a un alto grado de emancipación de los instintos más primitivos y a un mundo que incluso, en tiempos recientes (no más de doscientos años), ha llegado a convencerse a si mismo de que puede controlar y dominar esos mismos instintos. Uno esperaría que al cambiar las condiciones básicas de existencia, la aceleración extravertida ya no fuera tan necesaria, que la introversión y la desaceleración tuvieran un lugar preponderante en la vida cotidiana, pero esto no es así; por supuesto, no quiero desconocer que hay lugares del mundo y pequeñas comunidades donde esto sucede, donde no se vive la vida como una carrera contra el tiempo, contra los otros, contra el envejecimiento y la muerte, pero como se nos ha invitado a hablar de educación y clínica, mi mirada se dirige a la patología cultural que percibo como una manía colectiva, una aceleración titánica moderna que encontramos en las organizaciones, en la política, las relaciones sociales y en la forma misma que van tomando las ciudades y sus locas calles y autopistas, una locura, en fin, que nos cuestiona a través de la mirada de los niños, adolescentes y jóvenes que pretendemos educar.

La perspectiva del ego moderno promueve valores basados en la aceleración extravertida ¿quién puede negarlo? La vida se organiza en torno a la competencia por algo: la fama, el dinero, la imagen, el éxito, el control, y todos sabemos que para competir hay que correr, estar al día, llegar primero e imponerse sobre los otros, con lo cual la extraversión se potencia pues tengo que estar atento a la imagen del otro, la fama del otro, el éxito del otro o el control que el otro logró (también, por supuesto, suele ser muy útil actualizarme en los fracasos de los otros). Comprendemos así la importancia que las redes sociales y en general los llamados mass media han tomado, pues en este sistema yo soy un observador que quiere superar a toda costa lo observado.

En esta lógica procesos como el envejecer, el enfermar y el morir, en otras palabras, las vivencias fundamentales del cuerpo, se convierten en enemigas que lentifican, por lo que el cuerpo debe ser continuamente reforzado, tratado y revitalizarlo, luchar contra la edad, contra el cuerpo y sus cambios de tono se vuelve imperativo, lo que nos ayuda a comprender el miedo actual a la vejez y el desprecio por los viejos.   Así también, todos aquellos elementos que provienen del interior de la psique, a no ser que sean compatibles con el estilo egóico, serán desvirtuados y reprimidos o, cuando menos, desatendidos. Y es aquí, en esta desatención a los ritmos del cuerpo, a la vida interior, a su espontaneidad y su diversidad de emociones y objetivos, que encontramos el caldo de cultivo para la formación de la depresión como una perspectiva, más que contraria al ego, complementaria con respecto a su estilo moderno.

Para ejemplificar lo que digo: todos y todas tenemos la experiencia de percibir una autoimagen compuesta por diversos ideales o aspiraciones, esta incluye aspectos tanto corporales como psíquicos y sociales; así mismo, tenemos la experiencia de descubrir la distancia que existe entre esa imagen de nosotros mismos y lo que realmente resultamos ser, así, un día descubrimos que no somos tan inteligentes como creíamos, o tan atractivos, o tan agradables a la vista de todos. Algunos pensarán que llegar a la madurez es darse cuenta de esto y suspender las fantasías sobre uno mismo, personalmente creo que no es así pues la función fantaseadora de la psique, con toda su autonomía, no dejará de producir estos y otros tipos de imágenes hasta nuestra muerte. Ahora, madurar quizás implica darse cuenta de esto y observar la distancia que hay entre fantasía y realidad, y hacer consciencia, además, de que la fantasía sirve para poner a prueba nuestra capacidad de mejorar, cambiar o aprender, y de que la realidad es útil para ponernos límites. Esta consciencia trae siempre una cierta dosis de tristeza, de desilusión, de una cierta depresión. Ahora invito a pensar esto mismo no en la edad madura sino en la infancia, en la adolescencia o en la juventud temprana, épocas de la vida donde por el proceso de separación del mundo ensoñador de la niñez, o por la búsqueda de identidad en el mundo externo a la familia, la distancia entre fantasías de uno mismo y realidad suele ser mayor y, quizás, la consciencia de esa distancia aún más difícil y dolorosa. En esa época entonces, poder expresar las emociones asociadas a tal desilusión es importantísimo, así como tener un otro acogedor con quien compartirlas. Que un niño o un joven tengan esa oportunidad, puede entrenarles para aceptar la vida futura con toda su maravilla y todo su azar, sin necesidad de deprimirse gravemente.

El antiguo dios griego Dionisos es conocido popularmente por nosotros como el alegre dios del vino y de la orgía, es algo que cualquiera puede repetir, sin embargo, por razones que atañen a la forma como se fue construyendo nuestro ego occidental, hemos olvidado que también era el dios de la tragedia, es decir, aquel que inspiraba a los humanos a aceptar las vivencias más contradictorias. Lo interesante del teatro griego, y que considero el motivo principal por el cual podría ser una potente herramienta educativa, es que en sus tragedias encontramos unidas la posibilidad y la impotencia, la juventud y la vejez, la esperanza y la muerte, la belleza máxima y el horror. Incluso la embriaguez a la que asociamos a Dionisos está vinculada con la vida natural: era una embriaguez sagrada pues conectaba lo divino y lo humano, es decir, nuestra posibilidad de trascender lo meramente material junto a lo más frágil en nosotros, las emociones y su tendencia a torpedear hasta los más altos ideales.

