lunes, 23 de abril de 2018

Los libros, ese antídoto contra los falsos positivos literarios


Por Lisímaco Henao Henao.

(Contiene varios ejemplos de falsos positivos literarios entre ellos uno muy famoso atribuido a Brecht, otro que está muy de moda supuestamente de García Márquez, el de siempre de Borges, el de Saramago, el difundido por Steve Jobs y alguno más)

Antes que nada quiero aclarar que aquí no me refiero tan sólo a los libros en papel, sino también a aquellos que aparecen en formato digital con el respaldo de editoriales serias o de la seriedad comprobada del autor cuando es de edición propia. Hago esta aclaración a pesar de que yo mismo tengo una predilección especial y un secreto culto a los libros impresos, hasta el punto de hacer duelos muy reales por algunos ejemplares que amigos míos (y por momentos de lo ajeno), decidieron no regresar.

Liseuse couronnée de fleurs ou la muse de Virgile,
Camille Corot, 1845
Me refiero entonces a la primacía de los libros en un momento en el que los memes sin bibliografía y una infinidad de páginas web (que poco citan la bibliografía de sus fuentes) parecen ser el medio de aprendizaje expedito para algunos. No afirmo que estos no valgan para nada, de hecho uso youtube como medio de divulgación de mis intereses profesionales y algunos memes me parecen refrescantes y saludables para el buen humor, en cuanto a las páginas de “resumen de ideas” también aplaudo que en ocasiones den al gran público un aliento de algo valioso en tiempos en que tan mal le va a la imaginación; lo que afirmo es que corremos dos peligros fundamentales frente a estos fenómenos masivos, por un lado no tenemos la certeza de que la frase o el párrafo hayan salido realmente de la pluma de los autores mencionados mientras que, por el otro, perdemos el contexto en que se escribió, el cual incluye tanto el sentido general de la obra como el lugar de dicha frase dentro de la misma.

Entre las razones que muchos aducen para no darle importancia a esas falsas atribuciones en autorías de textos tenemos la de un “no rotundo” a la propiedad, es decir, “que las cosas sean de todos ¡y las frases y los párrafos también!”; así mismo se dice que lo importante es el mensaje “desde que sea bonito e inspire”. Bueno, como respuesta a ambos argumentos sólo diría que el trabajo que puede costar escribir una sola idea se ve muy mal recompensado cuando vemos que alguien sólo tuvo que “copiarlo y pegarlo” y ponerle su firma o la de otro. Por mi parte prefiero guardar una reserva saludable de ego en este tema.

Quizás hay otro motivo para preferir los libros y se deriva de experiencias que he tenido como docente de psicología analítica. En más de una ocasión una persona me ha dicho “amar apasionadamente a Jung” así que con entusiasmo le he pasado uno de sus libros para, transcurrido un tiempo, recibirlo con la desilusión de que “a ese señor no se le entiende” o “es muy enredado”; al indagar un poco más me doy cuenta de que ella ha leído las “frases célebres” y los afiches inspiradores de algún centro o de algún terapeuta promocionando su trabajo. Aquí debo aclarar que, en ocasiones, también hay que tener en cuenta la calidad de las editoriales pues nos encontramos libros del tipo “Jung facilito” que tampoco son de fiar pues en aras de la facilidad se pierde la profundidad (a ello me refería en el primer párrafo con lo de “editoriales serias”). Para cerrar este largo paréntesis y hacer puente con lo que sigue pregunto a mis colegas y amigos lectores de la obra junguiana ¿han encontrado en algún libro de Jung las frases “No retengas a quien se aleja de ti porque así no llegará quien desea acercarse” y “Yo no soy lo que me sucedió, yo soy lo que elegí ser”? La encuentro por ahí, sin bibliografía por supuesto, y me hace un ruido enorme en cuanto a forma y fondo, por supuesto puedo estar equivocado, en todo caso esas frases sacadas de contexto pueden engañarnos a todos.

A continuación les comparto algunos de los falsos positivos literarios que más me han impactado.

1.   Comienzo con uno de los más citados, es más, estoy seguro de que yo mismo repetí el error de tantos al decir que pertenece al gran dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, cuando en realidad fue escrito por su compatriota Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, acá va ¡únanse a mi todos los equivocados!:

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Brecht junto a su esposa, Helen Weigel.
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra, porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.»