Porque es natural en nosotros equivocarnos, sufrir y no lograr, he traído aquí la imagen de este antiguo dios que parecía convocar a la aceptación de esas realidades. Es cierto que no tenemos una religión griega, así que jugamos con estas imágenes como metáforas, como símbolos de cosas que alguna vez supimos de nosotros mismos y olvidamos. Olvidamos que estar joven, acertar, disfrutar y triunfar son sólo una cara de la moneda, tanto lo olvidamos que tratamos una y otra vez de inculcar en nuestros hijos e hijas, la negación o la evitación de la otra cara y, por consiguiente, la no expresión de las emociones difíciles que produce una vida completa. Me permito traer a colación dos ejemplos claros de las luchas de este ego pseudoheroico y de sus batallas:
  1. El jardín de infantes de mi hija invita a los padres a participar de una clase de inglés. La profesora abre la clase mostrando a cada niño y niña tres caritas en una cartulina. Hay una carita feliz, una carita neutra y una carita triste. La profesora entonces pregunta: “¿How are you?”, ante lo cual el niño debe señalar una de las cartulinas y responder en inglés: “I am…”. Un niño a nuestra derecha, de unos tres años, es el único que señala la carita triste y la profesora se apresta a increparle: “pero porqué estas triste, tu no puedes estar triste, ¡tu estás happy!”.
  2. Acompaño a mi padre al médico y este le pregunta: “¿cómo está usted hoy?”, mi padre responde “Muy bien, gracias doctor”. El doctor le dice “pero yo no lo encuentro muy bien” (mi padre no solía seguir las indicaciones médicas debido a que se negaba a dejar de trabajar), a lo que mi padre replicó: “es que a mi desde pequeño me enseñaron que uno tiene que decir siempre que está bien para que le vaya bien, aunque esté mal”. Mi padre tenía entonces 82 años.
Estas dos anécdotas tendrían muchas aristas que explorar, pero en favor de la brevedad sólo haré notar su alta carga de “positivismo” cultural. Hemos sido educados de tal manera que momentos tan vitales como el encuentro con una fuerte emoción, es calificada automáticamente como debilidad, como producto de una falla fundamental que debe ser corregida; lo que sigue, es que sobre esta sensación de fracaso se impone, o bien la marca de la culpa egóica (“me falta inteligencia”, “me falta control”, “nunca tendré éxito por tener estas cosas malas en mi”, “la vida no tiene sentido si no puedo ser fuerte”), o de la paranoia (“no me van a querer por reaccionar así”, “me odian por no ser como ellos”, “los otros son mejores que yo”, “me van a apartar o a aniquilar”).

Ahora bien, cada emoción que explota en nosotros en un momento de descuido del ego, trae una gran variedad de consecuencias para la vida psíquica, pero la emoción de la tristeza y del fracaso son quizás las más básicas, las más comunes como reacción ante el hecho de que no siempre podamos tener el control o lograr lo anhelado. En este punto es imprescindible que en nuestro proceso educativo hayamos aprendido por lo menos dos cosas: un lenguaje para expresarlas y el permiso de hacerlo.

Uno de los grandes sufrimientos psicológicos consiste en no poder expresar lo que sentimos, es posible que el ser humano haya llegado al lenguaje por la necesidad de quejarse o de compartir la alegría; sin embargo es notable que muchas personas carezcan de un lenguaje emocional, una buena batería de palabras, expresiones e imágenes que permitan al alma mostrarse a otros, esperando de ellos un reflejo que le permita saber más de lo que le ocurre o de sus necesidades. De esta manera podemos imaginar al alma como aquello que en nosotros se ofrece al mundo por medio de imágenes cargadas emocionalmente, dicho de otro modo, nuestra profundidad se muestra sobretodo en las emociones que viajan en palabras e imágenes. Sin embargo, repito, muchas personas han crecido y podrían estar creciendo sin este lenguaje. Recuerdo que me encontré un día frente a un paciente que no podía decirme cómo se sentía su novia en el momento en el que él cortó la relación, siempre recurría a explicaciones intelectuales o evitativas del tipo “tal vez sintió que ya no podría lograr sus objetivos” o “ella tal vez esperaba tener a su lado un tipo como yo”; cuando lo invité a que se imaginara ser ella le fue aún más difícil (por supuesto si no funcionó la técnica extravertida, mucho menos lo iba a hacer la introvertida). Sabemos que para algunas personas el sólo decir “estoy triste”, “abatido”, “celoso”, “resentido” o “dolido”, puede ser todo un trabajo contra la culpa o la sensación de debilidad, incluso a algunas les cuesta admitir emociones de las llamadas positivas como estar enamorado. Para ellas las emoción resulta peligrosa pues la mayor marca de la vivencia emocional es la de su carácter autónomo e impositivo, es decir, el ego no decide tener ira o celos, el ego no decide enamorarse, estas son cosas que le pasan a uno, o para decirlo en términos más amenazantes para el yo: cosas que le pasan a uno por encima.