Hay datos muy curiosos sobre el verdadero autor, un nazi luego convertido a antinazi cuya historia les recomiendo, pero lo más llamativo es que en el Museo del Holocausto de Washington este poema aparece sin las dos primeras líneas; saquen sus propias conclusiones.

2.    El Nobel Gabriel García Márquez no se libró de su falso positivo y hoy circula por la red un texto que se anuncia como escrito tras el diagnóstico de cáncer. Cualquiera que haya leído a Gabo sabrá que ni el tratamiento del tema, ni la forma, ni varias de las ideas podrían haber partido de su pluma y de su espíritu (piénsese, por ejemplo, en la manera como parece distanciarse de la naturaleza humana). La primera vez que lo leí sólo pude pensar que se hizo con todas las buenas intenciones de dar un mensaje muy cristiano y que se atribuyó a García Márquez en un intento de darle más divulgación; luego encontré otra referencia en la web en la que se decía que fue escrito por el humorista y ventrílocuo Johnny Welch. Francamente hasta que no sepamos el libro, el autor y la editorial fuente es mejor mantener la reserva. 

Imagen relacionada  “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera. Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, a los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que el solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no lo está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentaras el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento” “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan”.

3.    ¿Y cómo no citar aquí nuevamente la que es, quizás, la más divulgada falsa atribución literaria? Sí, el famoso poema “Instantes” de la poeta norteamericana Nadine Stair y que fue citado por una revista argentina de psicología como perteneciente a Borges justo después de su muerte. La viuda de este demandó a la revista y su caso tardó ocho años en ser sancionado en juzgados, tiempo en el cual el poema se repitió tantas veces con la falsa autoría que incluso fervientes seguidores del vate llegaron a validarlo; quizás, entonces, no sea tan malo ¿no?

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Nadine Stair
Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.

4.    “Los buenos artistas copian, los grandes roban”.
Muchas personas tienen en Steve Jobs a una especie de guía espiritual moderno, un gurú que viene bien a la era de la web por ser él mismo un creador en ese ámbito. Pero, como afirma la revista digital “La crónica de Chihuahua” en su número de Julio de 2015, Jobs “no hizo su tarea” al afirmar que la frase pertenecía a Pablo Picasso. Al parecer inmediatamente la frase se popularizó y sigue apareciendo como perteneciente al pintor español cuando en realidad ya había sido atribuida al gran poeta norteamericano T. S. Elliot, pero para colmo de males tampoco es de este último y en cambio hoy se sabe que “La frase se originó en un artículo escrito por W. H. Davenport Adams en The Gentleman’s Magazine en 1892” (cita de la mencionada revista). En fin que han sido muchos los malos entendidos con la frase y Steve Jobs casi pasa por ser un gran artista… de esos que roban.

5.    Otro escrito “bonito” pero que no es del Nobel José Saramago es “Definición de hijo”. Su esposa declaró que, de saber de esta atribución ¡Saramago se volvería a morir! Bástenos con esa afirmación categórica:

Resultado de imagen para Jose Saramago"Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje.
Sí, Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. Perder? cómo? No es nuestro? Fue apenas un préstamo… el más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos"

6.    Para terminar uno más, que tampoco es de Borges: “Poema a los amigos”. El final, aquello de gracias por ser mi amigo, bueno, es más de una esquela o una tarjeta bonita para septiembre que del celebrado (y "cerebrado") argentino:

Resultado de imagen para Jorge luis borges “No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida,
ni tengo respuestas para tus dudas o temores…
Pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomes en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar,
Pero si te ofrezco ese espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón,
Pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo amarte como eres y ser tu amigo.
En estos días pensé en mis amigos y amigas,
y entre ellos apareciste tú.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio .
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno ni el número final.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero,
el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.
Gracias por serlo."


Lisímaco Henao Henao
23 de abril de 2018

martes, 17 de abril de 2018

Alma mía, sola.

Alma mía, sola.

Hay en nosotros una soledad profunda a la que nadie puede llegar, la que heredamos de aquellas épocas cuando vagábamos por las estepas y los bosques, por las montañas nevadas explorando ese blanco profundo y por los mares y ríos ensayando nuestros primeros sistemas de navegación, esos momentos en los que nos quedábamos mirando el mar, el atardecer y las estrellas o simplemente escuchando el cantar de las aves o el arremolinarse de las nubes; momentos de soledad en los que las grandes preguntas llegaban hasta nosotros, preguntas por el universo, por el ahora, por el mañana, por esos otros seres. Esa soledad regresa hoy, cuando miras por la ventana tomándote un café, cuando te retiras en la naturaleza, cuando apagas las luces y te quedas en silencio, aún en medio de otras gentes, esos momentos en los que permites que regresen aquellas grandes preguntas.