He entrado entonces en el segundo aspecto de la educación para las emociones, es decir, tener la posibilidad de permitirse la vivencia emocional. Quizás aprender el lenguaje para lo que sentimos no sea tan difícil, mi hija tiene unos pequeños libros de cuentos, cada uno titulado con una emoción que le han permitido hablar de estar tímida, triste, alegre, iracunda o celosa. Así mismo, al mencionado paciente le pasé yo una lista de emociones básicas que le fue útil hasta cierto punto. Pero quizás lo que más cuesta, es darse el permiso de ser frágil, construir en el ego cierta flexibilidad para ello, algo que que se acercaría a otro concepto de López-Pedraza: “La consciencia del fracaso” (López-Pedraza, 1987). Para acceder a este permiso, a esta consciencia, los adultos solemos asistir a psicoterapia, psicoanálisis o a otros métodos, los cuales son vías modernas de aproximación al alma profunda que sustituyeron al teatro griego y a la confesión y el ritual religioso. Vamos a un terapeuta porque intuitivamente sabemos que hay cosas en nosotros que debemos admitir, cosas que quizás le quiten brillo a nuestros egos, pero que dan importancia a otros aspectos de nuestra más claroscura humanidad.

Una vez una amiga me dijo: “Yo no voy a terapia porque me pongo a recordar y a hablar de cosas tristes, a llorar, y de pronto me deprimo”, a lo que le dije: “si no vas a terapia y no lloras y no aprendes a estar triste, te deprimes”. Y es a este aprender y enseñar a estar tristes admitiendo que la tristeza y el fracaso hacen parte de la vida, a lo que me refiero con “educar para la depresión”. Si el padre y la madre, si el educador y el clínico mismo entran en pánico frente a la tristeza del niño o del joven, estarán aliándose con el enemigo, reforzarán la represión de la vida emocional y, consecuentemente, estarán provocando que el sistema psíquico busque otras salidas a toda esa emocionalidad. Lo que puede suceder después es que aquella tristeza, aquella depresión normal, es decir, aquella reacción humana natural, emerja convertida en depresión patológica, pues el alma inconsciente hará un llamado aún más fuerte. Lo inconsciente es lo indomeñado en nosotros y puede actuar como aquellas fieras de las que nos defendimos en tiempos primigenios; si el ego se ha resistido a sus vivencias emocionales, estas fieras pueden tomarlo por sorpresa y llevarlo hacia el interior, buscando así que tenga que aceptar lo inaceptable: su naturaleza frágil y dual, todo lo humano y lo azaroso de la vida misma. Si no nos sabemos deprimir, es decir, si no hemos obtenido un lenguaje y un permiso para vivir la tristeza y el fracaso, nuestra alma inconsciente será quien tratará de educarnos. Así que, ya que estamos hablando de clínica y educación, me parece que para enriquecer nuestro lugar como clínicos en ámbitos educativos y hacer una buena reflexión como educadores que quieren adquirir herramientas realmente psicológicas, debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Qué conceptos tengo sobre la vida emocional? ¿Cómo me sitúo frente a los valores colectivos del triunfo y los caminos para lograrlo? ¿Cómo reacciono frente a las vivencias emocionales de otros? ¿Cómo reacciono frente a mis propias emociones?

Deseo que estas pocas ideas y sentimientos aporten a la discusión y a un paulatino -y estoy seguro, lento-, proceso de conocimiento, aceptación y expresión de la vida interior como parte del proceso educativo; quizás podríamos lograr unas generaciones que no se enfermaran tanto de depresión, ni de otro montón de patologías generadas por las emociones consideradas enemigas de la prosperidad, el éxito y el triunfo del yo.

Por ahora, y a modo de incitación a la curiosidad, les dejo con estas palabras del analista junguiano Carlos Byington (Byington, 2013), quien se atreve a hablar de la necesidad de la depresión, tanto de la normal, es decir, del estado que es fruto de la aceptación de lo más humano en nosotros, como de aquella otra patológica que, según él, puede resultar éticamente correctiva:

“La depresión normal ayuda a la introspección porque retira la libido de la extroversión, o sea, del envolvimiento con los acontecimientos de la cotidianidad, y propicia la introversión que, muchas veces, es dirigida para elaborar algo errado y destructivo. En este caso, la depresión es acompañada de culpa y opera junto con la función ética para confrontar, corregir y alejarnos del Mal. Otras veces, la depresión no está necesariamente vinculada a la ética, y tiene la finalidad de reconocer y acoger las disfunciones o heridas del Ser. En esos casos ella se compara con la conducta de animales heridos que se retiran a su cubil para lamer sus heridas.

Sea para elaborar heridas, o una conducta equivocada y culposa, o para elaborar la muerte o simplemente conducir a la introspección, la depresión es una función esencial en el funcionamiento de la Psique que necesita ser acogida y diferenciada para ser ejercida. De esta manera, siempre es un error y es anti-ético recetar o ingerir antidepresivos automáticamente solo porque la persona no sabe o no quiere deprimirse.” (p. 25)

REFERENCIAS
Asociación Americana de Psiquiatría (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5. Arlington: American Psychiatric Association
Byington C. A. B. (2013). El viaje del ser en busca de eternidad y del infinito. Las sierte etapas arquetípicas de la vida por la psicología simbólica junguiana. Sao Paulo: Edición del autor
López-Pedraza R. (2009). Dionisos en exilio. Caracas: Festina Lente.
López-Pedraza R. (1987). Ansiedad Cultural. Caracas: Festina Lente.