También está la soledad de la muerte, ese momento en el que ya nadie podrá estar con nosotros porque no se puede compartir algo tan íntimo, allí donde sólo nos queda el cuerpo y la historia que se van, al mismo tiempo que se activan todas las intuiciones y sensaciones de lo que viene.

Y aún hay otra soledad, la de la añoranza de un alma por otra, de un cuerpo por otro, de una historia por otra ¿qué le contarías? ¿qué le dirías? ¿qué le regalarías? ¿cuánto de ti podrías entregar?.

¿Y si esa añoranza también es por el alma propia? ¿si se trata de una pregunta sobre el alma desconocida, perdida o por realizar? ¿y si es una posibilidad de ofrecer a la propia alma algo? ¿qué le contarías? ¿qué le dirías? ¿qué le regalarías? ¿cuánto de ti podrías entregarle?.

En cualquier caso, es fantástico hacerlo simultáneamente y a través de un alma otra, externa... con todas las exigencias que eso implica.

Lisímaco Henao H.

lunes, 16 de abril de 2018

Lo terapéutico y la psicoterapia

"Muchas cosas son terapéuticas pero no todas son psicoterapia" Eduardo Carvallo 
(Analista Junguiano)

Hoy en día aparecen muchas cosas que pueden ser terapéuticas, pero aún así no son psicoterapia. El "acto terapéutico" se ejerce incluso desde un libro, una imposición de manos, un acto "psicomágico", una película, un abrazo o, como afirmara Freud, unas palabras amables; así por ejemplo un libro de autoayuda, un bestseller de alguno de los nuevos inspiradores de masas puede llegar en el momento indicado y propiciarte un estado de salud inustiado, en cuyo caso yo sospecho que ya las condiciones estaban dadas pues sólo faltaba el "empujón final", la imagen salvadora (hemos observado que ese mismo libro no surte ningún efecto en otra persona por más buenas intenciones que esta ponga en su lectura).


Pero cuando hablamos de psicoterapia o análisis nos referimos a algo más que a un acto, con esos términos estamos nombrando un proceso, un método y una relación profunda que, como nos enseñara Jung, resulta transformadora para todas las partes involucradas. Los fenómenos de transferencia y contratransferencia, sean leves o fuertes, deben ser tenidos en cuenta al igual que las afectaciones en el terapeuta o analista, motivo por el cual este está al tanto de su propio movimiento interior, de sus propias emociones. Es muy probable que todos los analistas y terapeutas en algún momento llevemos a cabo "actos terapéuticos", por supuesto, de repente damos con un paciente al que sólo le faltaba ese empujón, esa imagen que surgió en una sola conversación, lo cual nos lleva a que hacemos algunas "terapias breves" sin que ese sea el propósito; esto está bien aunque hay que tener siempre una sana desconfianza frente a las curas milagrosas pues en ocasiones el síntoma también se disfraza o el Yo gusta de eludirse mediante múltiples estratagemas (recuerdo aquellas pacientes de Freud que, según él mismo, al entrar a su consulta ya estaban hipnotizadas).

Sí. Pululan actualmente las terapias, incluso las psicoterapias pero ¿cuáles de ellas son verdaderos caminos (métodos) y cuáles están jugando al acto mágico?. Respeto cualquier acercamiento, quienes me conocen lo saben, pero hay casos graves y, sobre todo estos, suelen salir muy mal librados con ciertas intervenciones. Como no soy un juez de "la verdad" ni quiero serlo, sólo sugiero a mis amigos y alumnos que tengan cuidado y se hagan la siguiente pregunta ¿qué tanto se ocupa su terapeuta de su propio proceso?

Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo y Analista junguiano. 
9.04.18

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jueves, 22 de marzo de 2018

LA BRUJA, Leyenda y arquetipo (fragmento)


Carácter universal del tema de la bruja.

Por Lisímaco Henao Henao
Extracto de la tesis "El retorno del Eros, el tema de la bruja como imagen de lo femenino inconsciente" (Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia, año 2000), próxima a publicarse como libro.