[1] Según un informe de la OMS (Organización Mundial de la Salud), para 2020 la depresión será la segunda causa de muerte o incapacidad en el planeta. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-502927 (Recuperado en 22-06-15)

jueves, 21 de diciembre de 2017

Psiquismo y Solsticio

Psiquismo y Solsticio. www.losjardinesdepsique.com El solsticio decembrino es un fenómeno astronómico que marca el inicio de los días más largos y las noches más cortas en el hemisferio sur, mientras que en el norte los días se hacen más cortos y las noches más largas. Lo que llama la atención es que tanto en uno como en otro se celebra "la luz" desde la más remota antigüedad, aunque los habitantes llegaron a ello por diferentes vías (nosotros aquí, en el centro de los dos hemisferios no percibimos el paso de las estaciones con tal intensidad y, aún así, nuestros ancestros indígenas captaron en su astronomía y la correspondiente símbología estas importantes variaciones en los ciclos de la naturaleza) Imagina: imagina que vives en una época en la que tienes que confiar en la observación de la naturaleza y en lo que pasa en ti como reacción, vives en el norte del planeta. Imagina que tras una temporada de fuertes lluvias y vientos llega el frío, las hojas se resecan y empiezan a caer, todo se cubre de blanco, el verde pasto y las flores desaparecen, los días se hacen más cortos y las noches más largas... ¿Qué pasó con el sol que a todo da vida y que vence la oscuridad en la que acechan los peligros? ¡Habrá que propiciar a los dioses encargados del sol y de la primavera pues quizás están enfadados o enfermos!. En Roma desde muy antiguo, antes incluso de los años del imperio, se invocaba en tales casos a Saturno, Dios del tiempo y su circularidad, dios de las cosechas y, lo que es más importante: quien rigió la edad de oro, una época mítica en la que reinó una "eterna primavera". Entonces eran necesaria la celebración, la fiesta sagrada y propiciatoria, nos damos regalos y festines (en los que era muy importante la ingesta del cerdo) y, quizás con el deseo de que el invierno termine rápido, algunos símbolos de la inversión del orden natural, por ejemplo, que los esclavos se sienten a la mesa y los señores les sirvan. Son las Saturnalias. En Roma, el día que luego sería señalado como 25 de diciembre en los calendarios cristianos, también coincidía con el nacimiento de Mitra, un antiguo dios importado de Persia que murió y resucitó, por lo cual hacia el siglo segundo (d. C.) se introdujo ese día una nueva fiesta para celebrar al sol, la fiesta del sol victorioso o "Sol Invictus", el que vence la oscuridad, el que renace. También en el sur cada pueblo observó y se conmovió con este juego de oscuridad y luz. Inversamente a lo que pasaba en el norte, para nosotros no se trataba de propiciar a los dioses del sol y la primavera y de rogar su retorno o su reinado eterno, sino de agradecer su regreso, de festejar con ellos y no en su ausencia (tendrá eso que ver con nuestro carácter festivo?). Se nos cuenta, por ejemplo, que los Incas celebraban y siguen celebrando el Inti Raymi, la celebración del gran Inti, el dios Sol, mientras que en Bolivia el tradicional Willka Kuti o "vuelta del sol". El cristianismo, como toda religión que consigue mantenerse en el tiempo, entremezcló su nueva simbología con la antigua y ubicó el nacimiento de Jesús en las fechas correspondientes a estas festividades, prometiendo a sus adeptos que una nueva luz renacerá cada que llegue el momento. Para la psique esto es muy importante, seas cristiano o no, incluso si eres ateo, la vida natural del alma exige los símbolos de muerte y renacimiento pues la psique constantemente muere y resucita, crecemos por la vía del duelo como afirma Estanislao Zuleta y nuestras patologías tienen mucho que ver con la detención, con la polarización en alguno de los extremos, sean estos la luz (por ejemplo de la pura razón ) o la oscuridad (por ejemplo de la emocionalidad pura). Al margen de las creencias sobre una renovación por la vía de los símbolos religiosos o astrológicos, permanece la necesidad de la psique de procesos de "muerte y renacimiento", es decir, de vivir la vida, padecerla si es preciso, pero también de lo que este padecimiento implica como desarrollo consciente, sea individual o colectivo. El solsticio me recuerda que hay cambio, que la existencia es eso en esencia. Muchas personas entran en contacto con estos símbolos de muerte y renacimiento por la vía de los sueños o en la elaboración de una tragedia personal o colectiva, es algo con lo que trabajamos constantemente. Quizás esté bien cerrar con el proverbio chino "Había una vez un hombre que lloraba bajando la colina y reía mientras la subía". Lisímaco Henao Henao. 21-12-17

La imagen puede contener: cielo, exterior y naturaleza

lunes, 18 de diciembre de 2017

El último Jedi y una frase con corazón

“Así es como vamos a ganar, no peleando contra lo que odiamos sino salvando lo que amamos”

¿Qué tal la frase? Quiero acogerla en tiempos de odio, en estos tiempos en que estamos “en contra de”, queriendo “acabar con”, confundiendo justicia con venganza, en tiempos en los que triunfan los psicópatas y las psicópatas adaptados en la política (por los que muchos volverán a votar, quizás porque esa oscuridad también nos habita en alguna medida), o los psicópatas adaptados en el sistema financiero y corporativo (esos que generan las nuevas esclavitudes, esos que admiramos, también por lo que compartimos con ellos), tiempos de discriminación y miedo globalizado. La frase nos invita, en cambio, a conectarnos con el amor más que con el odio, con la protección de lo más frágil, con hacernos madres, padres y hermanos de lo que nos hace comunidad.

¿Y de dónde viene la frase? Como cada año le cumplí la cita a la galaxia, esta saga me conecta con mis primeras sensaciones infantiles en el cine así que me fui al cine con mi hermano menor (cómplice de esta afición) a ver Star Wars, y con una pregunta que tengo desde hace tiempo ¿es esta realmente, como se dice por ahí, una nueva mitología? Bien, digamos primero que todo lo que es evidente gracias a los registros históricos: cada cultura dominante genera una mitología que la sustente imaginalmente y, en segundo lugar, digamos lo que nos ha enseñado la psicología junguiana: toda mitología se asienta sobre unos pilares colectivos que no varían en el tiempo a pesar de las imágenes que cada cultura construya para representarlos; dichos pilares son los arquetipos.

Así que diré brevemente (esta nota es un resumen de un trabajo más amplio que vengo desarrollando), que los arquetipos siguen ahí, los mismos. En cuanto a las imágenes que hablan del momento que vivimos está el realce de La Heroína, por supuesto siguen ahí los Héroes y, de hecho, “El último Jedi” trae un homenaje de mucho peso al héroe de las primeras trilogías de la saga, pero es evidente que ahora la protagonista es la fuerza de una chica que apenas comienza a descubrir quién es ella y a desarrollar su propio viaje, ella sigue creyendo hasta el final en la compasión y en la posibilidad de que su oscuro oponente pueda redimirse, algo propio del Anima (el alma femenina), pero al final tendrá que poner límite también a su compasión debido a que dicho oponente definitivamente no puede cambiar (¿les suena el caso?). El Héroe en esta saga ha devenido en El Anciano y ella descubrirá que ya no puede buscarlo como fuerza masculina, pues él mismo ha renunciado a ser esa fuerza y se ha transformado en El Espíritu de la sabiduría.

No haré mención de más arquetipos aunque están todos, es de resaltar el papel de las mujeres como pilotos de la nave madre, como estrategas (Atenea) y rectoras de la salvación del reducto de Rebeldes (¡Madres protectoras de la rebeldía!), adquieren una importancia mayúscula, lo cual vendría a apoyar la profecía de Jung acerca del avance del mundo hacia un mayor desarrollo del principio femenino, representado aquí, como dije, por una chica que comienza a descubrir quién es y la fuerza que la habita, lo cual puede referirse a estos tiempos que son iniciales en cuanto a dicho desarrollo en lo colectivo (en este mismo sentido es de resaltar el bello homenaje a Carrie Fischer, la fallecida actriz que interpretó a la princesa Leia, personaje que participó en su juventud de algunas gestas heroicas, aunque seguía jugando el papel clásico de “soror” del Héroe). Con todo esto, la película también evidencia lo que está sucediendo como reacción a ese desarrollo de lo femenino: la violencia con que se defiende la sombra de lo viejo y lo conocido, una violencia proyectada sobre los más frágiles que se ilustra con una imagen potente y actual: hay un casino, el más rico de la galaxia, que se enriquece con las ganancias provenientes de la esclavitud de niños generada por la minería. Al final uno de estos niños cierra la película como imagen esperanzadora (este arquetipo se había desarrollado ampliamente en películas anteriores, incluida la terrible sombra de El Niño ó Puer).

Por supuesto que, además de una expresión del inconsciente colectivo por la vía del arte, también es Hollywood y es la cultura norteamericana expresándose (una forma de consciencia colectiva), así que hay un sinnúmero de estereotipos que sostienen esa cultura, por señalar sólo uno, la tendencia a dividir el universo entre los absolutamente malos que hay que destruir y los absolutamente buenos que tendrían que vencer. Hay un momento en el que piensas que se van a cuestionar estos absolutos pero… no es posible, no ocurre (recordemos que el presidente Busch creó un “eje del mal” y eso se quedó así, quedando E. U. y sus aliados como el “eje del bien”, lo cual es tan conveniente a la hora de hacer riqueza con la guerra y todos sus subproductos).

La frase es de nuestra heroína Rose Tico, la rosa de la galaxia:
“That's how we're gonna win. Not fighting what we hate, saving what we love." (Rose Tico “The Last Jedi”)

Lisímaco Henao Henao
18 de diciembre de 2017

Resultado de imagen para el ultimo jedi

domingo, 26 de noviembre de 2017

Mis cursos en 2018-1 ¡también ON LINE!

¿Apenas comienzas? toma el curso de los jueves
¿Deseas profundizar? toma el curso de los lunes o el de los sábados
¿Necesitas herramientas prácticas y sus bases teóricas? toma el curso de los lunes y martes
¿Tu tema son los sueños pero quieres más práctica sobre el trabajo con ellos? toma el curso de los martes.