Existe en diversos lugares del mundo, especialmente en las áreas rurales, un conjunto de leyendas cuyo personaje principal recibe convencionalmente el nombre de “bruja”. La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana habla de antiguas tradiciones persas acerca de reuniones y asambleas de mujeres que se realizaban especialmente en montañas o bosques. Pero en general se considera que, en la tradición occidental, las brujas están emparentadas con las lamias griegas:

“Las brujas tienen sus precedentes en las lamias de la antigua Grecia, mujeres fabulosas que devoraban a los niños, o que chupaban su sangre, como las striges o sagas (arpías) latinas, transformadas en aves, perros, ratones y moscas.” [1]

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Carl Spitzweg, Vuelo de brujas, 1875 c.
Encontramos una referencia antigua a las brujas y a la creencia de que pueden volar en un documento que data del año 315 D.C. , expedido por el Concilio Ancirano o Romano, que imponía penas a aquellas mujeres que “creyesen o profesasen que por la noche son llevadas en volandas cabalgando en bestias y corriendo largos espacios de tierra con Diana, diosa de los paganos o con Herodías y muchedumbre de mujeres, y que en ciertas noches son llamadas a servirla.”[2]. En este documento podemos observar cómo la leyenda de las brujas, se mezcla con el interés de la iglesia romana de defender sus intereses contra los rezagos de antiguas religiones. Sin embargo, al parecer estas viejas imágenes se negaban a desaparecer:

“En el siglo X era vulgar la conseja de las mujeres que, seducidas por ilusiones diabólicas, viajaban con Diana, cabalgando en brezos yéndose a juntar en apartadas tierras para honrar a la diosa, fábula contra la que se indignó el abad Regino y contra cuya profesión el obispo Burcardo imponía la excomunión en el siglo XI.”[3]

A partir del siglo XIV, la iglesia católica empieza a considerar la brujería como una secta satánica, aplicando contra sus seguidores la pena de muerte. Las torturas, confesiones forzadas y ejecuciones, especialmente por medio de la hoguera, hacen parte de la historia europea hasta 1793, año en que se registra (oficialmente), la última ejecución en Suiza. (La terrible costumbre llegó a Norteamerica a fines del siglo XVII, ejecutandose con especial rigor en el estado de Massachusetts[4]). Alemania, España e Inglaterra, se disputan el primer puesto en número de mujeres quemadas por esta acusación. Aberlé, un autor citado por la Enciclopedia, relaciona la brujería con la antigua mitología germana y escribe:

“Mas brujas fueron quemadas en Alemania que herejes en España, durante siglo y medio.”[5]
.
Pero, ¿quiénes eran las brujas?. La Encilopedia recoge, de la historia, dos grupos de características. Del primer grupo sobresalen las siguientes:

“...bruja era la mujer que hacía mal a otra, la que mostraba intento dañino, la que miraba de reojo, la que salía de noche, la que cabeceaba de día, la que andaba triste, la que reía con exceso, la disipada, la devota, la espantadiza, la valerosa y grave, la que confesaba, la que se defendía.”[6]

Otras características se agrupan así:

“Las brujas gozan del poder de causar mal de ojo y de curar ciertas enfermedades; poseían el conocimiento de sucesos lejanos, los secretos de las ciencias y artes, hablaban diversidad de lenguas y hacían otras maravillas semejantes a las del espiritismo moderno.”[7]

Imagen relacionada
"Diana y sus ninfas después de la caza" por Jan Brueghel El  Jóven.
¿Qué podemos inferir de estas caracterizaciones?. Que bruja podía ser cualquier mujer, especialmente aquella que daba muestras de poseer características no aceptadas culturalmente tales como el contacto con lo mistérico y la sabiduría que confiere el conocimiento de la naturaleza. Hay que destacar que el conocimiento de plantas y raíces curativas que hoy son base de la farmacología, fue descubierto por estas mujeres.

Estaba en juego lo Femenino expresándose en las mujeres, a través de algunas cualidades que, supuestamente, estaban reservadas para los hombres tales como curar enfermedades, interesarse en ciencias y artes o simplemente dar muestras de cierta autonomía (salir de noche, reír en exceso, andar triste, etc.)

En las brujas se proyectó toda la negatividad que, por no ser reconocido, produce lo Femenino en el hombre en su relación con las mujeres, de esta manera se trató de obviar la verdad quemando a aquellas que la mostraban.

Antes de pasar a revisar la tradición que existe en Colombia sobre la brujería, finalicemos con una frase, que expresa representaciones de lo Femenino que, en algunos casos, concuerdan con los discutidos al final del capítulo anterior:

“En las brujerías no hay distinción, ni grados, ni cuerpo de doctrina, ni rito, ni ley alguna; todo era personal, interno y extravagante; una algarabía de mujerzuelas que rezaban, oían misa, comulgaban (un autor contemporáneo dice que recibían la hostia debajo de la lengua) y que no dejaban de vivir en paz con sus maridos.”[8]








[1] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid 1968 p. 1072. Según la Enciclopedia, las características de convertirse en animal se conservan en todas las creencias europeas posteriores, en las que luego se fueron agregando otras como volar tras untarse con una pomada mágica, realizar la misa negra junto a Satanás y el ritual mismo de convertirse en bruja o aquelarre. Todos estos elementos, como veremos, se encuentran presentes en la leyenda colombiana.
[2] Id. P. 1074
[3] Id. P. 1072
[4] Id. P. 1072
[5] Id. P. 1074
[6] Id. P. 1073
[7] Ibid. Las cursivas son mías.
[8] Id. P. 1073

miércoles, 21 de marzo de 2018

LO MASCULINO

 (En días de reflexión sobre lo masculino, los hombres y las mujeres).

¿Cómo integrar lo masculino nos protege contra el fanatismo y la alienación?
Lo Masculino (eso que Jung llamó el Arquetipo del Ánimus) va mucho más allá de las estereotipadas posturas externas que nos dijeron había que asumir para “ser hombres”, es una fuerza interior en hombres y mujeres que nos lleva a establecer órdenes necesarios sobre la vida misma. Así, mientras que Lo Femenino es la fuerza que une (el Eros), Lo Masculino es el Logos que diferencia, constituyéndose así en la otra mitad de la unidad de todo lo vivo.
Conectarnos con lo masculino implica la aceptación de nuestro ser como algo diferenciado de la naturaleza, en diálogo permanente con el instinto y lo irracional ya que "diferenciado" no significa "separado radicalmente", se trata de un trabajo duro pero realizable en la medida en que se establecen límites claros frente a la tendencia natural a la inercia y al no-cambio.
Conectarnos con Lo Masculino implica la capacidad de proteger lo mejor de la civilización teniendo la fuerza necesaria para luchar contra los elementos que amenazan a la humanidad como tal. Es fácil caer en procesos deshumanizadores cuando somos arrastrados por lo colectivo, por una unificación desbordada que conduce a fanatismos en todos los niveles. El Ánimus nos protege de caer en la masa irreflexiva y fanática pues nos muestra que "estar cercanos" es muy diferente a ser arrastrados.
Integrar Lo Masculino nos permite diferenciarnos de nuestro pasado, de nuestros padres y sus malos entendidos, de los malos entendidos sobre el patriotismo, la masculinidad, la guerra o la paz, porque allí donde reinan las “obligaciones de grupo”, lo Masculino dice: “revisemos qué es lo que nos une verdaderamente” ó “qué es defendible y qué no” ó “qué es razonable y qué no”.
Conectarnos con Lo Masculino es encontrarnos cada día con las regulaciones construidas en el proceso de hacer alma consciente, para cumplirlas aunque nos impongan límites, para transmitirlas coherentemente a las nuevas generaciones y para revisarlas y cambiarlas cuando sea necesario, es decir que, paradójicamente con respecto a lo dicho arriba, desde los masculino también podemos cambiar esos elementos de la civilización que ya no funcionan, renunciar.
Conectarnos con Lo Masculino es, finalmente, vivir la luz clara y definida (sol), esa que nos permite asomarnos veraz y críticamente a las claridades construidas, sin temor a ubicarnos junto a la variedad tonal que nos ofrece la luz tenue (luna) de Lo Femenino. Porque entrar en relación con Lo Masculino hará en nosotros un lugar para la diferencia y para la diferenciación de aquello que se nos muestra “en bloque”, como “unidades de criterio” no siempre suficientemente analizadas. Lo Masculino nos puede dar, a hombres y mujeres, la capacidad de co-crear un mundo nuevo con perspectivas claras, con la necesaria sensación de permanencia y continuidad en relación con el tiempo, el espacio, lo colectivo y lo individual de manera clara y diferenciada.
Lisímaco Henao Henao.
Borradores en preparación de un artículo para la revista de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay.

La imagen puede contener: montaña, cielo, nube, exterior y naturaleza