Si quieres integrar en tu práctica y tu reflexión sobre el alma individual y colectiva los inmensos aportes de Jung y los posjunguianos, esta es tu oportunidad. No importa si tienes o no a la psicología como profesión.

Si tu intención es formarte como analista junguiana(o), iniciate o avanza en el estudio de los aportes fundamentales de la psicología analítica.

A continuación una imagen resumen y, más abajo, detalles acerca de cada uno de los cursos, costos y datos de contacto. ¡Bienvenidas y bienvenidos!

Todos los cursos tienen la opción virtual


1. Técnicas expresivas en psicoterapia
Lunes 7 a 9 p.m. 
Inicia 5 de febrero.

GENERALIDADES:

Psicoterapia: “un área del arte de curar”
Psicopatología: la psique creando su propio lenguaje.
Las cuatro fases de la psicoterapia.
Técnica y Método o el terapeuta implicado en la relación.
Los sueños: “Ya habíamos explorado todo, había que preguntarle a «alguien» más”
La caja de arena: “avergonzado de mí mismo descubrí que sólo podía jugar”.
Los mandalas: “el mandala que importa es el que nace en el interior”
La Imaginación Activa (dramática, plástica y en movimiento): “la psique tiende a personificar sus contenidos”.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

“La práctica de la psicoterapia” C. G. Jung
“Re-Imaginar la psicología”. J. Hillman
“Los Complejos y El Inconsciente” C. G. Jung
“Encuentros con el alma. La I. A. como Jung la 
Desarrolló” Barbara Hannah. (A. P. M. Wood)

Inicia 5 de febrero.

En una época en la que se están confundiendo las herramientas psicoterapéuticas con la psicoterapia como proceso, razón por la cual vienen siendo aplicadas de manera mecánica, nos acercaremos a ocho técnicas y sus fundamentos teóricos, ubicando su lugar dentro de un universo más amplio y conectándolas con el acto del fascinante encuentro terapéutico.

Fechas de encuentro:

Febrero 5 y 19
Marzo 5 y 19
Abril 2 y 16
Mayo 7 y 21


2. Seminario-Taller: El tejido de los sueños. 
Martes 7 a 9 p.m.
Inicia 13 de febrero.

GENERALIDADES:

Realidad psíquica. Los trabajos de Jung y Marie Louise Von Franz
Psique y Personificación. El énfasis de Hillman y los sueños.
Sueños lúcidos e Imaginación Activa
Sueño y literatura: Realismo mágico y realidad psíquica.
Ejercicios prácticos I: 
Los sueños como narrativa
Interpretación retórica vs. Interpretación teórica
El sueño como escuela de la imaginación
Ejercicios prácticos II: 
Sueños y símbolos
El sueño arquetipal
La vida es sueño.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

“La vida simbólica” C. G. Jung
“La dinámica de lo inconsciente” C. G. Jung
“El camino de los sueños”. M. L. Von Franz
“Sobre los sueños y la muerte”. M. L. Von Franz
“El Sueño y el inframundo” J. Hillman




Los sueños son una forma de literatura que expresa de la mejor manera posible el drama más importante de todos los tiempos: el drama de la psique. Leeremos los sueños de los participantes del grupo en sus aspectos dramáticos, simbólicos y arquetipales. Es la primera vez que nos atreveremos a tejer juntos en torno a nuestras imágenes internas, también será posible comenzar a conectarnos desde el alma colectiva. El soñador tomará lo que "encaje" con su experiencia. Importante: por discreción, evitaremos alusiones directas a la vida consciente del soñador (lo cual es imprescindible en psicoterapia), por lo que seguirá siendo un ejercicio de estudio, una "praxis" para todos los participantes. Evidentemente no se trata de "interpretación" de los sueños, se trata, como afirmamos con Hillman, de trabajar con el sueño o de "psiquear" un rato. (Psiquear es nuestro nuevo verbo gracias a Rafael López-Pedraza)

Fechas de encuentro:

Febrero 13 y 27
Marzo 13 y 27
Abril 10 y 24
Mayo 15 y 29


3. Fundamentos:Arquetipos y Complejos, en teoría y en nuestras vidas.
Jueves 7 a 9 p.m.
Inicia 1 de febrero.

GENERALIDADES:

Jung antes de Freud, Jung con Freud y, finalmente, Jung.
Yo y Consciencia: La personalidad consciente
Yo e Inconsciente: La personalidad inconsciente
Principios de Energética Psíquica
Teoría General de los complejos
Complejos y desarrollo psíquico
Sueños, Complejos y Metacognición
Arquetipos y naturaleza psíquica
Lo Psicoide y La Sincronicidad
El principio de individuación.
La amplificación simbólica: mitos, cuentos de hadas y cuentos populares.

BIBLIOGRAFÍA

El hombre y sus símbolos.
Los Complejos y el inconsciente.
Los arquetipos y el Inconsciente Colectivo.
Psicoterapia Junguiana y Posjunguiana.




Iremos directamente a la fuente, a la obra de Jung principalmente, para luego revisar algunas de las aportaciones posteriores. Creo absolutamente necesario, en un momento en el que cualquiera habla de arquetipos, volver a revisar el concepto y sus consecuencias para entender las consecuencias, también, de las distorsiones que se han creado en torno a estos conceptos. La teoría general de los complejos de Jung nos dará las pistas sobre la efectividad arquetípica y los avatares de la libido en todo el sistema psíquico.

Fechas de encuentro:

Febrero 1 y 15
Marzo 1 y 15
Abril 5 y 19
Mayo 3 y 17


4. Símbolos y Arquetipos: Las imágenes de El Libro Rojo de Jung
Sábados 11 a.m. a 1 p.m
Inicia 10 de febrero

GENERALIDADES:

La escisión psíquica y el caso Jung
Más allá de la ruptura con Freud: La ruptura con Jung
Anima: pasión y transformación.
Amor: entre Eros y Anteros
El espíritu de la profundidad y el espíritu de este tiempo.
Imagen y Arquetipo: cuando lo inconsciente se constela nos enamora y nos destruye. El chocante lenguaje de los arquetipos.
Las pinturas del Libro Rojo de Jung: la psique objetiva narrada por ella misma ¿Qué es entonces “arteterapia”?


BIBLIOGRAFÍA GENERAL

“El Libro Rojo de Jung”. C. G. Jung
“El Libro Rojo de Jung. Claves para la comprensión
De una obra inexplicable”. Bernardo Nante.
“El Libro Rojo de Jung. La Historia de amor de 
C. G. Jung”. María Helena R. Mandacarú.




Hace algunos años tuvimos en casa una primera lectura detallada del Libro Rojo, esta vez, en el espacio de nuestros estudios simbólicos, partiremos de las imágenes y estudiaremos sus variados niveles: como experiencias de una persona en particular (Jung), como gérmenes teóricos (arquetipos, complejos, tipos psicológicos, mitologización arquetípica, etc.) y como fundamentos de una práctica terapéutica (Imaginación Activa y técnicas expresivas como la personificación, escritura expresiva, etc.). Esta obra nunca termina de leerse, esta vez simplemente volveremos a valorarlo desde otro lugar. Se entregara el libro en PDF

Fechas de encuentro:

Febrero 10 y 24
Marzo 10 y 24
Abril 14 y 28
Mayo 12 y 26



BIBLIOGRAFÍA GENERAL: para los cursos 1, 2 Y 3: "Psicoterapia Junguiana y posjunguiana. Perspectivas de la terapia dialógica". Ricardo Carretero Gramage (a la venta en Casa Jung). La bibliografía particular proviene de múltiples fuentes y será enviada en formato pdf. El curso 4, tendrá como base El Libro Rojo de Jung y algunos extractos de la obra de Bernardo Nante "El libro rojo de Jung. Claves para la comprensión de una obra inexplicable" y del libro de María Helena R. Mandacarú "El Libro rojo. El drama de amor de C. G. Jung".

TODOS LOS CURSOS: Quincenales, 8 sesiones de dos horas, Febero-Mayo, opción virtual, $330.000 (110 USD) cada uno, si tomas más de un curso 300.000 (100 USD) cada uno.


Informes en eventos@jungcolombia.com
teléfono 314 800 59 79

Docente:
Lisímaco Henao Henao. Psicólogo UdeA (Medellín, 2000). Master en Psicología Analítica URL (Barcelona, 2003). Analista Junguiano certificado y miembro de la IAAP (Copenhaguen, 2013). Miembro fundador y actual presidente de la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos (SCAJ). Autor de "Ser Hombre. Imágenes arquetípicas de masculinidad en Cien Años de Soledad" (2007) y "El Libro Rojo de mis sueños. Bitácoras del alma" (2017). Psicoterapeuta. Cursos virtual psicología junguiana

lunes, 30 de octubre de 2017

"Amor imposible", una antigua enfermedad mental y los precursores de la psicoterapia.

"Amor es un daimon", le dice la profetisa Diotima a Sócrates en El Banquete de Platón, lo cual es ya una indicación de lo inusitadas e invasivas que pueden ser sus apariciones. Jung afirmaba por su parte que nadie debería avergonzarse de pagar tributo a una fuerza tan poderosa como la representada por Eros. Resulta fabuloso cuando este daimon nos visita y Armonía está también presente, pero no siempre sucede así. Ese fue el caso de Antíoco, hijo del rey de Siria Seleuco I, quien "sufría de una enfermedad misteriosa, enfermedad de consunción que ya le había provocado deseos de suicidio" [1], -podemos sospechar por esto y por lo que sigue, que se trataba de una depresión, pero lo más interesante de este relato es la manera como se descubrió la causa-. Fue llamado a su lecho el sabio Erasístrato, quien al no encontrar una causa física del mal recurrió a un método tan curioso como efectivo: "fue llamando a todas las personas jóvenes y hermosas del palacio, y a medida que comparecían iba observando atentamente a Antíoco, examinándole también el pulso, la acción del corazón, hasta que al presentarse la bella Estratonice, madrastra del príncipe y quien ya había tenido un hijo de Seleuco, se manifestaron en el enfermo todos los síntomas del amor, como palpitación violenta del corazón, alteración del pulso, mudanza de color, dificultad en hablar, conmoción.". Nos llama la atención en este punto la detallada descripción de los síntomas del amor, si el concepto de "enfermedad" se asocia con el de "anormalidad", entonces el amor resulta ser una enfermedad pues altera casi todas las áreas físicas y psíquicas. En este primer procedimiento podemos vislumbrar también una metáfora del oficio del terapeuta, como si nuestro trabajo consistiera en acompañar al paciente mientras hace desfilar ante sí (y ante nosotros) a los personajes que se han constituido en material vivo de "su realidad", así, el consultorio se transforma en esa habitación, ese recinto sagrado en el que vamos tomando el pulso y examinando "la acción del corazón" frente a esa realidad.

Ya se ha mencionado mucho al centauro Quirón como precursor mítico de la psicoterapia (una antigua figura del Sanador Herido o de la dinámica arquetipal entre lo sanador y lo herido en nosotros) y tanto Jung como Hillman coinciden en afirmar que el filósofo presocrático Heráclito vendría a ser el primer psicólogo de la historia Occidental por diversas razones; pero la observación y descripción de los síntomas, así como el tratamiento que aplica Erasístrato en este caso reúnen tantas características relacionadas con la inteligencia para la comprensión y el rodeo necesario para llegar hasta la solución, que nos lleva a pensar que deberíamos considerar a este médico del siglo III a. C. como otro digno precursor del cuidado del alma.

Erasístrato descubre la causa del mal de Antíoco,
obra de Jacques-Louis David (1774)
Murray Stein [2] leyó la escena en que Dionisos da de beber vino a Hefestos para convencerle de liberar a Hera de la trampa que el dios cojo había construido y con la que pensaba vengarse de su madre, como una metáfora de la psicoterapia que procede por "aflojamiento" de complejos muy enquistados (Dionisos operando también como terapeuta). Erasístrato ve al paciente, ve lo que pasa a su alrededor y también idea una estrategia para convencer al padre de que ponga a disposición del hijo lo que es necesario para la curación: "Una vez descubierta la causa de la enfermedad, el médico recurrió a un nuevo ardid, pues dijo a Seleuco que Antioco padecía una enfermedad incurable, y agregó: ‘Ama a mi mujer, y yo a nadie la cedo’. El rey entonces suplicó a Erasístrato para que no rehusase la mujer a su hijo, salvando así la salud de éste y la felicidad del reino. ‘Injusto es lo que me pides –respondió el otro- quieres quitarme la mujer y atropellarme a mí, a tu médico. Si el amor fuese a tu esposa, ¿qué harías tú que me exiges semejante sacrificio?’. A lo cual el monarca contestó diciendo que en tal caso él no vacilaría en entregar la madrastra y hasta el reino al hijo. ‘¿Para qué me suplicas? –dijo el médico-. De tu mujer está enamorado. Lo que te he dicho era todo mentira’. En efecto, el rey casó a Antíoco con Estratonice, cediéndole además el reino o provincias altas. Y Plinio el Naturalista agrega que por esta cura maravillosa Erasístrato recibió el magnífico regalo de cien talentos.”

Si leemos arquetipalmente la escena, vamos a poder llevar nuestra imaginación hasta el complejo paterno negativo del paciente, el cual se ha apoderado de su capacidad para vivir el amor, y podremos captar la forma como el terapeuta trabaja con este complejo convenciéndolo mediante un "ardid", es decir, procediendo por aflojamiento, mediante un juego no desprovisto de cierta picaresca y logrando finalmente el fluir de la energía amorosa. Ciertamente no es raro que la figura de El Pícaro esté presente en nuestro proceder como terapeutas, un asunto que trabajó profundamente Rafaél López-Pedraza en su "Hermes y sus hijos" [3]. Y podemos decir todavía algo más: la decisión del padre de ceder también una parte del reino a su hijo nos permite conjeturar que lo que aquí se representa es la afectación no sólo del área amorosa del sujeto, sino también de su relación con el poder, con los límites, algo muy común cuando del aspecto negativo de este complejo se trata. Una vez más Eros hace su aparición para arrastrar consigo al conocimiento profundo, un conocimiento que termina trascendiendo el aspecto superficial de la función erótica misma ¿cuántas veces llegamos al análisis o a la psicoterapia por haber enfermado de Amor y salimos de ella habiendo develado mucho más, cosas que, en apariencia, nada tenían que ver con el dios y sus complejidades?. Tal vez caemos prisioneros del amor (enfermamos de Amor) tan sólo para aprender a amar hasta los más ocultos y retorcidos rincones de nuestra propia alma.

Quirón, Dionisos, Heráclito, ahora agreguemos al genial Erasístrato, y su actitud atenta e imaginativa frente al tratamiento, en el árbol genealógico de nuestra profesión.


Lisímaco Henao Henao. Octubre de 2017

Psicólogo - Analista Junguiano IAAP - SCAJ

1. Todos los comillados sobre el relato de Antíoco provienen de Díaz González, Joaquín. Historia de la medicina en la antigüedad. 2ª ed. Ed. Barna. Barcelona 1950. pg. 185-186

2. STEIN, Murray. El principio de individuación. Ed. Luciérnaga. Barcelona 2007. pg. 93-119


3. López-Pedraza, Rafael. Hermes y sus hijos. Ed. Anthropos. Barcelona 1991
Resultado de imagen para antíoco
Antíoco y Estratónice, . Auguste Dominique Ingres (1840)

Imagen relacionada
Antíoco y Estratonice de Pompeo Batoni (1708-1787)